Hugo Reyna/EnLíneaDIRECTA
Victoria, Tamaulipas.- Quizás el momento de mayor esplendor para Ricardo Gamundi Rosas como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI fue a mediados del 2009, cuando se aseguró un segundo período como jerarca de los priístas tamaulipecos, luego de aquel “carro completo”- el segundo de su labor partidista- que ya desde entonces mostraba visos de daños mecánicos que el propio Gamundi desestimo y se dio la concesión de seguir “corriendo” hasta que no pudo más.
Los tiempos se le vinieron encima y hoy ha pasado frente al patíbulo popular de los priístas que desde los cómodos asientos de delegados, consejeros, ex alcaldes, presidentes municipales, legisladores, pero sobretodo priístas agraviados, festinaron su sacrificio e inmolación frente a los nuevos tiempos que lo alcanzaron.
Era necesario el trago amargo de la humillación en la plaza frente al populacho que evocando un pasaje de la guerra libertaria en Francia, se formó una muchedumbre en su entorno, ávida y con el morbo escandaloso de ser audiencia convocada para la ejecución sumaria, pidiendo la cabeza del condenado y escarmentar así a la realeza.
Y sí, Ricardo Gamundi tuvo que soportar el tener que ofrecerse como sacrificio pagano y al ser lanzado a la hoguera ha pagado en la mejor manera sus pecados y redimido bajo la promesa de marcharse de Tamaulipas para no volver, es echado del paraíso que lo encumbró políticamente y a partir de entonces con el sudor de su frente tendrá que trabajar para ganarse una nueva posición en otros sitios hostiles y difíciles, esa será su penitencia.
Ricardo Gamundi Rosas presuntuoso y extremadamente confiado de su fortaleza cifrada en el ex gobernador Eugenio Hernández Flores, vio caer su castillo de naipes, construido en un endeble andamiaje, en donde acumuló agravios y enemistades, algunas que imposibles de esperar, apenas iniciado el 2011 le han pasado las facturas de sus excesos y hoy es lanzado al destierro.
Los tiempos canallas lograron detener su paso, y en el festejo popular de los priístas de verlo caer desde su encumbrada posición, marcan el fin de unos tiempos, en donde un presidente del PRI alguna vez se sintió con más poder que el gobernador en turno.
Esa osadía le ha costado muy caro, pero es apenas el pretexto para haber sacudido al árbol y dejar claro y contundente el mensaje que en los nuevos tiempos del PRI, no habrá espacios para más Gamundis.
Son los tiempos canallas, en donde el priismo se ha dado la concesión muy personal de ajusticiar en juicio sumario a uno de los suyos, aquel que desplegaba soberbia y pisoteó militancias respetables y añejas.
Fue el fin de un político y ocaso de una ascendente carrera que en menos de un año y medio culminó con una vergonzosa salida de la entidad, pero no así se abandona la actitud retorica y altanera, el solo desafío que entraña el tiempo por venir, garantizan que a donde quiera que arribe, habrá Ricardo Gamundi para rato, aunque seguramente sus tiempos serán otros sin el aura y manto de la protección solapada e impunidad disfrazada de torcido liderazgo que pudrió todo a su paso.