Hugo Reyna/EnLíneaDIRECTA
San Fernando, Tamaulipas.-El gobernador del Estado, Egidio Torre Cantú presidió una reunión de trabajo en materia de seguridad, promoción turística y fomento en el municipio de San Fernando, evento al cual asistieron empresarios y representantes de la sociedad, así como el alcalde, Tomás Gloria Requena; el secretario General de Gobierno, Morelos Canseco Gómez; y el diputado federal, Edgar Melhem Salinas.
Fue un evento asistido por un hermético y estricto operativo de seguridad en todo el perímetro alrededor de la cabecera municipal de San Fernando, en donde participaron elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, Marina, Federal Preventiva y Estatal Preventiva.
El propósito de la visita del gobernador Torre Cantú fue más que obvia, mandar un claro y contundente mensaje de compromiso con la seguridad de los sanfernandenses, los mismos a quienes el discurso del gobierno federal panista los califica de “narcos y rateros”.
Más allá de los “manoseos” políticos e interpretaciones a modo –incluso de los medios-, el objetivo de la visita de Egidio Torre fue encaminado a sembrar certeza y tranquilidad en esta comunidad que ha sido foco de atención internacional ante los hechos de violencia, pero que nadie se ha tomado la molestia de caminar entre sus calles y escuchar las voces de sus gentes que con su experiencia adquirida con el tiempo y sortear los desafíos enfrentados y que nunca parecen llegar a comprender, continúan haciendo sus vidas con la normalidad de siempre.
El Palacio Municipal de San Fernando luce tranquilo, las unidades oficiales de las corporaciones policiacas y militares rondan las calles alrededor, no dejando ápice de terreno sin patrullar, adentro del inmueble el mandatario estatal -que por primera ocasión visitaba San Fernando- se coordinan acciones para superar la contingencia relacionada por la inseguridad y los hechos lamentables del hallazgo de fosas clandestinas.
Egidio Torre sale después de unas horas, poco antes de las 2 de la tarde, bajo un sol inclemente de 40 grados, escoltado al extremo, el mandatario tamaulipeco se despide en la puerta del Palacio Municipal de sus anfitriones y emprende el viaje de retorno a la capital del estado.
A su paso va saludando a gentes que van caminando por las calles al paso de su recorrido, la confianza gradualmente empieza a rondar el municipio, los elementos de la Policía Federal Preventiva, después de escoltar al Gobernador en su trayecto, retornan a puntos estratégicos para aplicar filtros de vigilancia y presencia.
A esa hora del día, la actividad parcial en las avenidas comerciales de San Fernando es igual a la de cualquier otro municipio, solo si algún fuereño mencionara los hechos recientes, no daría cuenta del lugar en que se encuentra, nada parece inspirar motivos de temor.
Los sanfernandenses continúan con sus actividades acostumbrados a superar los retos que implica su convivencia, pero no se marchan como aquellos que con más recursos tienen la manera de emigrar. “No se van porque son gentes que tienen arraigo en esta tierras, no es como la gente en la frontera fundada por movimientos migratorios, aquí las familias son moradores generacionales, aquí vivieron sus bisabuelos, abuelos, aquí nacieron ellos, por eso no se van”, dice el padre Hilario Noyola del Pozo, responsable de la Iglesia de San Fernando.
-Que bueno que haya venido el gobernador (Egidio Torre) y ustedes como reporteros, así verán que no ha pasada nada, seguimos trabajando, cuando había “baile” (balaceras) no habríamos los negocios, es más ni veníamos, pero ahora todo esta bien vigilado, salimos a trabajar como si nada-, afirma Carlos, dependiente de un mini-super ubicado en la carretera principal a este poblado.
En suma, es la expresión férrea de quienes se saben conscientes de sus riesgos y limitaciones, pero que a fuerza de constancia han creado una particular actitud de seguir viviendo en San Fernando, en seguir adelante con su vidas y sobretodo, han aprendido a dominar y controlar el miedo en una ciudad que desde la perspectiva ajena es “ingobernable” y “estado fallido”, aunque jamás esos juzgadores extremos hayan caminado sus calles y escuchado a los residentes que a diario luchan por el sustento como en cualquier ciudad.