Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Fuera invasores

México ha tenido algunos hechos que se registran en su historia con referencia a las invasiones vividas y rechazadas; Estados Unidos y Francia han querido tomar el territorio como propio y, aunque los vecinos del norte se posesionaron de un buen terreno por cuestiones que se achacan al entonces presidente Antonio López de Santa Ana, algunos otros historiadores manejan distintas versiones, como suele suceder con los textos que nos recuerdan nuestros orígenes: cada quien habla según como le fue en la feria.
El caso es que un cinco de mayo se llevó a cabo una batalla que marcó la historia de Puebla de Zaragoza, llamada así en honor al general Ignacio del mismo apellido que encabezó al ejército mexicano cuyo trabajo fue echar a los franceses que amenazaban con invadirnos.
Los aspectos de la historia, decíamos, son muchos, pero ya se ocupará quien se apasiona por la historia. Hoy recordamos al general Zaragoza y al grupo de valientes que tuvieron a su cargo la defensa del territorio mexicano con un gran éxito.
No podemos decir lo mismo en la actualidad, porque pareciera que las invasiones nos están acabando. Invasiones ideológicas, físicas y de otros tipos que nos afectan a los mexicanos y hacen que tengamos días, meses y años difíciles, más cuando autoridades federales han anunciado que habrá unos 7 a 9 años de problemas de seguridad. ¡Vaya ánimo que nos dan!
Decíamos que hay otros tipos de invasión, porque finalmente, las físicas que tenemos por costumbre ver en la televisión no se han dado en nuestro país: las tropas estadounidenses inmiscuyéndose en asuntos de otros países, jorobando la soberanía de muchos como sucedió en Panamá con el general Noriega, o en Irak, Afganistán, Libia y demás. Los grandes metiches en la historia moderna, los abusivos, los invasores…
Pero regresemos a la invasión ideológica: México ha perdido mucho de sus tradiciones gracias a una invasión inicialmente ideológica que fue reforzada por los avances tecnológicos actuales que nos permiten acceder a cualquier tipo de información en el mundo, sea cual fuere su objetivo o forma de expresión.
La más clara muestra la tenemos en la red de Internet, donde se puede acceder a todo tipo de información a través de las páginas web disponibles, y que suman millones en el mundo.
En este sentido, los mexicanos tenemos fama de ser un pueblo de gente que guarda sus tradiciones y valores, aunque en los últimos años se han derrumbado muchas cosas buenas, pero aún conservamos parte de la esencia que ha hecho de México el maravilloso país que tenemos, pese a todo.
Esa invasión a través de música, literatura y otras manifestaciones culturales y artísticas, así como políticas y religiosas ha dejado secuelas buenas y malas, pero ya depende de cada quien la manera en que se reciban y puedan llevar a la práctica… o desechar.
Vemos a nuestros muchachos imitar costumbres y vestimentas como ha sucedido siempre, desde que el hombre es hombre; muchos ya no recordamos que tuvimos la juventud plena y llena de imitaciones: los Beatles marcaron una época en varios de nosotros: pelo largo, vestimenta, lenguaje e ideología. De la misma manera, hemos copiado lo que pensamos que vale la pena, que sirve o que puede ayudarnos a cambiar nuestra forma de existir.
Cuando tocamos estos temas recordamos mucho a la población de Galicia, en España, porque vemos en cada ocasión que la vida nos otorga la manera en que gente de todas edades salen a las calles con sus trajes típicos, con sus instrumentos tradicionales a conservar sus costumbres, a no dejar que mueran por causa de la modernidad.
Tamaulipas tiene costumbres y cosas muy hermosas, y todos lo sabemos perfectamente.
Sin embargo, tristemente, mucho tiempo hace que no escuchamos, por ejemplo, “El cuerudo tamaulipeco” o “Que viva Victoria”, piezas musicales que retratan en voz de sus ejecutantes muchas de las cosas que acrecientan el orgullo de ser tamaulipeco, de pertenecer a esta bronca pero noble tierra norteña mexicana.
Recordar la batalla del 5 de mayo nos lleva a pensar en que las invasiones no se pueden permitir, aunque tampoco nos podemos encerrar en lo que somos nosotros mismos y no dejar que entre siquiera el aire de otro rumbo.
Hay que cambiar, cierto, pero hacerlo sin perder la identidad propia de cada uno de nosotros y nuestras raíces, porque cuando se pierden estas cosas, poco hay que hacer para conservar el espíritu patriótico que nos puede llevar a manejar situaciones difíciles con entereza y madurez, con responsabilidad y un enorme compromiso que hay que tomarlo, echárnoslo a cuestas y soportar lo que venga con tal de mantenerlo.
Somos tamaulipecos, y aunque nos han disparado muchos “misiles” informativos desde diversas partes del país, no debemos dejar que la tragedia nos cubra y tenemos que salir adelante, porque una de las cosas que más caracteriza al tamaulipeco es su férreo carácter.
Este día, recordemos y no olvidemos lo que hay que hacer para seguir creciendo, siempre, con la esperanza de que México se compondrá –dentro de unos dos años, pensamos- y sobre todo, con la esperanza de ser tamaulipecos orgullosos de serlo, y defender nuestras raíces.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!