Un político sin carisma jamás podrá saltar la barda por más pequeña que sea.
Nunca será capaz de consumar sus deseos de servir, de lograr consensos, de compenetrarse, si todos esos rostros que ve a diario no lo dotan de la energía que es necesaria para hacer que un proyecto se consolide y que triunfe.
En el caso de los gobernadores requieren de ese componente y de más, porque su responsabilidad es tan delicada que cualquier movimiento erróneo de su mano puede ser fatal.
En el ámbito político y casi de ceros el Gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, creció rápido porque humilde supo escuchar consejos, por eso a su edad y sin recurrir a experimentos fue hábil en conducir el barco de su partido, el PRI, en tiempos tan diferentes y tan complejos dominados por el destructible avance mediático.
Con carisma y con la firmeza que es propia de una madurez personal, Geño convirtió al PRI de Tamaulipas en un partido exitoso, lo que se refleja en la generación de condiciones de gobernabilidad que posibilitan lograr una agenda legislativa acorde a los momentos políticos, sociales y económicos que vive nuestra entidad.
Como parte de una nueva generación de gobernadores jóvenes que debutan con estilos diferentes de hacer política, él demostró que el contacto permanente con sus gobernados y con los grupos de poder regional surtió buen efecto y una prueba de ello son los resultados que obtuvo el tricolor, el que domina en la cámara local y también en los municipios.
Y cómo no, si fueron tres factores para el éxito electoral, como lo son los consensos con la clase política para la unificación de objetivos, la modernización y profesionalización de los cuadros directivos y hacer eficiente la gestión pública para atender bien las demandas de la ciudadanía y del electorado.
Frente a los fracasos del PRI en otros estados Tamaulipas seguirá siendo priísta a pesar de todo y más allá de una añeja amistad, la relación entre él y el Gobernador Electo, Egidio Torre Cantú, empiezan ya a arrojar frutos como parte de la negociación para las partidas del presupuesto de egresos de la federación para el estado, producto de un trabajo conjunto y bien diseñado.
Y es que el de ambos es un mismo proyecto y una misma visión de estado, por ello Geño dejara servida la mesa para que nada frene la máquina que gobernara el Tamaulipas que hereda.
Con ello, le propinan una sonora bofetada a quienes apostaron a que la convivencia entre ambos seria compleja, porque a los dos los une la misma visión y avanzan por el mismo camino.
Porque Geño no solo es un viejo amigo de Egidio, ni del hermano de el que ya partió, sino que los une la voluntad política y el compromiso de llevar el barco por buen destino.
Y la fórmula que aplicó el gobernador surtió efecto, porque en 6 años su gobierno mantiene una estrecha relación con la clase política nacional más importante y con Enrique Peña Nieto, cuyo compadrazgo se reflejara en la administración que viene como la construcción de alianzas más consolidadas.
En materia de seguridad Geño ya definió su posición, por eso sostiene que los grandes afectados por la delincuencia son las autoridades locales, porque la estrategia nacional es mostrar su vulnerabilidad, ignorando, por ejemplo, que Tamaulipas figura entre los dos únicos estados donde los policías perciben 11 mil pesos mensuales.
No ha necesitado recurrir a las quebraditas de cadera, como Moreira, ni a poses cámicas como Fidel Herrera y aún así Eugenio ha sido calificado como uno de los gobernadores más reconocidos del país.
Porque con carisma y con tino, le desgarro el rostro a lo adverso.
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