El crecimiento de la ciudad, como todas las grandes urbes, implica una serie de improvisaciones, dado que, cuando se fundan estos asentamientos se planea de una forma, y conforme se incrementa la población hay que hacer ajustes en todos sentidos: vivienda, servicios, urbanización y demás.
Lupita Ramírez, distinguida victorense, hace muchos años compuso una poesía llamada “Quiero a Victoria chiquita”, y que, sinceramente, nos impactó de forma tal que siempre que añoramos los tiempos pasados, recordamos aquella pieza poética.
Claro que muchos somos los que añoramos esos tiempos en que las calles estaban repletas de sillas donde las familias salían de noche a tomar el fresco y una bebida, platicar y convivir con prácticamente todos. Nos conocíamos muy bien. Hoy, hay mucha gente que ha llegado de otros lares y que no es conocida por la mayoría, y la situación también ha cambiado mucho.
Las calles también han sido ensanchadas unas, cambiadas otras, y habilitadas unas como avenidas o libramientos. Bueno, hasta un eje vial tiene hoy la capital tamaulipeca.
Los tiempos en que íbamos al “Mesón de Don Rodrigo” con la familia Haces Guillén, charlando con el inolvidable amigo, don Pepe, o con sus hijos y esposa; personas conocidísimas en la capital, a quienes guardamos una enorme gratitud por el apoyo en esos tiempos difíciles de los ochentas. No se olvida a la gente buena, sin lugar a dudas.
Y también, ver la “mancha urbana” desde el mirador del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando podíamos visualizar los límites de la ciudad: hoy, llegando a Victoria, casi en Güemes, podemos ver una inmensa mancha de luces con líneas interminables.
Una romántica ciudad que ha quedado en la memoria y las fotografías de unos cuantos, en las poesías y canciones como aquella del inolvidable –también- maestro Francisco Flores: “allá por el norte, tierra de pasiones, entre las montañas, se encuentra escondida, es de Tamaulipas, la flor consentida, por eso le canto con el corazón…”
Y así, muchos recuerdos vienen a la mente cuando circulamos por la avenida Juan B. Tijerina, conocida por todos nosotros como “el ocho”, y llegamos a la calle Carrera Torres para tomar el Boulevard Tamaulipas, llegar al crucero e ingresar a la nueva parte de la capital, ese sector que antaño era tierra despoblada, y que hoy se ha convertido en parte fundamental de la economía inclusive. En ese sector se encuentra la casa de Gobierno, un importantísimo complejo comercial que es reconocimiento de una familia local, empresarios, quienes han dejado depositada su confianza y su inversión en nuestra ciudad, y donde hay cines y un poco de todo, siendo de los sitios más frecuentados por la juventud hoy en día.
Esa parte de la ciudad que ha crecido a pasos agigantados y que conecta a la capital con la carretera a Monterrey y Nuevo Laredo, hoy sufre de una serie de conflictos de tráfico propios de zonas comerciales de gran tamaño. Algo hay que hacer, sin lugar a dudas.
Cuando comenzó a crecer la ciudad, vimos en forma más reiterativa los semáforos y vías rápidas. Hoy, todo eso resulta insuficiente, y por consecuencia, la vigilancia del tránsito es escasa de acuerdo a nuestras necesidades.
Los victorenses hemos optado por crecer hacia allá: fraccionamientos y colonias también han tenido importante auge en esa zona.
Hoy, necesitamos considerar una reestructuración de este sector casi residencial en su totalidad, aunque también tiene un importante crecimiento comercial.
Las plazas comerciales se han incrementado y eso propicia que el tráfico sea menos fluido, que haya más congestionamientos, por lo que suponemos que una de las tareas que tendrá la administración de Miguel González Salum en su inicio como alcalde de Victoria, será, sin duda alguna, poner a trabajar a los elementos de ingeniería de tránsito para evitar que se pierda mucho tiempo en esta zona. Hay ocasiones en que un par de kilómetros se tienen que recorrer en más de quince minutos, si no es que más tiempo.
Qué bueno que hemos crecido: Tamaulipas merece una capital acorde a su grandeza nacional, y Victoria también merece ser la ciudad que todos hemos construido a través del tiempo. Hoy se da ese paso, pero falta infraestructura.
Es entonces, el tiempo de comenzar a planear para el futuro, para que no se tengan los problemas que son característicos de las grandes ciudades.
No queremos un tráfico como en Monterrey, Guadalajara o la Ciudad de México, queremos una ciudad grande y ordenada, con vialidades adecuadas, con servicios y todo lo que nos pueda apetecer, pero con orden por sobre todas las cosas.
Es la hora de comenzar a hacer una estructura adecuada a esta zona, evitar un crecimiento desordenado como aconteció allá por la salida vieja a San Luis Potosí, cuando los vivales convertidos en líderes de colonias invadieron tierras que luego tuvieron que urbanizarse, aunque fuera de mala gana.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!