Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa*A cuidar el patrimonio

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En estos tiempos, muchas son las acciones que vivimos y de las que tenemos noticia referentes a fraudes, robos y abusos a la ciudadanía, dado que hay mucho más dinero en las calles que en otras fechas: los aguinaldos son un derecho de todo trabajador, y es el tiempo en que tenemos un poco más de dinero; lo anterior nos lleva a buscar satisfacer antojos, gustos, necesidades que normalmente no podemos cubrir, y por supuesto, los regalos para los seres queridos con motivo de la Navidad.

Los tiempos se ponen de manifiesto en las zonas comerciales. La calle Hidalgo y arterias aledañas con motivo de un intenso tráfico vehicular y de personas en pos de una oferta, de buscar y comparar precios, y por parte del comercio organizado, de la búsqueda de un mayor número de clientes.

Dicen algunos comerciantes que esperan recuperarse en diciembre del mal año económico que tuvieron por diversas circunstancias, principalmente, la falta de visitantes y el hecho de que con la crisis que hemos padecido en los últimos meses muchos buscamos cuidar hasta el último centavo de nuestro patrimonio.

Sin embargo, nunca faltan los “vivales” que, sin trabajar, quieren llevar fondos a sus finanzas de forma más que ilegal.

Los famosos “pacazos” son pan de todos los días, y éstos se presentan por la prisa que tenemos por comprar, lo que nos lleva a no fijarnos bien en lo que hacemos, con quién platicamos y todas esas cosas. También, no podemos negarlo, la ambición de algunos o el hecho de querer ganar un poco más de dinero a costa de los demás nos lleva a perder lo poco –o mucho- que teníamos.

En las afueras de las instituciones bancarias se apostan algunos individuos que, con cara de buenos amigos, de sufrimiento y demás, llegan a pedir mil y un favores para que les cambiemos un cheque o hagamos un depósito; escuchamos las historias más increíbles para tal efecto: que si la tía está grave y hay que enviarle dinero, que si no tienen la credencial de elector para cambiar un documento y más.

El caso es que algunos caemos y nos llevamos la sorpresa de que, al entregar una cantidad moderada de billetes nos darán una mayor: la ambición nos ciega y luego vemos con sorpresa que ese fajo de dinero era papel disfrazado, o en algunos otros casos, que el famoso cheque no tenía fondos ni se conocía al cuentahabiente.

Cuando nos damos cuenta, es demasiado tarde y hemos perdido lo que teníamos bien ganado, a través de un largo año de esfuerzo y sacrificio.

No se vale perder lo poco o mucho que teníamos por una ambición o un engaño.

No es válido presumir que nunca caeremos en estos engaños, que somos demasiado inteligentes para ello, porque de repente, en uno de esos minutos de distracción o de otra cosa, ya caímos y nos hemos quedado sin nada.

Cabe destacar que las autoridades estatales y municipales tienen un muy intenso programa de sobrevigilancia para garantizar a los ciudadanos el cuidado de sus recursos, evitar los fraudes y buscar que los delincuentes no hagan su agosto en pleno diciembre; las corporaciones tienen elementos no únicamente fuera de los bancos sino de los muchos negocios en las principales zonas comerciales de la entidad.

Claro, no es suficiente si nosotros no ponemos de nuestra parte. Aquí cabe aclarar que se requiere de extremar cuidados, desconfiar hasta de nuestra sombra, y tomar medidas básicas: no sacar el dinero en cantidades significativas ante otros, procurar que las carteras y monederos no estén a la mano de otros y algunas otras cosas más que ya las autoridades de seguridad se han encargado de difundir en amplios programas que buscan que usted y yo caminemos seguros por nuestras calles, que podamos visualizar los muchos aparadores sin el peligro que implica el temor de ser asaltados.

Los cajeros son también punto fácil de encuentro con gente que no quiere trabajar y se dedica al crimen. Se sugiere no ir a sacar dinero muy tarde, procurar hacerlo en compañía de alguien y si hubiera personas sospechosas, avisar a las autoridades. El teléfono 066 estará disponible para todos nosotros, aunque es menester aclarar y entender que no se vale utilizarlo para bromas de mal gusto que únicamente distraen recursos humanos y nos dejan desprotegidos.

Todos somos corresponsables de esta situación, y finalmente, los más afectados somos nosotros mismos, por lo que hay que tomar en cuenta las recomendaciones de la autoridad.

La forma de gastar el dinero compete exclusivamente a cada uno de nosotros. Nadie nos puede decir en qué gastar nuestro aguinaldo, y la recomendación es tratar de hacerlo con la prudencia necesaria que nos lleve a un gasto responsable, considerando que habrá una llamada “cuesta de enero” que probablemente sea un poco difícil, por lo que es recomendable guardar un poco para esa fecha.

¿Qué hacer entonces? Confiar en nuestras autoridades, dar ese voto de confianza y procurar no tener riesgos innecesarios, no cometer acciones irresponsables y cuidar lo que con mucho esfuerzo nos hemos ganado, que bien lo merecemos como para que in sinvergüenza se lo lleve en un minuto.

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