Óptica/Gastón Monge *Un magnífico ejemplo

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Cuando leí que el alcalde de Tampico, Oscar Pérez Inguanzo, se fajó los pantalones para decirle a sus regidores que no les pagaría el mentado bono trienal que tanto exigían, no pude más que pensar en esa bola de truhanes que dicen regidores de Nuevo Laredo y que le exigen al alcalde Ramón Garza Barrios, un bono extraofensivo para el sentido común de la gente.
No sé si ya lo hayan adelantado como ha ocurrido en administraciones anteriores, las que para que no se viera tan abultado, lo dosificaron en tres meses, y solo dieron a conocer la de diciembre, por lo que pienso que en esta administración puede ocurrir lo mismo: el famoso bono que unos dicen que es de 300 mil pesos y otros que de 500 mil, estaría fluyendo hacia esos señores y señoras desde el mes pasado sin que nadie se dé cuenta.
Ignoro si así ocurra porque no creo que algún regidor vaya a decirlo, pero lo cierto es que de haber bono, claro que lo habrá, aunque pienso que Ramón debió hacer lo mismo que su similar de Tampico, fajarse los pantalones y negar ese privilegio al que no tienen derecho esos sujetos que en tres años poco o casi nada hicieron en beneficio de la sociedad.
Imagine usted en caso de que el bono fuera de 500 mil pesos para cada uno de los 23 regidores y síndicos. Daría la nada despreciable cantidad de 11 millones 500 mil pesos, aparte del millón 300 mil pesos de salario correspondiente a diciembre, y del millón 950 mil pesos de aguinaldo de 40 días. Todo ello sumado daría como resultado la cantidad de 14 millones 750 mil pesos en un solo mes. ¡Vaya descaro!
Echando números, tan solo lo que ganarían (de ser cierta esta hipótesis) esos 23 angelitos de esta administración municipal en un solo mes, sería el equivalente al salario mínimo junto de 50 trabajadores de una maquiladora, durante 10 largos años. ¿Será posible tanta ignominia?

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Luego de darse a conocer la renuncia de Alfredo González Fernández, ahora ex secretario de desarrollo económico de Tamaulipas, es casi seguro que los ‘chapulines’ brincarán de un momento a otro de la mesa de Eugenio Hernández Flores a la mesa de Egidio Torre Cantú.
Y la realidad me da la razón al confirmarse ya casi de manera oficial que el titular del Itavu, Homero de la Garza Tamez, ya renunció a ese cargo, para irse a la bancada del nuevo gobernante, por lo que en los próximos días, antes de iniciar diciembre, tendrán que saltar varios si es que quieren figurar en el equipo del nuevo gobernador, ya que en diciembre no podrán hacerlo debido a la cercanía del proceso de entrega recepción.
Pero con este tipo de cosas, en que funcionarios van de un lado a otro para vivir del erario público, ¿Qué oportunidad le darán a los nuevos políticos jóvenes que tienen deseos de hacer mejor las cosas? Creo que ninguna porque desafortunadamente en nuestro país se aplica a la perfección el fatídico dicho que dice: El que no transa no avanza, y así se la pasan sexenio tras sexenio, trienio tras trienio nuestros políticos, sin que el pueblo sepa a ciencia cierta si en realidad alguna vez sirvieron a la sociedad, porque la verdad, ellos, nuestros funcionarios aplican a la perfección ese otro dicho que dice con relación a los gobernados: Estamos jodidos todos ustedes.
De Egidio puedo decir que los tamaulipecos esperamos que el programa político que inició su hermano Rodolfo de manera tan acertada, y que terminó y adaptó el próximo gobernador, se aplique con tino y certeza para abatir las desigualdades sociales y para que la pobreza sea en verdad abatida con programas sociales efectivos y apegados a la realidad de nuestro estado.
Creo que Egidio tiene ganas de hacer bien las cosas, y deberá ser cosas de tiempo para que aterrice sus programas, aunque creo también que debería darse una vueltecita por Nuevo Laredo, para conocer más s fondo sus problemas y sus necesidades, antes de ser gobernador.
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Algo que es muy normal en nuestras instituciones ocurrió hace un par de días, liego que la Comisión Federal para la Prevención de Riesgos Sanitarios (Cofepris), reculara sobre unas declaraciones que funcionarios de la dependencia habían ofrecido de manera pública con relación a un medicamento de nombre Mediator, distribuido en México por unos laboratorios de nombre Servier.
Resulta que ese medicamento fue prohibido en Francia por ocasionar daños al corazón en personas que lo tomaban, luego de pruebas y resultados. En México la SS dijo que circulaba desde 1980 y que no ocasionaba daños, pero después dijo que no existía en sus registros. En pocas palabras los funcionarios de la Cofepris se hicieron los occisos, y es posible que ese medicamento siga circulando y vendiéndose en farmacias, muy a pesar de las consecuencias que ha tenido en otros países, ya que como siempre ocurre, los mexicanos servimos como conejillos de Indias para todo tipo de experimentos. Qué poca ¿no?

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Pero no todas son malas. Me parece magnífico que después de tanta inseguridad que hay en la ciudad, las autoridades municipales y educativas hayan decidido realizar el desfile conmemorativo al centenario del inicio de la revolución mexicana, evento que no podía dejarse de festejar por el enorme significado que tiene para los mexicanos.
Qué bueno que Ramón Garza haya decidido la celebración del desfile este sábado, porque cientos de niños de educación básica ya están preparados para salir a la calle vestidos con el atuendo de la Revolución. ¿Qué saben ellos de inseguridad?
Por eso es bueno que el edil decida que este festejo, que es de todos, se disfrute como se ha hecho cada año, porque sin dudas es una fiesta popular que se debe mantener.

Hasta mañana
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