Pensamos inicialmente que podría ser la época decembrina la causante de lo que vivimos cotidianamente en la zona norte de la ciudad. No fue así: hay una crisis de tráfico en la principal salida de la ciudad que nos hace perder un mundo de tiempo por causa de una planeación no adecuada.
El tráfico en Victoria ha sufrido en los últimos meses un cambio radical, y mucha culpa tenemos nosotros, los que manejamos con una idea individualista, sin pensar siquiera un poco en los demás.
Todos hemos sufrido, por ejemplo, el hecho de que cuando está una luz verde en favor de los automóviles que circulan igual que nosotros, no falta alguien que se adelanta bloqueando la calle que cruza, y cambian las luces y se queda el vehículo ahí, obstruyendo. Las salidas de centros comerciales tienen el mismo problema
Nos cambia la luz a rojo y como sea, nos pasamos, al fin y al cabo que no se nota un carro más. Nada más egoísta que pensar de esa forma.
Y es que pensamos en lo que nos afecta exclusivamente a nosotros sin ocuparnos de las necesidades, tiempo y ocupaciones de los demás.
Somos los automovilistas muy egoístas en ese sentido, y existe cierto perfil de gente que maneja que tiene más proclividad a estas acciones. Manejamos para nosotros exclusivamente y dejamos a los demás que se las ingenien como puedan, al fin y al cabo que pasa pronto.
Seguramente, el equipo del presidente municipal entrante Miguel González Salum tendrá que llevar a cabo una serie de acciones especiales para tratar de regular hasta donde sea posible el flujo vehicular.
Viajar de Plaza Campestre hacia el cruce del Boulevard y la calle Juan B. Tijerina es una verdadera aventura que supone muchos minutos sobre el vehículo. Pasan los tiempos de cada luz y no vemos un avance adecuado. Nos desesperamos y, como “venganza” omitimos los reglamentos correspondientes, nos pasamos la calle sin importar si afectamos a otros.
Y otro fenómeno común: si pretendemos cruzar la carretera, nadie nos quiere dar el paso, aunque solamente pueda avanzar unos 3 o 4 metros.
Tenemos que cambiar de actitud, sin lugar a dudas.
Luego, optamos por alguna de las calles aledañas para evitar el tráfico y nos encontramos con una serie de obstáculos malamente llamados topes, y que son prácticamente bardas de material sólido, pero que no tienen un señalamiento adecuado y por consiguiente, nos llevan a tener incidentes y golpes en el vehículo.
No estamos obligados todos a conocer las calles de Victoria en su totalidad, porque no vivimos en el rumbo o porque no es parte de nuestra rutina.
Sinceramente, enoja mucho cuando vamos transitando por alguna calle y pasamos un tope sin señalamiento, lo que significa un buen golpe a la suspensión, llantas y en algunas ocasiones, a parte de la carrocería. No es justo, no se vale, porque no son los topes la forma de evitar que los cafres manejen como locos.
Lo que hace falta es una correcta observación de la ley, y una adecuada aplicación, con energía y sin abusos, por parte de las autoridades correspondientes.
Victoria tiene un número importante de calles que tienen problemas de vialidad, y somos los que las utilizamos los que debemos colaborar con la autoridad para que haya orden.
Decíamos líneas arriba que la administración de don Miguel González Salum tendrá que hacer muchas cosas para garantizar una adecuada circulación en nuestras calles, y también, para que una mayoría significativa pueda cuidar su patrimonio y andar en orden, reglamento en mano.
Pero es una labor que tenemos que realizar todos: autoridades y ciudadanos, porque si una de las dos partes incumple su objetivo dañará a la otra, sin lugar a dudas.
Somos de la idea de que se deben depurar los departamentos de tránsito en los municipios, y que se haga valer la ley, que la autoridad sea respetada y no temida, y que todos, absolutamente todos, dejemos de sentirnos paridos por Zeus, que entendamos que somos tan mortales e importantes como cualquiera.
Peatones y automovilistas, todos somos corresponsables de que esto funcione adecuadamente, y es tiempo de que hagamos algo por mejorar la convivencia en la ciudad capital del estado, casa de todos.
Y cuando vayamos a realizar compras navideñas, tenemos también que entender que si colaboramos un poco con paciencia, con inteligencia y aplicación de lo que hacemos, mejorará mucho la vialidad.
Dejemos a un lado los celulares y las distracciones que tanto daño hacen al tráfico, y entonces, juntos, todos hagamos de Victoria el lugar de convivencia y tránsito que los capitalinos merecemos.
Es nuestra casa, y como tal debemos cuidarla al máximo. No dejemos que la incomprensión, la torpeza, la irresponsabilidad y esas cosas nos sigan afectando. Todos merecemos una ciudad amable como antaño. Enseñemos a nuestros hijos a convivir adecuadamente.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!