No cabe duda que a pesar de sus yerros políticos, el PRI sigue siendo el gran protagonista en Tamaulipas, y no tanto por sus triunfos electorales obtenidos el 4 de julio de este año, sino por las constantes polémicas en las que ha incurrido su dirigente estatal, Ricardo Gamundi Rosas, quien ahora se enfrascó en una pelea verbal con el dirigente estatal del PRD, Mario Sosa Pohl, quien le acusa de ser el promotor del endeudamiento de algunos municipios de la entidad, desde que dice el perredista, que Gamundi era presidente del Congreso local.
No dudo que este siniestro personaje del PRI haya incurrido en alguna irregularidad, solo que Sosa deberá probarlo y comprobarlo, para que la opinión pública tenga las bases para una opinión, de otro modo, el desprestigio será la tumba del perredista, si es que quiere promover para el cargo que ostenta a uno de sus amigotes.
Pero no dudo tampoco que Gamundi esté algo ardido por la derrota que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación le infringió en el municipio de Río Bravo, luego que le dio el triunfo al candidato del PAN, Juan Diego Guajardo Anzaldúa, por 18 mil 927 votos contra 15 mil 280 obtenidos por el candidato del PRI.
Las derritas duelen, y más duelen cuando alguien o algún partido está muy acostumbrado a ganar, por lo que esta será una de las razones por las que Gamundi dejará de ser el dirigente del PRI este año, aún cuando se período termine el próximo año.
Por eso es que Gamundi dejará de dirigir el PRI posiblemente cuando renuncie a ese cargo en diciembre, pero se irá a una cartera estatal que le ofreció el gobernador Electo, Egidio Torre cantú, quien por cierto ha estado participando últimamente en algunos eventos en los que acompaña al gobernador Eugenio Hernández Flores.
Ello se debe a que Eugenio lo está asesorando en las tareas del buen gobierno, y para que al momento de tomar posesión del caro, nada le sea novedoso y por el contrario, ya esté familiarizado con la toma de decisiones, y para que desde e primer minuto comience a gobernar.
Dicen los que saben que su gobierno estará apegado a la doctrina política de su hermano Rodolfo, y que por eso no modificó en mucho el legado político del doctor, que tiene el lema ‘Por el Tamaulipas que Todos Queremos’.
Se trata de un volumen elegantemente elaborado en papel caché de primera calidad y con fotografías de una extraordinaria resolución, que relata en 143 páginas los compromiso de Rodolfo, que hizo suyos Egidio, por lo que no dudo que el ingeniero tendrá que ser un buen gobernante, sobre todo si quiere seguir los pasos de Rodolfo, a quien traté en algunas ocasiones cuando era secretario de salud en el estado.
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No sé si usted amigo lector se haya emocionado cuando vio salir de las entrañas de la tierra al primero de los 33 mineros atrapados en la mina de cobre en Chile, que captó la atención mundial, no tanto por la forma en que quedaron atrapados, sino por la manera tan terca en que la sociedad y el gobierno de ese país, se unieron para finalmente rescatarlos vivos y sanos.
Sin duda que se trata no solo de un ejemplo de colaboración y de solidaridad en una sociedad, sino de un ejemplo de cómo nadie desaparece ni se muere hasta comprobarlo físicamente, y el gobierno chileno así lo entendió, por eso fue que organizó el rescate cuando 17 días después del derrumbe, comprobó que había signos de vida.
Me pregunto porqué diablos el gobierno mexicano no hizo lo mismo cuando ocurrió la tragedia de los mineros en pasta de Conchos? Acaso no podía intentar siquiera hacer lo imposible hasta comprobar que en efecto nadie había sobrevivido a esa tragedia? Y si alguno de ellos sobrevivió, se imagina el terror al saber que no sería rescatado?
Esos dos ejemplos nos muestran dos realidades muy diferentes. En Pasta de Conchos no hubo voluntad política para intentar un rescate, costoso sí, pero necesario. En Chile no solo hubo esa voluntad política, sino que la sociedad entera se movilizó, oró y tuvo su recompensa convertida casi en milagro.
Es una dura lección que en México no se ha comprendido bien, porque los ejemplos continúan uno tras otro. Recordemos el caso de la disco News Divine, el cado de la disco Lobohombo y muchos más, hasta retroceder al caso de la explosión de San Juanico, en el Estado de México.
¿Hasta cuándo en México nuestras autoridades utilizarán la prevención para evitar ese tipo de accidentes? Me pregunto si en el caso de Pasta de Conchos, si las autoridades hubieran hecho el intento, cuántas vidas se habrían salvado; de seguro la sociedad estaría altamente agradecida con el gobierno.
