PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Tan pronto se “derrumbó”?

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AHORA resulta que la Torre Bicentenario de 23 pisos, monumento emblemático del Parque Bicentenario, obra cumbre del sexenio de EUGENIO HERNANDEZ FLORES, no reúne las condiciones necesarias para ser utilizada de manera funcional.
El imponente edificio que resguardaría oficinas gubernamentales, de acuerdo al proyecto inicial, no es bien visto por los nuevos servidores públicos.
Lentitud en los elevadores, incapacidad del clima artificial, ausencia de transporte colectivo y falta de vigilancia policial es lo menos que ha salido a relucir en esa costosa obra del virreinato geñista.
Por todo lo anterior, los flamantes secretarios y directores prefieren seguir despachando en sus oficinas tradicionales en franco desaire -momentáneo, si Usted lo prefiere, pero desaire al fin- por lo disfuncional, en opinión de los futuros inquilinos.
Inicialmente, la crítica constructiva, no la de los aplaudidores oficiales, hacía hincapié en el millonario gasto gubernamental y si las necesidades y presupuesto efectivamente equilibraban eso del costo-beneficio.
Con bombo y platillo se inauguraron tales instalaciones a pesar de que los trabajos no concluían aún al cien por ciento.
Por tratarse de la obra emblemática del gobernante ojiverde no se escatimaron recursos económicos para aterrizar el proyecto e, incluso, forzadas jornadas de trabajo.
La publicidad oficial y los bienquerientes de HERNANDEZ FLORES colocaron la cereza del pastel de esa obra que requirió de más de 3 mil millones de pesos y que ahora resulta que no garantiza la funcionalidad adecuada.
Como es práctica común en cada período sexenal, los contratistas consentidos del régimen se despacharon con la cuchara grande a la hora de la millonaria inversión que, entre paréntesis, mañosamente fue proyectada para ejecutarse en el llamado “año de Hidalgo”.
Prácticamente, el Parque Bicentenario se convirtió en la tarascada final de quienes saquearon las arcas estatales, y no tan sólo eso, sino que dejaron hipotecado al estado para los próximos 30 años.
Lo malo del caso es que la obra cumbre del ahora ex mandatario estatal EUGENIO HERNANDEZ FLORES está convertida en un elefante blanco.
Tan sólo la distancia del centro de la ciudad es un factor que ha causado inconformidad entre los empleados gubernamentales, por el inminente incremento en su gasto por concepto de combustibles y refacciones de sus unidades motrices.
Aquellos que no poseen un automóvil tienen un problema y malestar mayores al no existir transporte urbano colectivo hasta la zona en donde se localiza el nuevo edificio que albergará las principales secretarías y direcciones estatales.
Quienes planearon el proyecto se olvidaron de detalles cruciales, concentrándose, según parece, en inflar presupuestos para hincarle el diente al erario estatal, obviamente, con el consentimiento de EUGENIO HERNANDEZ FLORES.
En consecuencia, lo que en un principio parecía la rúbrica al término de la obra de arte se ha convertido en una cloaca que ha dejado al descubierto parte de la podredumbre del pasado sexenio.
Ahora que, si la versión que circula a través del ciberespacio referente a una inclinación de varios grados sobre uno de sus costados es verídica, la Torre Bicentenario habría nacido con muy mala estrella.
De acuerdo a esa información extraoficial, las puertas de las oficinas de los últimos pisos del imponente, caro e infuncional inmueble tienen problemas para cerrar o abrir normalmente.
Una falla en el subsuelo combinada con un equivocado cálculo técnico de ingeniería civil serían las causas de la por ahora muy leve inclinación.
Respecto al endeudamiento de la entidad por ejercer presupuestos con recursos del futuro, tal parece que el mal ejemplo cundió en los principales ayuntamientos en la esquina noreste del país.
OSCAR PEREZ INGUANZO en Tampico, RAMON GARZA BARRIOS en Nuevo Laredo, ARTURO DIEZ GUTIERREZ en ciudad Victoria, ROBERTO BENET RAMOS en Río Bravo y OSCAR LUEBBERT GUTIERREZ en Reynosa, entre otros, son alcaldes que pasarán a la historia por su voracidad a la hora de ejercer sus respectivos presupuestos.
Los relevos de esas ínsulas actualmente batallan, y batallarán más a lo largo de sus gestiones, para equilibrar el compromiso de pago a instituciones crediticias con la cobertura del gasto corriente e inversiones directas en infraestructura urbana.
A juzgar por lo que se percibe, tal parece que el período sexenal geñista y las administraciones municipales llevan mano en lo que se refiere al manoteo al erario, superando, incluso, a la corrupción yarringtoniana.
En ese contexto, y con el objeto de devolver la confianza a los ciudadanos tamaulipecos, el gobernador EGIDIO TORRE CANTU tiene una gran responsabilidad desde ahora que inicia su mandato constitucional.
Los días, semanas, meses y años por venir habrán de clarificar el rostro e identidad que el flamante mandatario estatal impondrá a su gobierno.
DESDE EL BALCON:
Otorgados los nombramientos del primer círculo torrista y concluido el relevo en la dirigencia estatal del PRI, muchos se preguntan acerca del futuro político del ex súper secretario MANUEL MUÑOZ CANO.
Los menos, el destino final del corrupto ex coordinador del programa estatal Unidos Avanzamos Más, RAMIRO CISNEROS TREAMER.
Y hasta la próxima.
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