El columnista, como todos los individuos que habitamos este gran país, tiene sus ideas políticas y simpatías que, por consecuencia prácticamente natural y lógica no son, en nada, parecidas a los que apoyaron al gobierno federal a llegar a donde se encuentra desde hace diez años, cuando el señor Vicente Fox ganó las elecciones federales y se posesionó de la titularidad del Ejecutivo, posición que deja mucho que desear en la actualidad, gracias a lo que vivimos a diario en todos los ámbitos y que nos pone de manifiesto que hay una gran incapacidad para hacer un buen gobierno.
Sin embargo, lejos de la simpatía que pudiera tener hacia un instituto político u otro, confiesa que procura con mucho trabajo, pensar en forma imparcial. Decimos que es difícil porque somos de la idea de que no existe una mentalidad completamente ajena a toda simpatía. Los del fútbol, cuando gana un equipo, la mitad están contentos contra la otra mitad que lamentan el resultado.
Y en las elecciones lo vivimos también: unos ganan y se vanaglorian de una elección adecuada, cuando los perdedores piensan que les robaron o que fue una elección injusta, por decir lo menos agresivo.
Pero cuando Felipe Calderón decidió lanzar el decreto para adelantar el Apagón Analógico, fuimos de los primeros en aplaudir la medida que, insólitamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha echado abajo en aras de una supuesta falta de respeto a la Cofetel -Comisión Federal de Telecomunicaciones-, dado que era la instancia encargada de dictar esta medida que nos pondría un paso adelante del progreso.
Imaginamos cuando se inventó el automóvil de gasolina que alguien pensó que era un paso tonto, ilógico o estúpido y quería seguir manejando automóviles de vapor, o que cuando hubo licuadoras, los más querían seguir utilizando el metate o el molcajete. Perdón por la comparación, pero la decisión de la ministra Olga Sánchez Cordero nos parece todo menos cercana a la congruencia.
Hay que pensar que mientras más pronto se pueda dar ese apagón, México podrá estar a la par del mundo moderno. Un ejemplo, quizá poco importante para muchos lo constituye el hecho de ver por televisión de cable algún partido de fútbol de la UEFA o de España: resulta que vemos “cortada” la imagen y muchas jugadas se pierden, porque dentro de las características de la televisión digital está también el formato de la misma, entre otras cosas, amén de que habrá mejor forma de transmisión, mayor calidad y variedad. No importa eso, para la Suprema Corte solamente importó el hecho de que el presidente Calderón se tomó atribuciones que competen a otra instancia –COFETEL- y simplemente argumentaron que había que ser justos.
Justos, para los ministros, resulta el hecho de que el presidente de la República esté alineado con la legalidad, pero no cuando los jueces imponen sanciones a inocentes, o no cuando un mal médico mata a un paciente por negligencia médica.
Para los ministros que están muy bien pagados –sobrepagados, diríamos con justicia- es más justo quitar el decreto que nos acerca a la modernidad mundial que buscar la manera de que los familiares de las muertas de Juárez sepan que pasó con sus seres queridos, o que un delincuente como aquellos banqueros ladrones se embolsen millones de pesos del pueblo.
Es más justo no permitir que se acelere la conversión que exigir que las listas del FOBAPROA se limpien de todos esos servidores públicos que se sirvieron con la cuchara grande y nunca pagaron, o que los que traficaron con influencias estén libres como mariposas.
Es más justo, insistimos, darse a notar con una decisión contra el presidente Calderón que exigir a las autoridades un salario mínimo decoroso suficiente para poder ya no vivir, sino sobrevivir, porque con los incrementos que se autorizan no se puede más que ser cada vez más pobre. Suben 1 o 2 por ciento los sueldos cuando los diputados autorizan aumentos del 25 por ciento a cigarrillos, bebidas energéticas, servicios que otorga el estado como gasolina, gas y otros, pero siguen pensando que el presidente de la República incurrió en una falta.
¿Cómo se le llamará a la falta de aplicación de estos malamente bien pagados “ministros” en la legalidad que todos esperan que se cumpla?
Se piensa que son incorruptibles. No nos atrevemos a decir que lo sean, pero tampoco a asegurar que están limpios como un niño de párvulos, porque sus decisiones dejan mucho a la imaginación.
No es posible que queramos detener el progreso de la nación en materia de telecomunicaciones, bajo el ilógico pretexto de que se utilizaron conductos inadecuados, cuando hay una injusticia social propiciada por un pésimo servicio en instituciones de salud, cuando no se legisla acerca de la fraudulenta venta de medicamentos “genéricos”, solapada por autoridades federales de salud, y que constituye un delito de asesinato en grado de tentativa.
Pero la ministra Olga Sánchez Cordero ya echó por tierra la voluntad del presidente Calderón de acelerar nuestro progreso. Luego de haber dado cuenta de su decisión, ha ido a su casa a disfrutar de una buena película, en una televisión, seguramente, digital, de esas de sistema LED, exclusivo para frecuencias digitales, porque puede pagar más de una de estas máquinas tecnológicas. Ella puede, eso y más, como detener el progreso del país.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!