EN TAMAULIPAS, justo el día último del año, concluyen sendos ciclos gubernamentales. Uno, iniciado hace seis años y, otros 43, tres años después.
Un gobernador y 43 presidentes municipales dejan sus respectivos cargos públicos para dedicarse a sus negocios particulares los unos, o seguir en la política, los otros.
A quienes “les hizo justicia la Revolución” se aprestan a vivir placenteramente con el producto de su esfuerzo en favor de sus representados, según su humilde opinión.
Claro, dicho lo anterior en términos teóricos, pues, en la práctica, ninguno de ellos podría justificar a cabalidad las enormes fortunas amasadas-proporciones guardadas, obviamente-sustraídas de sus respectivos erarios.
Es decir, concluyen mandatos constitucionales con la correspondiente nueva camada de millonarios y políticos mentirosos aún más refinados.
Nada que no haya sucedido en mayor o menor porcentaje a lo largo de la historia política tamaulipeca y sus respectivos sexenios y trienios constitucionales.
Sin embargo, el nuevo linaje cuerudo llevará un sello distintivo que lo diferenciará de otros surgidos al amparo de la función pública.
En efecto, obligados por las condiciones de inseguridad que prevalecen a lo largo y ancho del territorio tamaulipeco, una gran cantidad de la nueva camada de millonarios ha decidido cambiar su residencia allende el Bravo.
Como nunca antes, la creación de nuevos fraccionamientos y residencias en el lado americano es una actividad mucho muy notoria.
Por supuesto que tal inusitada inversión inmobiliaria no hubiese sido posible sin la participación activa de los recursos públicos provenientes de los contribuyentes tamaulipecos.
Cierto es que, con excepciones que confirman la regla, sí existen capitales particulares de abolengo. Lo que tampoco quiere decir que no se hayan incrementado con la inyección malsana de presupuesto ajeno.
En la nueva “comalada” de millonarios que están a punto de ser relevados, lo mismo en la gubernatura que alcaldías, diputaciones, secretarías o direcciones, por ejemplo, sus respectivos titulares nunca de los nuncas podrían comprobar que su actual estatus económico proviene del salario devengado por su servicio a la sociedad.
Por supuesto que tampoco dejarán a la vista evidencias que los pudieran involucrar en la malversación de recursos públicos que estuvieron bajo su responsabilidad.
Lo que no obsta para que conste que, finalmente, la sociedad los habrá de señalar de corruptos por apropiarse de algo que no es suyo, aunque, eso sí, nunca por falta de imaginación para encubrir sus ilícitos.
Lo peor del caso es que no únicamente serán sometidos al escrutinio popular por lo que respecta a su enriquecimiento, eso sí, sobradamente explicable.
La sociedad seguramente habrá de evaluar y juzgar con firmeza a aquellos gobernantes o servidores públicos que se caracterizaron por sus promesas incumplidas.
Entre los hombres, y sobre todo entre los caballeros, la palabra empeñada se constituye en un valor que no tiene precio. La evaluación se eleva a la tercera potencia cuando se trata de aquellos quienes recibieron el apoyo popular en las urnas electorales.
Justo ahí es donde las promesas incumplidas ubican en su justa dimensión a todos aquellos políticos que durante las campañas proselitistas se desgarraron las vestiduras para lograr el voto ciudadano.
Sin embargo, triste es la realidad cuando esos gobernantes incumplidos vuelven a su verdadero yo en cuanto se colocan la banda que los habilita como gobernantes.
En Tamaulipas, existen muchos casos que ilustrarían lo antes descrito. Lo mismo en lo que al descarado enriquecimiento se refiere que a la poca seriedad en sus compromisos.
Todavía, como si fuera ayer, suenan las palabras huecas en el sentido de que “quiero que sean mis ojos y mis oídos”. O bien esa trillada frase recalcando que “conmigo te va a ir muy bien”, hartamente utilizadas por los candidatos a un cargo de elección popular cuando andan en busca del sufragio.
Después…..la triste realidad.
Sin dejar de reconocer sus aciertos, mucho habrán de responder dentro de ese contexto tanto el gobernador del estado EUGENIO HERNANDEZ FLORES como el alcalde en este puerto fronterizo, ERICK SILVA SANTOS.
Tocará al gobernador y alcalde electos EGIDIO TORRE CANTU y ALFONSO SANCHEZ GARZA colocar en su justa dimensión a ese valor preciado del caballero y del hombre: la palabra.
Y hasta la próxima.
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