PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Luces y sombras?

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LA visita del gobernador EGIDIO TORRE CANTU a Matamoros, la semana pasada, despejó algunas dudas y dejó entrever la nueva forma de gobernar en el presente sexenio.
De entrada, quedó claro que la imagen mediática impresa y electrónica manejada por su equipo post electoral no corresponde necesariamente a la realidad.
TORRE CANTU, durante sus entrevistas con el alcalde ALFONSO SANCHEZ GARZA y su gabinete, con representantes de sectores productivos, con editores y concesionarios de medios de comunicación, con reporteros de la fuente y con ciudadanos acarreados, mostró un semblante diametralmente opuesto al proyectado anteriormente en la pantalla chica y en medios impresos.
Aclarando que su bigote blanco no es sinónimo de edad avanzada, el mandatario estatal aprovechó la coyuntura para el clásico “rompehielos”.
Con buen ánimo, a pesar de la temperatura en punto de congelación, saludó de mano a la gente que desafió el viento helado y que fue apostada en la explanada de la plaza principal, justo a la entrada a la presidencia municipal.
Igualmente, intercambió impresiones con los integrantes del ayuntamiento y organismos camarales y empresariales. De manera individual sostuvo entrevistas con los editores y concesionarios de prensa, radio y televisión, en la oficina del Jefe de la Comuna.
La opinión generalizada fue en el sentido de que el Jefe del Ejecutivo Estatal es una persona que sabe escuchar, a pesar de la imagen de duro e intransigente que la publicidad mediática le ha hecho parecer.
Lo anterior podría ser la cara amable de la moneda.
Respecto al nuevo estilo de gobernar, quedó más que claro cómo habrá de ser la relación entre gobernante y gobernados en los siguientes seis años.
Policías estatales y municipales, militares integrantes de la escolta personal y vallas metálicas serán, en lo sucesivo, parte de las herramientas a utilizar en los actos públicos que encabece el gobernador EGIDIO TORRE CANTU.
Cierto es que las trágicas circunstancias que preceden a la asunción del actual gobernante obligan a extremar las medidas de seguridad en el lugar a visitar.
Sin embargo, también es una realidad la opinión de una gran mayoría ciudadana que no comulga con el entorpecimiento de la actividad cotidiana y que le da lo mismo la presencia o ausencia del mandatario.
El cierre al tráfico vehicular en dos cuadras a la redonda del palacio municipal y la revisión de cada persona que transita en ese sector del Centro Histórico son hechos reprobables que manchan un buen propósito.
Lo mismo en Nuevo Laredo que en ciudad Mier, Reynosa, Tampico, Matamoros y, más recientemente, en ciudad Madero, las críticas en ese sentido son el común denominador.
Desafortunadamente, el excesivo y notorio aparato de seguridad en el entorno y en lo personal del gobernador TORRE CANTU deja, en automático, una sensación de temor entre los ciudadanos.
Nada que a estas alturas del partido los habitantes en la esquina noreste del país desconozcan. No obstante, la seguridad que muestre un líder o gobernante será la tranquilidad que refleje a sus representados.
Una revaloración del esquema de seguridad, que al tiempo que cumpla con su primordial objetivo genere el menor efecto colateral hacia los ciudadanos, redundaría en una mejor imagen del jefe político en la entidad.
Gobernar dentro de una burbuja que impida el contacto con los integrantes de la sociedad se convertirá, a mediano plazo, en la principal crítica ciudadana hacia el ingeniero TORRE CANTU.
Lo peor del caso es que se está convirtiendo en una práctica común el desaire del gobernador a los trabajadores -entiéndase bien, a los trabajadores- de la información.
Si bien es cierto que con los editores y concesionarios de medios la relación bien pudiera calificarse como “a partir de un piñón”, no ocurre lo mismo con los reporteros de la fuente, quienes únicamente tratan de cumplir con su obligación laboral.
La entrevista de banqueta y “corral de por medio”, como estaba contemplado en la gira por Matamoros, dejó un sabor amargo entre los “chicos de la prensa”.
Tal parece que los encargados de comunicación social del nuevo régimen estatal aún no se ambientan en su delicada misión.
Resulta incorrecto e insensible desairar a los reporteros de prensa que tan sólo cumplen con su trabajo.
Además, la falta de coordinación obligó a los trabajadores de la información a permanecer más de tres horas en espera de la entrevista, la cual, por fortuna, no se llevó a cabo en el “corral” montado en el estacionamiento de la presidencia municipal sino en la escalinata de la casa del pueblo, por las condiciones climáticas.
Si el motivo se origina en un protocolo de seguridad, resulta infantil tan sólo imaginar que los escoltas del Gobernador no sepan distinguir una cámara fotográfica o una grabadora de un rifle de asalto o una granada de fragmentación.
Ahora bien, si las entrevistas de banqueta o sobre la marcha son para evitar cuestionamientos embarazosos, tan simple y sencillo que resulta solicitar a los editores y concesionarios de medios de comunicación que ordenen a sus empleados que no hagan tal o cual pregunta.
Así de sencillo.
Y hasta la próxima.
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