Nunca han sido buenas las comparaciones, sin embargo, no podemos dejar de hacerlas cuando vemos alguna información confirmada de algo, bueno o malo, que sucede en algún punto del mundo que conocemos y que añoramos, o que nos gusta, y quisiéramos que las cosas buenas se reprodujeran en nuestra entidad, aunque las malas, por lógica, que se fueran lo más lejos posible. El asunto del empleo es un tópico mundial en los aspectos de promoción o de difusión, de cobertura o de falta del mismo.
Comentarios con amigos de Galicia nos han orillado a poner los ojos en comunidades pertenecientes a países “desarrollados” o de Primer Mundo como son los europeos. Galicia es una región cuya importancia lleva a un adecuado desarrollo de diversas áreas productivas y de investigación.
De un total de 45 millones, 152 mil 925 habitantes en España, Galicia cuanta según el Instituto Nacional de Estadística, con 2 millones, 797 mil 653 ciudadanos, y cuenta con un 14.9 por ciento de personas en paro, es decir, sin empleo, lo que nos arroja la cifra de 416 mil 850, según datos del organismo oficial. ¿A dónde nos llevan estos números? A pensar y afirmar que el desempleo es un asunto mundial que afecta a toda población, y no como se ha manejado en ocasiones en México o Tamaulipas, por culpa de una sola causa.
Existen muchísimos factores por los que hay desempleo, y este fenómeno es natural que afecte sustancialmente la vida de las familias. Cientos de personas se preparan académicamente para buscar mejores opciones, aunque a fuerza de decir verdad, no es suficiente. No hay nada que garantice que el tener cierto nivel de conocimientos signifique una seguridad laboral y económica.
La Voz de Galicia publica este día 22 que existen en esa comunidad 56 mil 600 titulados universitarios sin empleo, jóvenes que han estudiado, viajado, peleado con las lenguas extranjeras, que cuentan con uno o dos másteres –maestrías- y en ocasiones hasta doctorados, pero no hay trabajo para ellos.
El contar, como dice Eloi Sobradelo, con jefes que tienen menos estudios también se presenta allá: las recomendaciones y demás funcionan en todo el mundo, y son tan dañinas para ellos como para nosotros.
Aunque no recoge datos específicos para la comunidad, el informe de la OCDE sobre el panorama de la educación en España muestra cómo el porcentaje de españoles de 25 a 64 años cuenta con estudios superiores a los obligatorios ha crecido en diez años: del 33 por ciento que existía en el año 2 mil, hoy es el 51 por ciento el que tiene más estudios que los de rigor, índice muy por encima de los parámetros de la Unión Europea.
También dice la estadística que unos 31 mil 896 licenciados gallegos siguen viviendo con sus padres por falta de ingreso que les permita independizarse.
La situación académica no promete seguridad laboral en ninguna parte del mundo, y en México, el fenómeno se potencializa por la costumbre de dar trabajo a quien no tiene formación adecuada, tal y como algunos exigen a los gobiernos, por el hecho de “haber estado en la campaña”, como sucede con dirigentes sindicales del magisterio, por ejemplo.
Sirva también el testimonio de una joven gallega de 33 años, quien asegura que un doctorado no vale lo que debiera. Ella fue becada y se graduó con “Cum Laude”, el máximo reconocimiento académico, pero teme concluir y no encontrar empleo, contrario a lo que sucede en Holanda, donde estuvo haciendo una estancia. Asegura que allá “cada doctor tiene que trabajar en la docencia y en la investigación una vez terminados los estudios para rentabilizar lo que han invertido en tu formación”.
Como podemos ver, en todas partes “se cuecen habas”, y las universidades públicas tienen programas muy interesantes para prepararse, e inclusive, el CoNaCytT maneja becas para ser maestro en tal o cual área, o doctor con especializaciones.
Y luego, ¿Qué sigue? Lo de siempre: esperar una recomendación para obtener un trabajo que garantice el ingreso por tres o seis años, y a temblar de nuevo, porque no nos hemos acostumbrado a reconocer la capacidad de cada persona.
Aún vale lo otro, lo que daña a una sociedad y que nada tiene que ver con ese término tan trillado que es la “Justicia Social”, porque, definitivamente, no puede ser justo que una persona con más de 20 años efectivos de estudios, logre doctorarse y tenga salarios que son inferiores a quienes manejan ciertas profesiones a nivel técnico. Hay dependencias –PEMEX CFE, entre otras- que tienen salarios más elevados para un obrero o personal administrativo que en otras partes para alguien con nivel de doctorado en sus estudios.
Es por eso que, sería muy interesante dar la oportunidad a los jóvenes que comienzan su vida laboral, pero sin olvidar a quien se ha preparado muchos años de su vida para enfrentar nuevos retos, quien tiene la capacidad y conocimiento necesarios que le permitan aportar algo más que la simple fuerza de trabajo.
A esas personas que nos preparamos, que dejamos muchos años de nuestra vida en leer, analizar y estudiar, también se nos hace justo aspirar a un empleo digno, acorde al esfuerzo realizado. El desarrollo social tiene mucho que ver con los jóvenes, pero hay una generación entre éstos y los de la tercera edad que también comemos, tenemos necesidades y a gritos pedimos ser tomados en cuenta en forma justa.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!