Ma. Teresa Medina Marroquín
“La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio”
Antoine de Saint-Exupery
Para los cristianos escuchar la palabra éxodo nos transporta casi inmediatamente a Egipto, el país que ahora convulsiona por una ola de violencia popular que demanda la salida de su eterno presidente.
Y como remembranza bíblica, este país del norte de África es testigo otra vez de oleadas de extranjeros que buscan afanosamente regresar a su tierra.
Vaya, hasta algunas decenas de mexicanos acapararon la atención de los medios de comunicación internacionales.
Sí, los éxodos están de moda.
Y es que aquí en Tamaulipas aún no terminamos de digerir lo que en su momento mal llamaron los medios de comunicación nacionales como el “Éxodo de Ciudad Mier”.
Aún están en nuestra mente las imágenes de las familias desplazadas de su ciudad de origen ante el incremento de la violencia, y es que dieron la vuelta al mundo, al igual que las que ahora vemos del aeropuerto del Cairo.
¿Y qué me dice de los cientos de tamaulipecos que han tomado por asalto diversas zonas residenciales del Valle de Texas?
Son las familias pudientes que han tenido que cambiar de piel huyendo de la inseguridad, pero claro, este éxodo no satisface el morbo de las televisoras nacionales, como los de las clases bajas y medias de Ciudad Mier, por eso ha sido más silencioso.
Ah… los éxodos están de moda, pues el de Mier y el de los ricos no son los únicos que registra la historia reciente tamaulipeca.
El tercer éxodo lo escenificaron los nuevos millonarios de esta región de la patria: nos referimos, claro está, a los políticos que mandaron galleta en los últimos seis años.
Y si el desplazamiento de familias enteras de Mier atrajo la atención de la televisión nacional e internacional, y el de las familias pudientes continúa preocupando a las autoridades estatales, por la fuga de capitales, ¿quién extraña a los políticos tamaulipecos?
Este éxodo al que hacemos referencia no llama la atención de los medios de comunicación, mucho menos de las actuales autoridades estatales, pues mientras más inadvertido pase, para todos mejor.
El contingente capitaneado por ex secretarios, ex alcaldes y hasta dirigentes de partidos políticos hace tiempo que abandonó el barco tamaulipeco y no se ve por dónde puedan regresar.
Y sí, a diferencia de lo sucedido con la gente de Mier y con los empresarios, a estos otros que ahora viven en calidad de refugiados nadie les extraña, por el contrario, se fueron arrastrando el descrédito social por las fuertes deudas que dejaron en sus municipios y en el Estado.
¿O me dejarán mentir en Tampico?, ¿o en Nuevo Laredo? Ja, ni pensarlo en la capital en donde no se extraña a nadie de esos autoexiliados políticos.
Definitivamente, los éxodos están de moda y con ellos se fueron los Pérez Inguanzo, los Garza Barrios y una serie más de presuntos implicados en el saqueo al erario público.
Sólo algunos cuantos ex diputados lograron salvar el pellejo, son esos afortunados que se colaron a las pasadas campañas y que ahora despachan como alcaldes.
Gente como Alfonso Sánchez, Everardo Villarreal y Magdalena Pedraza, por citar algunos.
Sí, son ellos los que integraron la pasada legislatura estatal y que aprobaron todas y cada una de las cuentas públicas de los municipios que ahora gobiernan, y que ahora se desgarran las vestiduras por las finanzas que encontraron en las tesorerías.
Pero no se olvide, tanto peca el que mata a la vaca…
En fin, por ahora no nos resta más que desearle un excelente día, amable lector; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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