Uno de los retos de cualquier gobierno es, sin duda alguna, el fomento al empleo, dadas las circunstancias últimas que nos ha tocado vivir. El desempleo se ha incrementado por todas partes, y los motivos no son tan sencillos.
Por una parte, la situación de crisis mundial que ha orillado a diversas empresas a cerrar plantas, fábricas, almacenes e inclusive oficinas, con el consecuente despido de miles de personas; esto se vive en todo el mundo, pero nos preocupa México, donde las cifras oficiales aseguran que ha crecido un poco el hecho de que haya gente con un trabajo seguro, o al menos, con la certeza de que lleven de comer a sus hogares por un tiempo no muy prolongado, lo que seguramente permite también combatir la delincuencia: cuando la gente tiene forma honesta y digna de vivir no se dedica al crimen, y eso baja índices de robos y asaltos, entre muchas otras cosas.
También hay factores que han orillado a quienes tienen poder de decisión a pensar que deben irse a otros lares, ocasionando zozobra en muchas familias que tenían una forma digna de vivir, y hoy no tienen idea de dónde buscar para sacar dinero que les permita enfrentar sus compromisos básicos, aunado a los créditos adquiridos con una aparente seguridad, que hoy no se tiene y que seguramente les hará caer en cartera vencida y en el odiado Buró de Crédito.
Las personas que tenían a sus hijos en escuelas privadas han optado por la búsqueda de alternativas académicas menos costosas, lo que también constituye otro problema familiar. Muchas causas han llevado a pensar en forma pesimista acerca de lo que se vislumbra para nuevos tiempos.
En Tamaulipas se ha llevado a cabo una intensa labor para fomentar el empleo: un sinnúmero de obras dieron trabajo a miles de tamaulipecos en los años anteriores al presente, y hoy, el gobierno ha instrumentado las primeras pautas para que la gente tenga tranquilidad laboral… y económica, que es la base de la tranquilidad.
En este sentido, es justo recordar que el gobernador Egidio Torre Cantú elevó a secretaría la dependencia a cargo de aspectos del trabajo, y ya ha tenido sus primeras acciones, una de ellas, la reunión sostenida con funcionarios del Servicio Nacional del Empleo, instancia que busca que la gente pueda emplearse en forma adecuada.
Y seguramente, cuando concluya el diagnóstico que hacen todas las dependencias del gobierno tamaulipeco arrancarán un sinnúmero de obras y acciones tendientes a que todo mundo pueda gozar de un trabajo, y de la misma manera, colaborar en el progreso del Tamaulipas que todos amamos.
El derecho al trabajo es sagrado, es la base de la economía familiar y comunitaria, de ahí que todos tengamos ese privilegio, sin embargo, algunas noticias que llegan de municipios fronterizos no son muy halagadoras que digamos, porque se informa que han sido despedidos algunos elementos de la tercera edad que prestaban sus servicios en asuntos de vialidad.
Recordemos que los “viejitos” que buscan trabajar es porque lo necesitan, porque viven solos y no tienen familiares, o porque no alcanza para que vivan dignamente, luego de haber entregado una vida al servicio de una empresa, dependencia o nación.
Es injusto, desde nuestra óptica, que se les despida porque han cambiado los proyectos.
De la misma manera, ha habido un número importante de tamaulipecos que laboraban en dependencias municipales y estatales que han sido despedidos porque hay gente nueva que viene a ocupar esos puestos, a lo que surgen interrogantes en el sentido de que esa gente tendrá que buscar alternativas para vivir, y no es fácil, cuando uno pasa los 30 calendarios, encontrar un empleo.
Debiéramos copiar un poco a los orientales que aprovechan la experiencia de los viejos y los ocupan en diversas partes, ya que con los años que tienen de trabajo pueden aportar muchas cosas que los jóvenes, más preparados que nunca, no tienen forma de aprender si no es con la edad.
Y es cuando toma validez el hecho de que en muchos países europeos, llamados de primer mundo, los puestos se entregan por oposición, es decir, no llegan los amigos o recomendados sino los que tienen más capacidad, como debería ser en todo el mundo.
No es nada agradable que de repente lleguen y le pidan a alguien su renuncia y de la noche a la mañana quede sin ingreso, sin retribución por su fuerza de trabajo, o sin su compensación que durante algunos años estuvo devengando. Es algo que no compartimos, porque afecta a muchas familias.
Es aquí donde esperamos que autoridades del Ejecutivo y del Legislativo consideran la posibilidad de instrumentar por ley la oposición a cualquier cargo, a manera tal de que si alguien tiene capacidad pueda contar con la confianza de no perder el empleo en cada cambio de administración, lo que implica estrés, zozobra, angustia y depresión, pudiendo llegar a aspectos con una consecuencia poco agradable.
Todos tenemos derecho a trabajar, y si los que vienen llegando no nos conocen, sería interesante que nos dieran la oportunidad de demostrar nuestra valía y fuerza de trabajo, y la posibilidad de conservar el ingreso que tuvimos al menos durante los últimos años. Sería una acción social y políticamente justa.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!