Maremágnum/Mario Vargas Suárez *La soledad del aula

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¿Es imaginación, pesadilla o la crudísima realidad en la que viven los profesores?
Una verdad innegable es que el profesor, genéricamente hablando, la mayor parte de las veces es el profesional solitario que intenta “educar” si se le puede llamar al acto de orientar las acciones conductuales del estudiante y de los conocimientos mínimos sobre temáticas específicas que deben aprender los alumnos.
Sostengo que el profesor es un profesional solitario porque es el aula donde se desenvuelve solo con sus estudiantes y no hay autoridad oficial, sindical, auxiliares o padres de familia que le ayuden o indiquen las estrategias de su tarea educadora.
El docente es la autoridad única y hasta máxima del aula. Solo su voz es escuchada –en diversos tonos- para hacerse entender según convenga y los estudiantes hasta de preescolar han aprendido a jugar su rol.
La soledad del aula es enérgica con el maestro, porque por lo menos son 15 muchachos de ambos sexos, si no hasta más de 60, a los que hay que atender en todos los aspectos y le aseguro que la edad poco importa, si el mentor sabe trabajar.
Generalmente los ojos expectantes de los estudiantes son voraces para muchas cosas desde el aprendizaje hasta las travesuras, que en ocasiones son blancas, a pesar insisto, de la edad de los escolares.
En la soledad del aula hay sorpresas y algunas nada agradables. Leo hace unos días el drama que debió haber vivido un profesor de primaria al oriente de la capital del estado, cuando descubre y se hace público el intento de suicidio colectivo de siete niños de 6º grado.
Es dramático que los niños decidieron suicidarse en su escuela y el periodista Melitón García de la Rosa asegura que los motivos fueron familiares, aunque en un segundo informe habla de la participación de un bachiller que ¡Tenia amoríos con una de las niñas! ¿Y los papás?
Si algo hay que reprocharle al profesor es su descuido de vigilancia docente a la hora de recreo. Pero es nada sobre las problemáticas de los padres de ésos niños que no solo los han descuidado por mucho tiempo, sino que de una forma u otra ellos mismos los llevaron a senderos próximos a la muerte.
Una realidad es que ambos padres de familia trabajan y destinan horas y horas fuera de casa y alejados de los hijos, porque tienen la certeza de que su función principal es la de proveer, confían en su buena conducta y desempeño de sus vástagos.
Los padres de familia olvidan que la TV es una gran influencia de la conducta humana y esa es una de las bases de muchas conductas juveniles antisociales, además es propiciadora del despertar sexual de las niñas-adolescentes.
También debemos aceptar que los padres de familia no ponemos atención a los programas que ven los hijos y menos cuando se pasan horas frente a la computadora, como fue el caso del pacto suicida de los niños de 6º grado.
También de 6º el periodista Azahel Jaramillo denunció la intoxicación etílica de escolares que llevaron una botella de tequila a su escuela de “alta calidad” y la bebieron con refresco que no dude lo hayan comprado en la cooperativa del edificio.
¿De donde los hijos aprenden ese tipo de conductas si no es de su casa, de sus padres? Uno de los principios dice que el hombre por naturaleza es imitativo de su entorno. Usted lo sabe.
Finalmente le insisto, la docencia es un ejercicio profesional en solitario, porque solo el docente se enfrenta a sus alumnos, a los padres, al programa, al método, a las técnicas y a los recursos didácticos. Lo más peligroso son los dos primeros elementos enlistados.
Comentarios: mario.vargas@starmedia.com

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