Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *La historia no engaña

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A pesar de que hay dos versiones en la historia de todo lo que acontece en el mundo, ésta no engaña, porque por lo general se presta a una serie de anotaciones relacionadas con hechos vividos por algunas personas. Cierto es que cada quien habla de la feria según le va en ella, y por consecuencia, hay diversas opiniones al respecto.
Es como una enfermedad: quien la supera considera que se puede hacer mucho por la vida, y sobre muchas cosas, sabe que el entusiasmo y amor a la vida se imponen a los padecimientos; por el contrario, quien la PADECE –literalmente- tiene entre sí una serie de sentimientos poco gratos, que luego le llevan a pensar que la vida no vale más que poca cosa, y los pensamientos negativos inundan al individuo.
Todo, absolutamente todo, tiene dos vertientes. Recordamos aquella gira a Soto la Marina cuando el entonces gobernador Emilio Martínez Manautou puso en marcha un sistema de alumbrado en un ejido, y no faltó un viejecito que, enojado por la presencia del mandatario dijo: “ora con la luz va a ver un mosquerío de la ch…”
Para el hombre, no valía haber vivido en penumbra siempre, sino que ahora los insectos rondarían su hogar, cuando la mayoría pensaba que finalmente el gobierno les había escuchado y tenían el servicio público.
Así sucede, la historia siempre nos cuenta la versión desde la óptica del historiador que, por muy imparcial que pretenda ser, siempre tendrá alguna simpatía por la causa determinada, a favor o en contra, pero difícilmente podría ubicarse únicamente como un espectador.
En el periodismo sucede lo mismo: siempre vemos dos conceptos de una sola cosa, y en el deporte se repite, al igual que un conflicto familiar: para el papá, el hijo tuvo la culpa para ser castigado, y para el hijo, el padre puede ser “un poco” injusto con una falla que no considera error.
Dar la vuelta por los distintos rincones de la entidad nos lleva también a pensar en lo bueno y lo malo, lo que se hace y lo que se deja de hacer. De esta forma, hay algunas personas que se quejan porque la avenida Lauro Rendón, conocida como “el 27” tiene mucho tiempo en obras, y lo anterior ocasiona una crisis de tráfico en torno a la secundaria general número 4.
Otros, sin embargo, piensan que el apoyo del gobierno del estado de Tamaulipas al ayuntamiento de Victoria para hacer las cosas bien ha sido determinante: la calle no ha sido parchada, sino que está prácticamente sufriendo una total rehabilitación desde su base, lo que garantizará que cuando Miguel González Salum entre en funciones como alcalde de la capital del estado, esa arteria no requerirá de mantenimiento por un buen espacio de tiempo.
Y escuchar que la gente agradece lo que se hace siempre nos motiva a querer ser mejores. Suponemos que los funcionarios que son motivo de estos comentarios –no de sus colaboradores, muchas veces medio paleros- tienen entre su mente el saber que han hecho bien las cosas y que la ciudadanía se da cuenta que se está gastando bien el dinero.
El gobierno de Tamaulipas está rehabilitando muchas arterias en coordinación con los ayuntamientos, y eso no podemos dejar de verlo porque de todos es sabido que en las últimas semanas el gobernador Eugenio Hernández Flores ha dispuesto de una buena –muy buena- cantidad de recursos para dejar un poco más decente a nuestra ciudad, aquejada por los problemas propios del mal tiempo y otras cosas que también repercuten.
Y la historia nos dará la razón a los que pensamos que la administración está haciendo un buen papel. Cierto, hay errores como en toda actividad humana. Nadie es perfecto y Eugenio Hernández ha tenido algunas decisiones que en el camino se han tenido que reconsiderar.
No existe en ser humano alguno la perfección, pero lo que sí existe es la buena voluntad: hemos visto mucha obra cerca de nosotros, y al decir lo anterior nos referimos a infraestructura de toda índole: clínicas, centros de salud, edificios públicos, plazas, calles y avenidas, carreteras y demás, y todo eso tiene un sitio en la historia del desarrollo tamaulipeco del siglo veintiuno que nos ha tocado vivir con una serie de desventajas en relación con los tiempos de nuestros abuelos.
Mucho dinero se invierte a diario y somos por lo general bastante mal pensados porque argumentamos que una gran parte de éste se destina a intereses meramente personales, sin ponernos a pensar en el coste que tiene un metro cuadrado de asfalto o de concreto hidráulico, en el coste de energía eléctrica para alumbrar las calles o en la cantidad de recursos que se van en el proceso de recolección de desperdicios y, en algunos casos, tratamiento de los mismos.
En ese sentido, podemos asegurar que Eugenio terminará su administración y podrá sentirse satisfecho, porque la voluntad de hacer las cosas siempre ha estado latente, presente, en la realidad de cada uno de nosotros, y aunque a veces los resultados no reflejaron esta intención, hemos contado con un gobierno que ha trabajado en forma muy entusiasta.
Los errores, o aspectos por mejorar, seguramente los estará checando el ingeniero Egidio Torre, para poder dar una respuesta continuada a los millones de tamaulipecos que honradamente vivimos en esta tierra.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!

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