Esta semana tuve la oportunidad de conocer a fondo los sentimientos de nuestros paisanos que año tras año llegan por miles a esta ciudad para dirigirse a sus comunidades de origen, pero como suele ocurrir cuando no conocemos a fondo el origen de un asunto, los que percibimos es tan superficial como lo puede ser una apreciación inmediata.
Uno de los medios para los que trabajo, el periódico El Universal, me envió de manera especial a cubrir el recorrido que hace cada año un grupo de queretanos, pero que en esta ocasión lo harían en caravana gracias a las gestiones de un diputado local del municipio de Jalpan de Serra, que se ubica en lo más profundo de la sierra Gorda, que forma parte del Eje Volcánico Central con una altura impresionante.
Para conocer a fondo el trayecto, me dirigí a Laredo Texas el domingo por la tarde para ver como se organizaba este pequeño grupo de jalpenses, los que por la noche comenzaron a reunirse en pequeños grupos hasta formar un contingente de casi 200 personas y 35 camionetas de todo tipo, marca y tamaño.
A la media noche del domingo ya estaban listos para partir, solo faltaban pequeños detalles que cubrir, como el recorrido, la forma en que se haría, y las medidas que deberían tomar en caso de que agentes de tránsito, policías o delincuentes trataran de detenerlos.
Allí conocí a Heriberto Sánchez y a su numerosa familia. Su historia de éxito no es diferente a las demás, pero lo particular es que triunfó y decidió ayudar a los habitantes de su pueblo al darles trabajo en un negocio que pronto emprenderá.
Pero Don Héctor, un recio jalpeño, me comentó que la inseguridad mató las ilusiones que tenía de poner un negocio, por lo que decidió no hacerlo hasta que las cosas se calmen.
La salida se fijó a las 4 de la mañana del lunes 20 de diciembre en el estacionamiento de un centro comercial de Laredo, Texas, y así fue como emprendí el recorrido junto con ellos, desvelado y malcomido por la premura de tener que enviar avances informativos a mi periódico.
Como no disponía de vehículo para el viaje, la idea fue que los paisanos compartieran un espacio en sus autos para viajar con ellos. Hubo buena disposición por lo que al lado de un fotógrafo y un camarógrafo enviados por el mismo periódico para mi apoyo, emprendimos el largo viaje pero en vehículos diferentes, para conocer las vivencias de los paisanos, sus motivaciones y sus aspiraciones.
Tres horas y media tardamos en cruzar el puente internacional II. Era lógico que así fuera porque es la temporada, por lo que no me desesperé, ya que un paisano que viajaba solo desde Los Ángeles, California y que de manera fortuita se unió a la caravana, fue mi compañero de viaje.
Mis dos colegas también encontraron acomodo en otros vehículos, al igual que los enviados de Televisa y de Milenio, ya que un grupo de reporteros de medios de Querétaro, esperaban al contingente en la salida del puente internacional pero del lado de Nuevo Laredo, en donde tomaron gráficas y subieron a un vehículo del gobierno estatal.
Como era de esperar debido a lo anunciado de esta caravana, todas las autoridades federales, estatales y municipales, se excedieron en amabilidad, ya que para eso estábamos los periodistas que hicimos el recorrido, para reportar con gráficas y notas, todo posible acto de corrupción, pero nada pasó en todo el trayecto de casi mil kilómetros desde Laredo, Texas, hasta a Jalpan de Serra, pequeña comunidad de escasos dos mil 500 habitantes.
Don Feliciano, un amable hidalguense de 67 años de edad, quien cada año viaja tres o cuatro veces hasta Veracruz para visitar a su esposa, tenía dos días de viajar manejando sin descanso, por lo que mi compañía la cayó bien debido a que me contó como emigró desde hace 35 años a Los Ángeles, en donde encontró un mejor nivel de vida.
La plática fue fluida a bordo de su vieja camioneta Chevrolet tipo Van modelo 1993, lo que impidió el sueño a ambos, y entre pláticas, bromas y un relato extenso de su vida como migrante indocumentado, hasta regularizar su situación, llegamos a la carretera Monterrey-Saltillo, en donde hicimos una parada de tantas para reorganizar al grupo y tomar algún eventual alimento, ya que la prisa era mucha y el tiempo corto.
