PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Y el blindaje carretero?

LAMENTABLE, muy lamentable que a pesar del cacareado blindaje de las carreteras en Tamaulipas se continúen registrando asaltos a mano armada y, lo peor, secuestro de personas.
Denuncias formales ante la autoridad competente y testimonios de víctimas de la inseguridad en la entidad dejan entrever la triste realidad que prevalece en la esquina noreste del país.
El despojo de unidades motrices, dinero y artículos personales son actividades ilícitas que la delincuencia organizada continúa realizando a pesar del anuncio oficial de los gobiernos estatal y federal.
Cuando todo parecía indicar que la sobre vigilancia por parte del Ejército Mexicano, Marina y Policía Federal a través de puestos de control militar inhibiría a los delincuentes, prácticamente el gozo se fue al pozo.
La capacidad de movimiento e impunidad de los maleantes les permiten ocultarse en brechas y caminos vecinales acechando a sus víctimas y dar el golpe final una vez que se cercioran de la ausencia de las fuerzas federales.
Ante la inminente situación de riesgo por las carreteras federales que cruzan el territorio tamaulipeco, siguen limitándose los desplazamientos a través de esas vías de comunicación.
Concluido el período vacacional de Semana Santa, el sector magisterial, por ejemplo, habrá de reanudar actividades y, por consiguiente, los viajes por razones de trabajo hacia y desde la capital cueruda.
Cierto es que la instalación de retenes militares contribuye a proporcionar alguna tranquilidad a los obligados viajeros, a quienes poco les importa el tiempo perdido en esos puntos de revisión.
Sin embargo, la inconsistencia de una efectiva labor de vigilancia por medio de patrullajes se convierte en una potencial aliada de los delincuentes.
El desplazamiento programado de convoyes militares en las principales rutas carreteras de la entidad permitiría disminuir los asaltos en despoblado y al mismo tiempo brindar mayor seguridad a los usuarios de la red carretera.
Denuncias de víctimas comprueban actividad delincuencial en el Libramiento Guadalupe Victoria, allá en la capital del estado; en el tramo comprendido entre la Brecha 82 y el poblado San Germán, en esta ciudad fronteriza; y a lo largo de la carretera ribereña, en el norte tamaulipeco.
Pero lo que resulta inaudito es que ni el gobierno federal ni el estatal sean capaces de proporcionar seguridad en tan sólo 17 kilómetros de tramo carretero que separan al aeropuerto El Petaqueño de ciudad Victoria, en donde se han registrado asaltos a mano armada.
Por cierto, quienes no pueden dormir tranquilos son los habitantes de Miguel Alemán ante la guerra que han desatado en esa región los dos grupos delictivos que se disputan la entidad.
La actividad bélica se recrudeció, la semana pasada, en municipios y rancherías aledañas en los límites de Tamaulipas y Nuevo León.
Tampico, en el sur, y Miguel Alemán, en el norte, son las ciudades que más han resentido los daños de la batalla y actos terroristas en diversos establecimientos comerciales.
Lo que trae a colación los tres golpes importantes que ha asestado en la fronteriza ciudad Reynosa la Policía Federal a la delincuencia organizada con la liberación de más de un centenar de inmigrantes plagiados.
La continuidad de los productivos operativos policiales permite suponer la presencia de un grupo rival que está proporcionando la información necesaria, o bien acciones deliberadas para hacer lucir a las fuerzas federales.
Otro fenómeno antisocial inherente al tema de la inseguridad es el que tiene que ver con el alarmante incremento de robos domiciliarios en las principales ciudades del estado.
La alerta la ha emitido la Dirección Estatal del Departamento de Prevención y Participación Ciudadana, en voz de la titular CONSUELO TERAN RODRIGUEZ.
Lo que, en consecuencia, hace cada vez más necesaria una estrategia definida por parte de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal y de la Procuraduría de Justicia en el Estado para prevenir y perseguir ese tipo de delitos que afectan al patrimonio de los tamaulipecos.
Coincidencia o no, lo cierto es que a la par del incremento en el índice de robos domiciliarios también se ha registrado un crecimiento inusitado de las llamadas casas de empeño.
Existe la sospecha de que ese tipo de establecimientos promueve el delito de robo al no exigir documentación de propiedad a la hora que los pignorates dejan artículos en garantía a cambio de un préstamo monetario.
Lo extraño del caso es que en muchos de los casos los solicitantes de dinero en efectivo ya no regresan por los enseres empeñados, lo que robustece la hipótesis de que se trata de objetos robados.
No es exagerado afirmar que la situación se torna bastante preocupante en Tamaulipas con los asaltos a mano armada en las carreteras federales, por un lado, y los robos domiciliarios, por el otro.
Lo que obliga a la sociedad civil e iniciativa privada a no bajar la guardia en su exigencia al Estado mexicano y sus tres órdenes de gobierno para devolver la tranquilidad a los ciudadanos aztecas.
Aunque, a decir verdad, dada la incapacidad del gobierno federal para enfrentar el flagelo y su estrategia indefinida en el combate al crimen organizado, no resulta pesimista observar un horizonte oscuro a largo plazo.
Ni hablar.
Y hasta la próxima.
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