Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Las inscripciones

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Cierto, ha llegado el momento de llevar a cabo las preinscripciones en las escuelas del país, y las oficiales presentan una problemática conocida por todos: el cupo en ciertos planteles.
En todo municipio y estado hay instituciones que tienen cierto prestigio y que son preferidas por los padres; recordemos que, como jefes de familia, siempre buscamos la mejor opción en todos sentidos para nuestros hijos, y las escuelas no son la excepción. Ya preguntamos o nos dejamos llevar por lo que la gente comenta.
En la capital de Tamaulipas existen ciertos planteles oficiales con una trayectoria envidiable desde hace muchos años: las primarias Lauro Aguirre y Leona Vicario son el claro ejemplo de ello. Todos buscamos que nuestros hijos ingresen a esos planteles, sin embargo, hay ya otras escuelas tan buenas como las arriba mencionadas.
Así encontramos en casi toda la ciudad algunas instituciones que manejan una buena calidad en la educación: los profesores están comprometidos con su trabajo y su causa, y los muchachos son objeto de exigencias naturales pero con mucha disciplina que les permite aspirar a ser buenos alumnos; los resultados los vemos en concursos de toda índole, locales, estatales o nacionales.
La idea de las primarias es otorgar el derecho constitucional a la educación para todo menor, y uno de los criterios que prevalece es el de los hermanitos, es decir, se busca que dejen solicitud los que tienen ya algún hijo en esa escuela. La medida obedece a facilitar a los padres el llevarlos y recogerlos. Difícil sería ir a una escuela para cada hijo; no nos alcanzaría el tiempo, así de sencillo.
Pero ya hay quejas, como siempre, y podemos asegurar que prácticamente en todos los rincones de la geografía tamaulipeca hay buenas escuelas. La idea era que uno inscribiera a sus hijos en la que se encuentra más cerca del domicilio, y así, batallar menos, pero somos afectos a buscar lo bueno, y entonces, difícil será que todos los niños de Victoria puedan ingresar a tres o cuatro primarias. Simplemente, es imposible.
Es por ello que se hace una preselección con los alumnos que tienen hermanos en edad de ingresar y no por un influyentismo que existe en una mínima escala, pero que en ocasiones nos hace perder los estribos, y se reconoce, aunque es justo mencionar que los profesores se encuentran en una problemática seria: si tienen 100 o 200 lugares y 500 solicitudes, ¿qué hacer?
No son magos, y no todos pueden ingresar a esa institución.
El derecho constitucional existe y es válido, pero el lugar no lo hay, por lo que se hace necesario tratar de entender a los directores que aplican el criterio de los hermanos en primera instancia; en segunda, el domicilio, y si quedan lugares –que es prácticamente imposible- entonces se abre a otros aspirantes.
No pretendemos justificar los filtros existentes, pero apelamos a la comprensión de quienes tenemos hijos para ingresar. No es posible que todos vayan a donde queremos, porque existen, como nosotros, miles de padres de familia con aspiraciones, sueños y deseos igual que todos, y absolutamente todos tenemos el mismo derecho. Nadie es más que otro en este caso, o al menos, así debiera ser.
Luego, la eterna queja de las cuotas: en ese sentido, hemos defendido la existencia de las mismas, porque los presupuestos de las dependencias oficiales, en este caso, de Educación, difícilmente enfrentan los gastos de mantenimiento que históricamente son enfrentados por las ligas y asociaciones de padres de familia.
Y es que llega a cansar el cúmulo de quejas que vemos a través de medios de comunicación de esos padres que llegan a destiempo y quieren que les estén apartando el mejor lugar a sus hijos.
Hay que recordar: nuestros herederos son lo más importante para cada padre o madre de familia, pero es muy claro: no son los únicos niños del mundo, y como ellos, hay miles solo en Victoria, y todos tienen el mismo derecho en todos sentidos: nadie es especial, o al menos, legal y humanamente no debería serlo.
Y en ese sentido, todos los niños tienen los mismos derechos, y los padres también el de buscar las mejores alternativas, pero hay que sujetarnos a lo que hay y donde lo hay.
Insistimos: hay buenas escuelas que no tienen tanta fama como las que mencionamos en principio, pero la calidad existe. Claro, también hay uno que otro profesor que da miedo toparse con él en el grupo de los hijos. La educación pública tiene sus altibajos, sí, pero hay cosas que se pueden rescatar y que nos han permitido a muchos tener buenos estudiantes en nuestros herederos, egresados de éstas.
No minimicemos a ningún plantel, todos tienen sus cosas, y si como padres participamos y apoyamos, seguramente se logrará cerrar el círculo de la calidad educativa: alumno-maestro-directivo-padre. De esa forma, los nuestros serán chicos de excelencia.
En tanto, no nos quejemos y busquemos las alternativas que el sistema educativo oficial nos ofrece, que lo hace con la mejor de las intenciones.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!