Allí cambié de vehículo por dos razones; porque don Feliciano se desviaría de la ruta de la caravana más adelante, y porque era necesario tomar testimonio de otra historia, por lo que Angélica María Salinas, una simpática jalpense, quien viajaba con un hermano de su esposo, me dio alojo en su poderosa camioneta Ford Lobo 2010. Me comentó que salió de Jalpan cuando tenía 16 años de edad, y que junto con su hermana menor, cruzaron la frontera hasta llegar a un lugar de Texas, de donde fueron deportadas, por lo que reintentaron cruzar hasta lograrlo y ella quedarse en Orlando, Florida, en donde su esposo es un exitoso empresario documentado.
Experta al volante, Angélica casi volaba en su camioneta, pero lo sorprendente fue que nunca dio muestras de cansancio, tal vez también por la plática que iniciamos, y que para mi tenía la intención de saber la forma en que logró triunfar en un país que la rechazó desde el inicio.
A veces bromeando, me platicó cómo para un mujer es más difícil lograr adaptarse a unas condiciones desfavorables como indocumentada, y me dijo que nunca dejó de luchar, hasta que al igual que miles de mexicanos que han salido de México, ahora viven con tranquilidad pero sin dejar sus orígenes.
Tal vez por eso ella decidió viajar sola a Jalpan y manejar cientos de kilómetros, porque me dijo que no desea olvidar su cultura ni las tradiciones de su pueblo natal. La nostalgia la invadió y percibí en sus ojos el brillo de un recuerdo triste, por haber dejado el lugar en donde nació y que ahora visita pero para no quedarse.
Las historias que recogí durante el trayecto de casi mil kilómetros de recorrido, fueron impresionantes pero todas de triunfo y de alegrías. Nadie se quejó de haber emigrado a Estados Unidos, pero todos lamentaron haber tenido que dejar México porque sus autoridades nunca supieron ofrecerles un trabajo digno y mejores condiciones de vida.
Antes de tomar la desviación que separa la carretera interestatal Monterrey-Saltillo, parte de la caravana se detuvo para alimentar sus vehículos, y aprovechamos para tomar un pequeño refrigerio.
Allí conocí a otro paisano cuyo nombre no recuerdo, pero que me dijo que al igual que cualquier paisano, cruzó la frontera como indocumentado, y que durante muchos años trabajó hasta hacerse de un negocio propio relacionado con las llantas. Ahora es propietario de una empresa y cuenta con más de una docena de empleados que le ayudan en ese trabajo.
El trayecto continuó por muchas horas. Cansados y fastidiados ya algunos paisanos, decidieron darle más velocidad a sus vehículos, por lo que algunos se separaron de la caravana, hasta quedar un contingente de 25 vehículos, los que llegaron a Jalpan.
La recepción fue por igual tanto para los paisanos como para mí, ya que fue además de emotiva, única, por la forma en que fueron recibidos. Aplausos, gritos de bienvenida y mantas que anunciaban el retorno aunque temporal, de ese grupo de jalpeños.
Al llegar, no faltó la fiesta a ritmo de una tambora y de un grupo musical contratado por el alcalde de 28 años de edad, Miguel Ángel Torres Olguín, quien dijo que los años siguientes se hará la misma recepción.
La verdad, fue para mí una buena experiencia, porque conocía las vivencias de los paisanos pero solo de manera superficial, por lo que convivir con ellos durante casi un día, me permitió tener una apreciación diferente de cómo son en verdad ellos, que para mi son unos verdaderos héroes.
El arribo a Jalpa fue a las 10 de la noche, pero la fiesta se prolongó hasta el día siguiente, pero yo tuve que trabajar hasta la medianoche del lunes, descansar unas horas y emprender el retorno hasta Querétaro, distante tres horas y media del lugar, en done tomé el avión hasta Monterrey, y de allí emprender un penoso retorno a Nuevo Laredo por casi cinco largas horas.
Hasta mañana
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