Quien ha tenido contacto con el sector educativo, en forma oficial y burocratizada, sindicalizada o libre, sabe que el hecho de entrar a esto de la educación significa más que una profesión, un enorme reto, por todo lo que se debe manejar.
Y en ese sentido, los padres de familia somos bien curiosos: “educamos” a nuestros hijos de acuerdo a nuestra formación y creencias, pero solapamos irregularidades en su comportamiento, considerando que son los típicos “un momentito”, un “no me tardo” o algo parecido, sin olvidar al que llega y dice “no se preocupe m’ijo, que su padre lo arregla con la autoridad”.
De todo hay, pues, y como comentábamos, no es fácil entrar a este sector, menos cuando quienes fungen como padres de familia se supeditan a llevar, en algunos casos, a sus hijos a la escuela, y en otros, de plano, únicamente a procurar que tengan los útiles y uniformes necesarios para su formación escolar.
Es ahí donde pudiéramos entrar los padres: en la parte que nos permite reforzar los valores que están más que caducos, y también, regalarles una formación que sea para toda la vida.
En ese sentido, algunos olvidamos que lo que bien se aprende no se olvida, y la educación y valores son fundamentales, pero, insistimos, si los brincamos, todo lo que represente formación en los hijos va a servir para dos cosas: para nada y… ya sabe usted.
Y un claro ejemplo lo vemos a diario en las escuelas, cuando los propios padres, encargados de la formación de esos pequeños, no respetamos ningún reglamento en aras de que los herederos no caminen siquiera diez o veinte metros.
En la escuela secundaria general número 4, que dirige la profesora Patricia Elena Roché Rangel ayer iniciaron con una parte de la formación de los hijos que, necesaria y urgentemente, tiene que ser atendida por nosotros, padres de familia.
Resultó interesante ver a pequeños principalmente del primer grado de secundaria, salir enfundados en vistosos chalecos color rojo fosforescente, adornados con láminas amarillas de material plástico. Ellos, con sus banderolas y pancartas, hicieron que usted o yo nos levantáramos en un alto involuntario pero necesario.
También llevaban conos para el tráfico, y la idea era ayudar a la gente a tener más conciencia, lo que se ha perdido a través de los años, porque nadie tiene interés en ayudar a los demás, en pararse sin obstruir las líneas amarillas de zona peatonal, o no hacerlo en doble -y hasta triple- fila, sin que haya un castigo de por medio.
Bien dice Iola que lo anterior es parte de la formación del hogar: si no enseñamos a respetar a los hijos, difícilmente lo aprenderán de la calle.
Dejemos a la calle para que les forme conciencia ciudadana y otras cosas, pero los hábitos y costumbres propias no tienen por qué destruirlos.
Y los muchachos de la Escuela Secundaria General número 4 han hecho lo que la autoridad podría y debería hacer, pero que, dicho sea con toda honestidad, no tiene el número de elementos suficientes para estar en cada escuela.
Las autoridades de tránsito deben poner orden, y así lo entendemos, pero si usted o yo no les ayudamos, nunca podrán hacerlo en un régimen como el nuestro, y hablo con toda sinceridad.
Sin embargo, ¿qué sucede cuando la autoridad trata de poner orden y vamos con los amigos para que nos quiten la multa?
Todos hacemos cosas así y queremos educar a los hijos: ¿con qué cara? ¿La del que tira basura por las ventanillas? ¿La que, cuando se paran en doble fila bajan el hijo en la escuela o la iglesia?
Con qué cara podríamos, sinceramente, ser padres “ejemplares” si solapamos y propiciamos estas conductas, y luego nos asustamos porque las cometen.
Es tiempo, en primera instancia, de reconocer el gran esfuerzo de autoridades educativas de la secundaria general número 4, porque en la misión se llevarán críticas y actitudes nefastas de varios inconscientes padres de familia, pero estarán satisfechos porque nuestros hijos, SUS alumnos, estarán tomando conciencia de lo que hay que hacer bien, y que todos sabemos, pero que fingimos no entenderlo cuando tenemos flojera… o porque no nos da la gana, así de simple.
Esperamos que haya más ejemplos como el presente, y que los niños tomen las calles, a ver si así entendemos los padres, porque estamos mal, muy mal.
Y muchas felicidades a la profesora Roché Rangel, a su equipo de colaboradores, y a los muchachos de esa prestigiada secundaria.
Ya ganaron, porque ellos, los elegidos, tienen otra conciencia, que les llevará a ser mucho mejores ciudadanos que la inmensa mayoría.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!