

Benny Cruz Zapata/EnLíneaDIRECTA
Victoria, Tamaulipas.- Cuando ve el kilo de limón a 48 pesos, el kilo de papa a 22, al igual que el de tomate, en tanto que a 48 pesos el kilo de aguacate, a doña Sofía Ramírez Cruz no le queda de otra que poner en su despensa poco menos de medio kilo de cada producto.
Es enero y comprueba que los precios de todo subieron como la espuma:
“Apenas el año pasado un litro de aceite estaba a 20 pesos, ahorita ya anda en los 28 pesos, igual ha sucedido con el kilo de azúcar, que de 16 pesos pasó a 20 pesos, esto en las tiendas grandes, porque en los negocios de la colonia todo cuesta más caro, solo Dios sabe a dónde vamos a llegar, ahorita ya amenazan con subir el precio de la tortilla, con eso que ya anunciaron que aumenta la gasolina.”
La llamada cuesta de enero quedó en un mito, eso lo saben muy bien para quienes la sobrevivencia es un reto cotidiano, un camino de de penurias y necesidades hasta de lo más elemental, eso lo sabe porque lo vive Lorenzo Pérez Martínez, habitante de la colonia Moderna:
-Para nosotros la vida es pura necesidad, cuando trabajamos comemos bien y cuando no, de plano nos amarramos la tripa y con una o dos comidas pasamos el día; siempre procurando que los niños se alimenten mejor que nosotros, el año pasado estuvo difícil, pero ahorita no sentimos lo duro sino lo tupido y no se ve para cuándo la situación vaya a mejorar porque con un sueldo de albañil, muy apenas alcanza para irla pasando, además como, en mi caso trabajo de eventual, así que no tengo derechos ni otros beneficios más que los 600 pesos que me pagan cada semana.
Enfatiza:
-Por lo anterior, si me preguntan sobre la cuesta de enero, no me queda más que decir que para los trabajadores, todo el año es lo mismo, siempre batallando para cubrir los gastos más indispensables como es: la alimentación, el pago de los servicios básicos y los gastos de la escuela de mis dos hijos, que apenas están en la primaria.
El panorama no es distinto para quien tiene como oficio ser vendedor de dulces y 66 años de edad: don Antonio Ramírez quien habita la manzana R, lote 6, de la colonia Estudiantil.
-Para uno de pobre no hay diferencia de fechas, aunque sí se nota cuando la gente trae dinero y nos compra, a veces saco mis 100 peso diarios, pero como ya soy hombre solo, pues hace años mi esposa murió y mis hijos ya han hecho su vida aparte, con lo que me gano de la venta acompleto para irla pasando.
Asegura que no siempre su vida fue de necesidad:
-Cuando era joven y trabajaba de albañil o en lo que se pudiera, era distinto, ganaba mis buenos centavos, los que nunca me faltaron para alimentar a mis muchachos y a mi mujer; pero con la edad se acaban las oportunidades y empieza el batallar, pues aunque tengo casa propia, cuando llega el recibo de agua o luz, tengo que limitarme en la comida.
Don Toño, como lo conocen en su colonia, menciona que a pesar de ser un hombre de trabajo, ya que su día comienza a las siete de la mañana, hora en que sale de su casa para dirigirse al negocio de dulces en donde lo surten de mercancía suficiente para vender en la vía pública; no la tiene fácil:
-Ando de calle en calle, como a las cinco de la tarde es cuando la esperanza de tener más venta se acaba y me regreso a mi casa, así es siempre, para mi estos días de enero son los de más poca venta, porque luego luego se ve que la gente no trae en el bolsillo centavos para antojos callejeros.
Historias similares, que como un rosario interminable dan cuenta de que la cuesta de enero es una realidad persistente en donde la línea entre las necesidades y los apremios económicos son el pan nuestro de cada día:
-Cuando me dicen de la cuesta de enero, yo le agrego que también la de febrero, marzo, abril y todo el año; como jefa de familia tengo que venirme con todo y mi niño más chiquito a vender lo que se pueda aquí al centro, porque de plano con lo que me gano de lavar y planchar ajeno no me alcanza ni para darles las tres comidas a mis dos niños, el más grandecito lo tengo que dejar encargado con una vecina, ya que no tengo familiares aquí, y el más chiquito de cuatro años me lo traigo al centro, me compro mi bolsa de chicles y lo que venda es ganancia
Comparte Leonor Mendiola López, quien a sus 27 años de edad y trabajadora doméstica admite que es difícil sortear los gastos familiares con un sueldo de 500 pesos que se gana trabajando en una casa:
-Mucha gente dice que enero es difícil, para mí lo son todos los días del año, sobre todo para quienes somos madre y padre, mi esposo nos abandonó hace cuatro años, dándose por perdido así que es doblemente difícil, sobre todo porque no tengo estudios ni manera de conseguir un trabajo en dónde me den prestaciones y un sueldo suficiente para sobrevivir.
Agrega:
-Por eso si me preguntan por la cuesta de enero, para los pobres todos los días es vivir cuesta arriba.
Igual piensa la señora Patricia Cruz González, trabajadora de un puesto de fritangas en el centro de la ciudad:
-En diciembre lo poquito que teníamos nos lo gastamos, incluso en mi caso para que mis hijos tuvieran un regalito fui a pedir fiados y en abonos chiquitos unos juguetes, ahora empiezo a pagar las consecuencias pues enero no solo nos encontró con los bolsillos vacíos sino también con los cobradores en la puerta, esto es enero, pero igual los meses que le siguen.