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De nueva cuenta salió a relucir la polémica sobre la necesidad o no de establecer en el país un mando único policíaco policíaco o una policía única, por lo que repetir lo que ya opiné sobre el tema, y me apoyo en especialistas con los que curse un diplomado hace unas semanas.
El crear una policía única, semejante a la que algunos países de América y de Europa ya tienen, se me antoja una utopía aún lejana, muy a pesar de que distinguidos personajes como el enigmático de Jorge Castañeda y otros, lo aprueben y la vean como única solución para terminar con la inseguridad en el país.
Sin embargo, creo que crear una policía única no es tan fácil, sobre todo para un país en donde las policías de los tres niveles están demasiado infiltradas por el crimen organizado, además de ser muy corruptas y de abusar de manera constante de las personas, violentando sus derechos humanos y civiles.
Para que haya una policía única en el país, me baso en lo que dice el doctor Bernardo Gómez del Campo, experto en seguridad nacional y miembro del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de que bajo las actuales condiciones en el país, no es posible.
Baso lo anterior en el hecho de que en México existen cerca de 400 mil policías de los tres niveles de gobierno organizados de manera muy diferente en cada uno de los dos mil 500 municipios, lo que ha generado más que solución al problema de la criminalidad, una mayor confusión en cuanto a los métodos aplicados.
Ello, debido a que en cada uno de esos dos mil 500 municipios las policías trabajan de manera diferente para responder ante el fenómeno de la inseguridad, a que son altamente corruptas y corruptibles, a que no cuentan con sentido de vida al ver el trabajo como un oficio y no como una carrera, y porque sumado todo eso a la ineficiencia que resulta de su incompetencia para el combate a la inseguridad, dan como resultado la impunidad ante el delito.
Bajo esta óptica, es decir, cuando una policía es ineficiente y corrupta en el combate a la inseguridad, a lo que se puede llegar es a un estado de ingobernabilidad y a la ausencia de poder de control y mando de las autoridades, como ya ocurre en algunos municipios del país.
Ya existen algunos intentos fallidos por unificar las policías. El primero de los experimentos ocurrió bajo el mandato de Vicente Fox, en el año 2 000, y otro más al inicio del gobierno de Felipe Calderón, en el 2006 con la Policía Federal, pero ambos experimentos fallaron, debido a que los procedimientos, métodos y organización, son completamente diferentes en cada una de las policías.
De ello, resulta que para que la unificación policial resulte, se tienen que unificar las policías municipales en torno al Estado o entidad federativa en que estén, y una vez realizado esto, cada policía estatal deberá unificarse en torno a la organización que pretende la federación, para dar lugar al primer intento de policía nacional o única.
Por supuesto que para ello deberá ser reconceptualizada la soberanía nacional y lo que se entiende por Nación, amén de hacer un diagnóstico real y efectivo de la situación por la que atraviesa el país en materia de seguridad, y conformar una política pública que deje claro cada paso que se pretenda dar en ese sentido, es decir, que haya voluntad política para hacerlo y que no quede en meros intentos, como hasta ahora.
Además, creo que para que una policía sea realmente efectiva, deber contar con un proyecto de vida para quienes se interesen pertenecer a ella, y que haya la suficiente vocación como para hacer de ese trabajo una vocación de servicio y de formación profesional.
También debe existir un perfil adecuado, el que debe ser cumplido perfectamente por los aspirantes, para que no renuncien al poco tiempo o no sepan enfrentar una situación de riesgo cuando se les requiera.
Como dije al inicio de este comentario, es casi imposible en México que se llegue a ese estado de conformación de una policía única bajo los elementos que pongo a consideración, simple y sencillamente porque no existe ese perfil y porque quienes son policías ponen por encima de la vocación la necesidad, es decir, que lo ven como una forma de ingresos económicos y no como un trabajo que les permita además de servir a la sociedad, darle estabilidad social y posibilidades de ascender en la escala de rangos y de valores.
Las academias que hay son incapaces de capacitar plenamente a los policías porque carecen de la metodología adecuada y de los recursos económicos suficientes para mejorar, ya que pasan por alto el perfil idóneo y toman más en cuenta la habilidad o capacidad física.
Y si a ello se suma el que nunca se les cumple lo que se les promete en materia de salarios y herramientas para el trabajo, además de confusión y decepción, se genera un estado de corrupción permanente que a la larga se convierte en el estímulo y aliciente inmediato que impulsa a quienes no tienen el perfil, a ser policías.
De ser posible cumplir las promesas y convertir el trabajo de policía en una carrera y no en un oficio, mejorar las condiciones laborales y de vida de quienes son policías, además de un llevar a cabo un proceso permanente de capacitación profesional y científica, se podrá terminar de manera paulatina con algunos de esos vicios, y por consiguiente bajar los niveles delictivos y de corrupción. Solo así se podrá llegar a tener una policía única, ¿será posible?
Hasta mañana
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