PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *Geño y la más fea.

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TAL parece que el mal fario se ha ensañado con el gobernador EUGENIO HERNANDEZ FLORES en la última etapa y recta final de su mandato constitucional.
La serie de acontecimientos relacionados con la inseguridad pública, prácticamente han empañado el sexenio de la corbata verde y la sonrisa bonachona.
El asesinato de su candidato a la gubernatura, RODOLFO TORRE CANTU; la matanza de más de 70 centroamericanos en un predio rural del municipio de San Fernando; asaltos a mano armada a las presidencias municipales de Hidalgo, Abasolo, Cruillas; estallido de coches-bomba en la capital; el éxodo ciudadano en la frontera chica por las balaceras entre grupos rivales del narcotráfico; y asaltos en despoblado en las carreteras que cruzan la entidad sería más que suficiente para nulificar cualquier acción de beneficio social.
Sin embargo, eso no es todo.
También, como nunca antes en la historia de Tamaulipas -en un hecho que rebasa cualquier evento semejante, incluso en el país- en la esquina noreste de la república mexicana y concretamente en el actual período sexenal, se ha registrado la mayor fuga de reos de los penales estatales. Oficialmente, 343 internos abandonaron las cárceles de manera clandestina, obviamente, con la ayuda voluntaria o involuntarias de sus custodios, en los últimos seis años.
La fuga masiva de internos en el Centro de Ejecuciones de Sentencias en Nuevo Laredo, del pasado viernes, prácticamente colocó la “cereza negra” en al pastel de despedida del ingeniero HERNANDEZ FLORES.
Que si fueron 151 o 191 sería lo de menos.
Lo cierto, real, indiscutible y que no deja lugar a dudas es que más de 340 individuos sujetos a proceso penal en el fuero común y federal han recuperado su libertad de esa manera en los últimos seis años para, seguramente, seguir delinquiendo
Como es lógico, para mala fortuna de Tamaulipas, los tamaulipecos y su gobernante, el magnicidio, la masacre, la fuga de reos, la violencia extrema en toda la entidad e, incluso, la metamorfosis de ciudad Mier de un “pueblo mágico” a un “pueblo trágico” son acontecimientos que han dado la vuelta al mundo con todo y lo que ello significa en materia turística y de inversiones.
Por supuesto que no faltarán quienes justifiquen lo anterior argumentando que lo mismo pasa en otras entidades federativas, haciendo alusión a aquello de que “mal de muchos, consuelo de pocos”.
También, que las becas, despensas, dispensarios médicos y obras diversas, incluyendo el complejo Bicentenario, son más que suficientes para borrar de un plumazo cualquier mala imagen heredada por ese mal fario que persigue a quien se apresta a dejar el Poder Ejecutivo Estatal.
Obviamente, los bienquerientes del sexenio geñista argumentarán, además, que todo es culpa del gobierno del presidente FELIPE CALDERON HINOJOSA y su guerra sin ton ni son en contra de los cárteles de la droga y que EUGENIO ya había advertido y solicitado ayuda a FELIPE acerca de la sobrepoblación carcelaria en Tamaulipas, como si ese fenómeno fuera propio de esta sufrida entidad.
Sin embargo, ¿qué acaso no existen policías estatales y municipales legalmente constituidas?
Luego entonces, ¿cómo es posible que ni agentes ministeriales, policías preventivos u oficiales de tránsito observen ni reporten desplazamientos de caravanas de vehículos sospechosos?
Necesariamente, en las fugas masivas de reos ocurridas en los penales de Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo hubieron de participar grupos delictivos y unidades motrices suficientes para el traslado de los procesados en el operativo de rescate.
Si bien es cierto que CALDERON HINOJOSA lleva a cabo un combate sin estrategia en contra de la delincuencia organizada, también es una verdad de a kilo que los gobiernos estatales, como el de Tamaulipas, tienen la obligación de, al menos, contribuir con labor informativa, si es que por falta de armamento y pertrechos no están en condiciones de hacer frente a sujetos fuera de la ley.
Desde luego que el tema da para más y encierra una serie de bemoles en torno a culpabilidades y responsabilidades.
Independientemente de ello, es innegable que al gobernador EUGENIO HERNANDEZ FLORES le tocó un sexenio violento, recrudecido al máximo en la recta final de su mandato.
Desde luego que no faltará quien o quienes, adoptando una actitud más papista que el papa, argumenten que al presidente CALDERON le ha ido peor.
Por cierto, eso del gobernante que se va y la nueva legislatura tamaulipeca, trae a la memoria esa práctica común en fin de sexenio del gobernador en turno para dejar un Congreso a modo que le cuide la espalda.
Si EUGENIO HERNANDEZ FLORES dejó un libro blanco a los diputados salientes, ¿tendrá necesidad de protección legislativa?
Si los recursos públicos, principalmente, fueron ejercidos de manera honesta ¿será necesario heredar ese Poder con tan claro objetivo?
¿Acaso HERNANDEZ FLORES teme que diputados no comprometidos se sumerjan en las finanzas y encuentren malos movimientos?
El mismo mal cierre de año en cuanto a imagen pública del gobernante le ha tocado al Coordinador de Comunicación Social, MARIO RUIZ PACHUCA, quien como regalo de cumpleaños, justo el día de hoy, enfrenta el nuevo escándalo tamaulipeco.
Por cierto, hasta ahora nadie ha acertado a descifrar por qué al influyente funcionario geñista, poseedor de incalculable fortuna no explicable y próximo editor del periódico potosino “Express”, le apodan “la princesa de charcas”.
Y hasta la próxima.
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