LOS sangrientos hechos ocurridos el pasado lunes -Día del Amor y la Amistad- en Nuevo Padilla y Matamoros habrán de ser tristemente recordados por los habitantes de ambas comunidades tamaulipecas.
El asesinato de 18 personas en aquella ciudad del centro de la entidad y las lesiones sufridas por nueve transeúntes, al estallar una granada de fragmentación en este puerto fronterizo, son sucesos que habrán de recordar la etapa violenta que se vive no tan sólo en el noreste del país sino en la mayor parte de los estados de la República Mexicana.
La masacre ocurrió justamente horas antes de que el PRI tamaulipeco recordara lo que sería el 47 aniversario del natalicio del ex candidato a la gubernatura, RODOLFO TORRE CANTU, allá en ciudad Victoria.
También, a unas horas de que el alcalde ALFONSO SANCHEZ GARZA gestionara en la ciudad de México un millonario recurso proveniente del Subsidio para Seguridad Pública Municipal (SUBSEMUN).
Todavía no concluían las horas del tradicional día del amor y la amistad, cuando, en horas de la tarde, manos criminales hicieron estallar una granada de fragmentación en la zona peatonal, en los momentos en que ciudadanos de buen vivir realizaban las últimas compras alusivas al también conocido como Día de San Valentín.
La pérdida de vidas humanas en Nuevo Padilla, en su gran mayoría, correspondió a ciudadanos que tuvieron la mala fortuna de quedar en medio de un fuego cruzado entre sicarios de bandas delictivas antagónicas.
El hecho de haber estado en el lugar equivocado y a la hora equivocada fue el fatal destino de quienes nada tenían que ver en esa despiadada lucha que se está dando en la geografía tamaulipeca.
En Matamoros, el dolor y el terror hicieron presa entre quienes adquirían presentes para sus seres queridos en una negociación ubicada en la zona peatonal, en pleno Centro Histórico de esta ciudad norteña fronteriza.
Ambos sucesos han trastocado la tranquilidad de los ciudadanos tamaulipecos, quienes observan con tristeza como se está perdiendo el estado de derecho ante la impotencia de los tres niveles de gobierno para frenar el flagelo.
Apenas la sociedad matamorense se enteraba a través de los medios de comunicación del acto criminal en aquella zona comercial y no se reponía del asombro del acto de barbarie cuando, de nueva cuenta, otro suceso fue motivo de zozobra e incertidumbre: la amenaza de estallido de una bomba en el edificio de la presidencia municipal.
Por fortuna se trató de una broma de mal gusto, aunque ello no fue impedimento para que se desalojara el inmueble y los equipos de protección civil, agentes policiales y efectivos militares acordonaran el área en previsión de una nueva contingencia.
El ataque despiadado a civiles sin más objetivo que causar el temor entre la población y, en consecuencia, el reforzamiento de la vigilancia por parte de la milicia, principalmente, forma parte de la estrategia de guerra de las bandas rivales.
La masacre de indocumentados centroamericanos en San Fernando, el asesinato masivo en Nuevo Padilla y el granadazo sangriento en Matamoros son hechos violentos que han dado la vuelta al mundo, colocando en un mal estrado a Tamaulipas con todo lo negativo que significa para su economía y turismo.
Todo lo anterior, aunado a estallidos de coches-bomba en la capital cueruda, asaltos a mano armada en las carreteras y enfrentamientos en los principales municipios de los cuatro puntos cardinales de la entidad.
Tal y como lo hemos señalados en anteriores colaboraciones, la prioridad del actual régimen estatal es devolver la tranquilidad a los tamaulipecos.
Obras de infraestructura urbana y la continuidad de programas sociales por supuesto que interesan a los ciudadanos de esta ínsula del país.
Sin embargo, dadas las condiciones y circunstancias actuales en materia de seguridad pública, el progreso citadino, indiscutiblemente y desde esa óptica, pasa a segundo término.
Las reuniones interinstitucionales entre federación y estado también, obligadamente, es tiempo que arrojen resultados positivos y concretos para resguardar la tranquilidad y certidumbre ciudadana.
Recorridos de escolta en algunos horarios diurnos y nocturnos por parte del Ejército Mexicano, la Marina Armada de México y la Policía Federal podrían coadyuvar a proporcionar seguridad a los automovilistas y transportación foránea.
Lo anterior, en base a que está más que probado que los retenes de vigilancia o puestos de control ya no son elementos disuasivos en la actividad de los sicarios al servicio de los cárteles de la droga.
La Federación tiene la palabra.
Como se trata de un tema que seguramente traerá muchas consecuencias en la relación de México y los Estados Unidos, en la siguiente colaboración analizaremos el asesinato de un agente federal norteamericano y otro gravemente herido en carretera mexicana.
Y hasta la próxima.
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