Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Calidad en educación

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Cuando se le pregunta al rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, José María Leal Gutiérrez sobre el Alma Mater tamaulipeca, no duda en manifestar su orgullo por lograr la certificación y reconocimiento de la misma en distintos lugares, dentro y fuera de la entidad.

Las voces populares están unas a favor y otras en contra de esta postura que es natural que defienda el encargado de la dirección de la UAT: sería ilógico pensar que no se está orgulloso del trabajo realizado, aunque hay que precisar que el sentirse orgulloso no quiere decir que estén todos satisfechos: en la UAT, como en todas –absolutamente todas- las instituciones educativas hay gente muy valiosa y otros que debieran estar, probablemente, en una esquina de cualquier calle en determinado lugar, en vez de cobrar lo que cobran por pensar que son útiles.

Funcionarios, directivos, profesores, empleados y estudiantes tienen pros y contras en el sentido de que no podemos generalizar y decir que todos son buenos o malos; recordemos: “de todo hay en la viña del Señor” dice la Iglesia, y nada más real que se ajusta a lo que vivimos todos los días.

El hecho de que se haya reconocido a la UAT y se inscriba su nombre en los muros del Congreso del Estado es muy significativo, porque implica que la mayoría de representantes populares –que muchos no lo son- consideran que existen los méritos suficientes para leer el nombre de esta institución educativa al lado de grandes hombres y mujeres que en la historia han significado algo valioso.

La UAT tiene programas certificados hoy en día, y algunos se jactan de que nunca se había logrado tal reconocimiento. No podemos considerar que sea algo extremadamente especial, sino que es justo pensar que algunos otros rectores consideraron que no era quizá tan necesaria esta certificación y dieron prioridad a otros aspectos. Recuérdese, por ejemplo, el crecimiento en materia de informática y deportes que propició Humberto Filizola Haces, o el crecimiento de los campus durante la gestión de José Manuel Adame Mier, por mencionar solamente a dos ex rectores.

Se ha crecido y en este sentido es muy importante pensar que tenemos una Universidad de calidad, que hay estudios que valen la pena, pero más importante aún: hay egresados valiosos.

A través de los años, las generaciones de distintos profesionistas llegan al mercado laboral y algunos tienen éxito; otros, sin embargo, se quedan en el camino y acaban despachando en algún negocio, vigilando algo o simplemente, manejando un autobús de transporte colectivo, porque tuvieron oportunidades para crecer intelectualmente y no las aprovecharon. Consiguieron un título a golpes y tirones, pero no lo merecieron, y la vida y el mercado laboral los han ubicado en su justo lugar.

Pero es totalmente injusto calificar a la UAT como mejor o peor que otras instituciones –incluido el Tecnológico de Monterrey- porque el desarrollo de la entidad tiene mucho que ver con el trabajo y decisiones de los que han pasado algunos años de su vida en las aulas tamaulipecas, sea en los campus del norte, centro o sur del estado.

Podemos ver, por ejemplo, que en el gabinete del gobernador Eugenio Hernández Flores hay orgullosos egresados de la UAT que con su talento han propiciado que durante el sexto informe de actividades haya habido buenas nuevas. Insistimos, también los hay de otras instituciones.

¿Qué se debe hacer ahora?

Como parte de la entidad, como ciudadanos tamaulipecos, nuestra postura debe ser de total y completo apoyo a la UAT y sus facultades, unidades y escuelas: propiciar y exigir mayor calidad en todos sentidos, evitar comentarios insanos y confiar en los que están manejando la educación de nuestros hijos.

Y al rector Leal Gutiérrez, pedirle que no se deje de participar en la carrera hacia la excelencia total, y que, cuando alguna parte de la UAT –unidad o facultad- frene su desarrollo, que no se detenga para exigir a los directivos el cumplimiento que la sociedad tamaulipeca demanda y quiere.

Queremos sentirnos orgullosos de nuestra máxima casa de estudios, y que nuestros hijos y amigos egresen de ella con expectativas laborales amplias.

En este mes, las unidades y escuelas entregarán a la sociedad a cientos de jóvenes que concluyen sus estudios, y es precisamente una buena oportunidad para que se incorporen al mercado laboral, para que comiencen a establecer sus proyectos profesionales en forma activa, y siembren las primeras semillas de una fructífera cosecha en el ámbito de la profesión que eligieron para vivir.

“Chema” tiene un proyecto muy interesante y un equipo competente, eso lo sabe el gobernador Hernández Flores, quien ha apoyado a la UAT en todos sentidos, y también lo sabe el ingeniero Egidio Torre Cantú, quien a partir de enero tomará las riendas del estado.

Tenemos Alma Mater para crecer en muchos sentidos, y tenemos recurso humano de calidad: hay que demostrarnos que sabemos apreciar lo nuestro, apoyarlo, pero sobre todo, fomentar su consolidación.

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