Si bien es cierto que son parte de nuestro estado, los vemos como vecinos, un poco distantes del hogar por aspectos que tienen que ver con su futuro. Son los cientos de jóvenes tamaulipecos que han decidido en conjunto con sus padres el realizar sus estudios en la capital de Nuevo León.
¿Las causas? Puede ser que argumenten mejor calidad en la educación o mayores oportunidades a futuro… hay muchas, la verdad, aunque para muchos es una realidad el tener hijos lejos de casa, estudiando y batallando como se batalla cuando no vivimos en casa.
No es fácil para los padres saber que nuestros hijos se encuentran en un estado distinto donde aún en nuestros tiempos hay gente que, al ver placas de automóvil de Tamaulipas los margina, los trata mal, y eso, los que hemos estado en Nuevo León, sabemos que es más que cierto.
Sin embargo, no podemos dejar de ocultar la realidad de un centenar –o más- de familias victorenses que hemos decidido tomar la decisión de enviar a los hijos a la formación allá, en aquella progresista ciudad del norte y que, bajo el Cerro de la Silla cobija muchas esperanzas de jóvenes tamaulipecos que tratan de culminar sus estudios en instituciones como la UDEM, ITESM y otras más, cuyo coste es demasiado elevado para la economía de muchos de nosotros, asalariados que no alcanzamos a cubrir en ocasiones las necesidades básicas del hogar.
Los estudiantes “de fuera” cuestan mucho dinero a sus familias, pero existen instancias para poder sufragar algunos de sus costes. Las becas, por ejemplo, funcionaron muy bien para los que desean salir avante, hasta que el programa se detuvo y no ha podido ponerse en marcha para apoyar a esas familias que aspiran a tener buenos profesionistas sin tener siquiera lo básico para mantenerse.
Por otra parte, el Instituto de Crédito Educativo también hizo su parte, la que se ha reconocido y aplaudido por los resultados obtenidos: se trata de créditos para los estudiantes que están allá, y los montos van de acuerdo a la institución. Recordemos que allá hay escuelas que salen de los parámetros de una familia de clase media –ITESM, UDEM y otras- pero que su calidad nos orilla a enviar a nuestros hijos a esos salone3s de clases.
Los créditos educativos se otorgan por cinco meses y uno más no se entrega; posteriormente, se vuelven a tramitar por cinco meses y uno fuera, es decir, los muchachos reciben el monto del empréstito por diez meses al año, lo que les permite sobrevivir, pagar parte de sus gastos y demás, aunque hoy la esperanza de muchos tamaulipecos está en “veremos”, porque no han recibido sus créditos, y es probable que pase más de un mes para ello, según se ha informado en la dependencia.
El presupuesto está proyectado, y la recuperación de los créditos anteriores permitía garantizar los créditos actuales. Hoy, los muchachos no saben qué hacer, y menos sus familiares.
El semestre académico comenzó en enero: había que pagar inscripción, colegiaturas, libros y útiles en general: las escuelas no se dan el lujo de esperar a que haya una firma o dos para que se pueda cubrir el adeudo. Si el muchacho n paga, es muy claro: no hay clases, no hay ingreso y puede causar baja.
En esa situación se encuentran muchos jóvenes tamaulipecos: esperando su crédito para apoyar sus estudios, y una gran mayoría cursa el penúltimo o último año de su formación académica.
La enorme inversión de tiempo y recursos puede irse a pique, porque, según indican en el ICET, no hay aún titular del mismo y nadie puede firmar las convocatorias y documentos correspondientes, lo que ha detenido todo trámite.
Los muchachos están angustiados porque tienen que mantenerse y pagar su escuela. Es un crédito que se les ofreció hace años y que ahora está detenido por un formulismo burocrático: la falta de firma.
¿Qué les decimos en las escuelas correspondientes? ¿Qué dentro de uno o dos meses habrá forma de pagar? Nos gustaría tener la certeza de que, directivos de estas instituciones regias pudieran decir: “no te preocupes, te aguanto”.
La realidad que viven estos jóvenes es probable que no sea del conocimiento pleno del titular de educación en Tamaulipas, preocupado por otros asuntos también importantes, sin embargo, tenemos que ser objetivos y solicitar a nuestros funcionarios de educación la manera en que se pueda liberar el recurso para cientos de estudiantes, que podrían perder su semestre o su formación académica por un mero trámite casi elemental.
Nadie quiere quejarse por muchos temores infundados –o fundamentados, quizá- pero el caso es que, a escasos 300 kilómetros de distancia tenemos a un buen grupo de tamaulipecos que no podrán seguir sus estudios si se detiene el trámite de sus créditos educativos.
Hay que recordar que para aspirar a los mismos se requiere ser alumno regular y tener buenas calificaciones; algo así como una beca, pero que se tiene que devolver. El problema es que ellos y las familias no podemos enfrentar estos gastos tan fuertes, y el apoyo que teníamos se ha detenido, porque no se ha decidido quién firmará las hojas.
Por el futuro de ellos, alzando la voz en representación de sus familias, hacemos el llamado para que puedan ellos seguir su preparación, y que los créditos sean liberados. Finalmente, ellos lo van a pagar, tarde o temprano. Es un asunto de sensibilidad social, urgente, necesario, pues.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!