Con la celebración del día internacional de la no violencia contra la mujer han surgido a la luz pública una serie de datos, provenientes, algunos, de dependencias de justicia, así como otros de organizaciones no gubernamentales.
Se dicen muchas cosas, y lo cierto es que en el mundo entero hay violencia de género, encaminada a agredir al mal llamado “sexo débil”, porque de esto no tiene nada: la mujer es fuerte en todos sentidos, y aunque no pudiera tener la musculatura del varón, no necesita mostrar con golpes su valía.
Son especialmente imprescindibles en la vida de cualquier persona. La mujer siempre es y será la parte más importante de un individuo que se precie de vivir en armonía, o de ser un gran hombre.
Algunas feministas critican aquel dicho viejo que reza que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, sin embargo, tiene mucho de cierto, cuando se enfoca no en forma literal, sino en la manera en que fue concebido.
No se trata de minimizar a la mujer, porque estas voces que reclaman sus derechos que han tenido siempre y ellas mismas se los han marginado, insisten en que no está detrás, sino a un lado. Igual resulta que en el éxito de cualquier varón exista quien le motive, le empuje, le ayude, le aconseje: la mujer juega ese fundamental papel, al igual que seguramente, cuando una fémina triunfa, siempre ha tenido el apoyo de un gran hombre, un personaje que funciona prácticamente como asesor.
No se trata de ser literales en los conceptos: seguramente, insistimos, cuando hay personas que han desarrollado una enorme y gran labor, tienen siempre a su lado a alguien ya sea del mismo sexo o del opuesto: los individuos no manejamos el éxito solos, no somos ermitaños.
Yoliria Joch, encargada del Instituto de la Mujer se defiende de los ataques de la prensa amarillista nacional que asegura que en la entidad no se dan datos de mujeres maltratadas, sin embargo, reflexionamos sobre esta nota y pensamos acerca de la información que manejan acerca de lo que se hace para mejorar la situación tanto de hombres como de mujeres.
Muchas piden equidad y manejan el término “equidad de género a su conveniencia, porque, en tanto solicitan y exigen posiciones laborales y políticas, siguen siendo las que exigen al varón que pare el auto cuando pasa una dama, o que entienda que ellas se pueden equivocar y no es malo, cuando ellos, cuando cometen errores, son algo más que brutos. Eso, en ninguna parte es equidad.
Por ejemplo: se dice extraoficialmente que ha habido 30 homicidios de mujeres en lo que va del año, pero no se informa acerca de los que acontecieron contra varones.
Y lo que son las cosas: cuando uno va a la Procuraduría, a las agencias del Ministerio Público a interponer una denuncia contra una dama por violencia, no le bajan un dedo de “mandilón” y otros calificativos similares, amenazando los encargados de recibir las denuncias con que la información “va a aparecer en los periódicos”, y como dicen, el “queme” será grande.
Tampoco es equidad lo anterior, y lo vivimos a diario: un varón que golpea a una mujer es un infeliz, pero una dama que golpea a un varón solamente se defiende. ¿Hasta dónde es equitativo el comentario?
Y luego, criticamos a las dependencias encargadas de promover el desarrollo de las damas, porque no hacen más que eventos y cursos, pero no captamos que en el país y probablemente en la mayor parte del mundo se protege a niños, mujeres y ancianos, dejando un poco fuera de esta protección al hombre, principalmente en edad productiva, porque cuando pequeño, se le cuida y protege, y cuando anciano, también.
¿Qué pasa entonces?
La gente está cansada de declaraciones en contra de varones o mujeres, de los relatos de golpes, amenazas y demás, de todo lo que vivimos cotidianamente.
Otro caso que no habla precisamente de equidad es el que corresponde a quien, siendo dama, interpone una denuncia por golpes o abandono de obligaciones como padre: inmediatamente se le detiene y encarcela, aunque la demanda no tenga fundamento alguno, porque se han dado casos de que se demanda a la pareja por venganza.
Luego, semanas o meses después, la autoridad con el típico “usted disculpe” los deja libres, cuando les ha jorobado la vida.
En el caso de violación sucede algo parecido. Entendemos que se debe castigar a los culpables con penas más severas que las existentes, pero si la dama denuncia un probable acto de esta naturaleza, el pobre individuo tendrá que vivir el proceso en la cárcel, que por más que tenga nombre rimbombante –Centro de Ejecución de Sanciones- es prácticamente un infierno.
El que cae ahí, pierde trabajo, dignidad, tranquilidad, decoro y todo lo que pudiera tener un ser humano, sin lugar a dudas.
A quien se acuse de un feminicidio –y perdone el lector- debería juzgársele severamente y aplicar la pena de muerte como mínimo, porque un abusivo –o abusiva- no merece vivir en una sociedad como la nuestra.
Queremos una vida tranquila, sin crímenes de este tipo… ni de otros.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!