Qué mejor que este lunes para navegar en el pasado y para escribir cada una de las letras de tu nombre, para que nadie te olvide.
Y es que todavía te sentimos entre nosotros porque nos cubriste con tu enorme colchoneta de lana y de rayas multicolores cuando hizo frío y con tu abundante calor capaz de desafiar a un invierno que es crudo.
Cómo olvidarte si sacudiste a los corazones huraños y con una rápida cirugía los moldeaste a tu gusto con una facilidad digna de un sagaz galeno.
Como no recordarte si te apoderaste sin pagar boleto de nuestra sonrisa, de nuestra magia y de nuestro sudor, el que se mezclo con el tuyo cuando pisaste las calles de las ciudades, las veredas de los ejidos y los grandes escenarios.
Como depositar tu imagen en un cajón si te vemos por todos lados en las fotografías que aun penden de las casas de muchas ciudades de Tamaulipas y en las calcas de los coches con tu sonrisa franca, abierta y petrificada.
Como hacerlo si tu mostacho se hizo famoso y tu corte de pelo cano impuso moda.
No se puede, es imposible, porque además tu nombre de origen germano tiene tres significados que te hubieran abrazado fuerte si hoy fueras nuestro gobernador.
Porque “Lobo Sabio”, “Aquel que gana batallas” y “El que busca la gloria” es el significado de Rodolfo y hacen honor a lo que rodeó tu figura iluminada por el tesón, la inteligencia y, sobre todo, por la bondad.
Qué mejor que este lunes que cumples 47 años para gritar odas a tu nombre y no a la mordaza, como lo describe en su poema Mario Benedetti.
Y es que Doctor las cosas hoy no son como tu las visualizaste y las soñabas.
Pintabas, tú, a un Tamaulipas que puja, que agrega, que aglutina y con el que no se juega.
Un Tamaulipas donde su población encajara bien en ese rojo corazón que utilizaste en tu campaña para identificarte totalmente con los indecisos y confundidos, quienes a estas alturas están convencidos de que no estuvieron equivocados al regatearte su apoyo.
Cuando puedas Doctor, procura darte una escapadita por aquellos que fueron tus terrenos donde sembraste una semilla que germinó, pero que ahora detuvo su crecimiento natural porque sin ti nada es igual.
Una vueltecita por un Palacio de Gobierno que luce poroso y frío y que a fuerza de las circunstancias ha dejado de ser la casa del pueblo.
Por esas calles feas y bonitas en las que disfrutaste del calor de aquellos que sinceros te abrían paso y que se peleaban por saludarte sin el peligro de recibir una picana.
De esos ciudadanos que no necesitaron camuflaje ni credenciales para acercarse a ti y sentir un abrazo fuerte y cariñoso o un jaloncito en la mejilla.
No Doctor, ya nada es igual, por eso todos te extrañan y se ven obligados a hacer tripas corazón para soportar todo aquello que tu no les enseñaste cuando fuiste su maestro.
Si, esa tarea que dejabas a diario a tus alumnos y que con tu varita mágica regalaba alegría y confianza porque conducía a incluir, no a lo contrario.
Doctor RODOLFO TORRE CANTU, te echamos de menos y muchos tamaulipecos aun se resisten a que la tristeza entre por sus puertas y por las ventanas, por donde solo deben penetrar el aire puro, las rojas rosas, la bandera bordada del pueblo y su victoria.
Y es que como el poema de Paulo Coelho dice: “Si estás triste sonríe, porque no hay mayor tristeza que no verte sonreír”.
Eso es lo que todos aquí Doctor, procuramos.
Aunque sea, forzadamente.
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