Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Ser oposición

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Hay ocasiones en que el ser humano entiende cuál es su rol en la sociedad, y otras en las que de plano, estorba, afecta, o simplemente, participa de forma tal que incomoda a sus iguales con detalles que van de lo ilógico a lo absurdo y otros calificativos más fuertes.
Apenas la jornada anterior los representantes de partidos políticos en la LXI legislatura tamaulipeca nos dieron una lección de civilidad, estableciendo su postura ante el trabajo que inician con mucho ánimo, y donde privilegiaron la disposición de dialogar antes de enfrentarse, sin que lo anterior quiera decir que habrá sumisión, pero sí se ha manejado un ambiente de respeto a los demás, para poder defender las ideas y posturas con la madurez que el hecho lo requiere.
Sin embargo, este miércoles sucedió lo que no queríamos para la capital: los miembros del Cabildo de Victoria iniciaron sus trabajos con pleitos clásicos de esos que dicen llamarse representantes populares, que dicen ser de oposición, aunque la verdad sea dicha, son miembros de una oposición, pero a la razón, a la verdad, a la inteligencia y la tolerancia.
No se entiende que la oposición tenga que, necesariamente, estar en contra de todo lo que se dice o hace por parte de los que están enfrente. Además, no se olvide que democracia es dar el poder al pueblo, y en estados como el nuestro, ser simpatizante de ésta quiere decir que se respetará y apoyará la decisión de las mayorías, que será tomada en cuenta siempre que resulte. Eso es democracia: que quien tiene mayoría se impone, y punto.
La oposición en Tamaulipas ha tenido brillantes exponentes que, con juicio crítico han dejado una huella tanto en el Congreso del Estado como en algunos Cabildos; son gente preparada que tiene su punto de vista muy respetable, aunque no sea compartido por la mayoría, por lo general, de formación y extracción priísta.
Pero, en contraparte, también existen personajes que rayan entre lo ridículo, lo obcecado, lo poco brillante y lo necio, sin dejar de reconocer una total falta de inteligencia y sentido común. Son esos que consideran que ser de oposición es mentarle la madre al que gobierna, criticar sin ton ni son lo que se establece e inconformarse con todo, inclusive, con la vida misma. De esos, desgraciadamente, abundan en nuestra comunidad política.
Victoria tiene el tino de contar con un excelente elemento al frente de la presidencia municipal: Miguel González Salum es un ciudadano comprometido con su trabajo y su causa, con la comunidad y además, cuenta con la preparación necesaria que seguramente le hará, como en ocasiones anteriores, cumplir cabalmente con la responsabilidad que hoy ostenta.
Ya fue diputado federal y dirigente estatal del sector popular en su partido, el Revolucionario Institucional, y hoy, como alcalde, seguramente pondrá a trabajar todo su esfuerzo, su talento y a su equipo de trabajo para que Victoria tenga los resultados que todos esperamos.
Miguel es un buen político, en toda la extensión de la palabra, pues.
Pero dentro del Cabildo existen representantes de partidos opositores al PRI que no han entendido que su función es colaborar para gobernar en forma justa, honesta y eficiente. Lo demás, la ideología de cada quien debe quedar a un lado, porque su responsabilidad, hoy, es el municipio de Victoria, sea cual sea el color de su logotipo.
Hay que imaginar que Ruth Vázquez, regidora panista ha pedido la regularización de ¡17 colonias!, porque argumenta que no tienen servicios públicos básicos, y seguramente no ha estudiado el caso del por qué, ya que muchos asentamientos irregulares son precisamente eso por las condiciones del terreno, y porque fueron invadidos y ocupados en forma poco clara.
No conforme con ello, sacó a relucir los problemas de siempre: la envidia de que haya gente que tenga familiares dentro del aparato oficial, en cualquiera de los tres poderes, y arremetió contra la regidora Amelia Rincón Tuexi, a quien atacó en forma personal y poco clara.
¿Es ese el tipo de servidores que necesitamos? Definitivamente no. No es posible que lleguen a un cargo y pretendan argumentar cualquier cosa y justificar sus frustraciones y su coraje porque pertenecen a una institución política que no tiene mayoría en la entidad.
No es tiempo de estar enfrentándose. Ya la diputada Guadalupe Flores de Suárez nos regaló una buena lección de civilidad política, al igual que los coordinadores parlamentarios, como para caer en esos asuntos que hacen mucho daño a los gobiernos de todos niveles.
Ya ve usted, por ejemplo, se pelean dirigentes a nivel nacional y nada bueno sale de eso, únicamente se fomentan las rencillas y los deseos de venganza que poco o nada dejan al país.
Ojalá que este tipo de servidores entiendan por qué llegaron, aparte de la casualidad que otorgan las prerrogativas electorales, y se pongan a trabajar en bien de la comunidad, que, finalmente, es la que les va a cubrir sus salarios durante tres años, y lo hará en forma por demás decorosa.
Eso queremos: servidores comprometidos, no peleoneros de callejón, de los que poco o nada aportan a la sociedad.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!