Cuando escuchamos o leemos la palabra “delito” pensamos por lo general en aquellos que han sido o serán castigados por la justicia, sin embargo, pocas veces lo aplicamos a conceptos que nada tienen que ver con lo que aparentemente suele ser un rompimiento a las reglas y leyes de la sociedad.
El delito lo define la Real Academia Española como “acción o cosa reprobable” o “acción y omisión voluntaria o imprudente penada por la ley”, entre otras acepciones.
Culpa, quebrantamiento de la ley o acción involuntaria, existe y por lo general se debe corregir a través de mecanismos que la misma sociedad, a través de sus órganos oficiales ha establecido.
Entonces, quien roba, deberá ir a la cárcel o quien comete alguna fechoría debe pagarlo, sin embargo, hay acciones que perjudican a muchos y que no son consideradas como tales. El caso que nos ocupa es el de las medicinas, que en los últimos meses-específicamente, en el año de 2010- han sufrido alzas muy considerables que llegan a más del 30 por ciento del total de su coste, lo que no va de ninguna manera con el aumento a los salarios mínimos o con el iluso mantenimiento del poder adquisitivo. Todos sabemos que éste –el poder adquisitivo- se ha ido perdiendo con el tiempo, lo que nos lleva a pensar prácticamente que hoy ganamos menos que hace un año.
Hay un laboratorio que ha dado en etiquetar en rojo y blanco el precio de sus productos, los medicamentos, para evitar especulaciones y trafiques con el coste total, suponiendo que ello es una acción positiva. Un ejemplo lo vivimos el pasado fin de semana con dos medicamentos: el primero, cuyo precio establecido era de 699 pesos tiene al día de hoy un coste de 759 pesos, y el otro, cuyo valor era de 167 pesos hoy cuesta 200.
Como verá el lector, no hay congruencia con los incrementos, y los que le señalamos el día de hoy son exclusivamente comparativos a lo que sucedió entre septiembre y noviembre del presente año, lo que nos lleva a pensar en los otros aumentos del 2010 y que superan con creces el 25 por ciento del total del coste.
Nos engañan diciendo que hay mejores sales, que los genéricos intercambiables son iguales, sin embargo, para ejemplo, la visita a una sucursal de las farmacias “Guadalajara”, donde la misma dependienta sugiere una doble dosis “es que la que quiere llevar tiene la mitad de las sales, y va a necesitar doble dosis”, reza la mujer cuando se le solicita la metformina en presentación de 850 mg., dosis para personas con diabetes y que es fundamental para su tratamiento y combate a las complicaciones crónicas. La medicina sigue subiendo su coste.
Entendemos que los laboratorios se han establecido para ganar dinero, no únicamente para curar, porque, finalmente, hay alguien que ha puesto mucha plata para investigar y desarrollar medicamentos que, prácticamente, nos curan de casi todo lo que aqueja al ser humano.
También entendemos que hay inflación, que la carestía nos perjudica a todos sin excepción, pero lo que no podemos comprender, definitivamente, es que se suba el precio de una manera poco clara y muy exagerada. No se vale, pues.
Y en este sentido, hemos sido de la idea de que nuestras autoridades federales y los encargados de llevar la voz del pueblo, es decir, los diputados de los dos órdenes –local y federal- así como también los senadores, debieran exigir a sus fracciones parlamentarias ocuparse de asuntos que pueden evitar sea perjudicada prácticamente la totalidad de la población.
Habría que pedirles un documento para que sea, por ley, la regulación de los precios de medicamentos, y que quien viole los mismos o quien no atienda las indicaciones sanitarias y engañe con falsos contenidos, vaya a un penal a pagar castigos extensos, para que aprendan a no perjudicar de forma tan beligerante a la sociedad.
Todos necesitamos en alguna parte de nuestra existencia de la toma de medicinas, y eso lo sabemos; hoy, por ejemplo, en la entrada de los primeros frentes fríos, los medicamentos para enfermedades bronquiales están a la orden del día, los antibióticos y jarabes también son muy demandados, lo que hace que, según la ley de oferta y demanda, se comercialicen a precios exageradamente elevados.
Pero quienes hacen caso omiso a las necesidades sociales, quienes se alían para que las medicinas sigan siendo artículos de lujo, caras y malas, que no están accesibles a la comunidad, deben ser objeto de un severo castigo.
Hay que pensar los millones de mexicanos que necesitamos medicina.
Y si nuestros representantes no quieren tomar esta responsabilidad, que se les acuse de complicidad con quienes lucran con el dolor y la enfermedad de la gente. Conste, no estamos en contra de que suban como todo en la vida, pero, los porcentajes con que lo hacen orillan a pensar que hay alguna acción ilícita dentro del proceso.
Muchos vivimos con medicamentos para siempre: diabéticos, hipertensos y otros más, muchos más. Esos somos los que lamentamos que haya tan poca energía para meter en cintura al monstruo de mil cabezas llamado “industria farmacéutica”.
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