ANECDOTARIO/JAVIER ROSALES ORTIZ *UN GOBER DE CORAZON JOVEN.

“Juventud divino tesoro”.
Eso le da vida a una poesía de Rubén Darío y valor a esos años que no pasan en balde y que se recuerdan, que se añoran, que se atesoran.
Allá por los años 80 un hombre de pelo cano, enorme en estatura y en preparación y muy abierto a escuchar a los jóvenes de la calle, a los estudiantes y a los profesionistas desempleados hizo eco de su voz, de su inconformidad y de su rabia contenida por ese México que no les hacia justicia.
De gafas gruesas y de palabras precisas que a veces hieren, que rasgan la piel, él les abrió siempre la puerta de su programa televisivo, uno de los más exitosos, completo he ilustrativo de IMEVISION, aquel canal del gobierno mexicano que fue el semillero de muchos que hoy aparecen frívolos a cuadro y que se olvidaron de la seriedad, del decoro y de las valiosas lecciones de sus viejos maestros.
Me refiero a Jorge Saldaña, un hombre experto en el arte del buen manejo de la palabra y de la crítica fina y mordaz también, un personaje de impresionante presencia y de bastos conocimientos sobre los problemas que en ese entonces le dolían al país y que lo sacudían y lo hacían parecer miserable.
Su programa se llamaba “La casa de los muchachos”, de escaso presupuesto porque no requería de costosos cicloramas ni de edecanes que enseñan carne para atraer al televidente, en razón de que su riqueza radicaba en los temas que ahí se discutían sin mordaza, sin censura, sin atadura.
El centro de atención de ese programa eran por supuesto los muchachos, quienes sentados en una docena de cajas de madera con la palabra “frágil” en letras negras, denunciaban ante el locutor la falta de empleo con el título en la mano, la aberración que decoraba a las piruetas que tenían que hacer para colocarse en un trabajo y, las mujeres, las exigencias extra laborales a las que tenían que ceder para lograr la primera oportunidad para integrarse a una empresa.
Lastimaba, denigraba y producía coraje escuchar de boca de esos jóvenes primerizos palabritas y palabrotas sobre los vanos intentos que hacían por incorporarse al un mundillo laboral tan cruel, tan absurdo y tan aparentemente competitivo.
Y todo esto sirve para ilustrar lo que en contraste empieza a suceder en Tamaulipas, donde los jóvenes del PRI no tienen acceso a un foro de ese tamaño y categoría, pero si el derecho de comentar en sus lugares de reunión acerca de lo injusto que es la vida con ellos y del evidente agandalle.
Apenas unas semanas atrás en este espacio se escribió acerca de una charla entre dos muchachos que le fueron fieles al Frente Juvenil Revolucionario del PRI en Tamaulipas, de sus lamentos y de su inconformidad porque trabajaron con gusto en la campaña del Doctor Rodolfo Torre Cantú, el desaparecido candidato al gobierno del estado, y que hoy están desempleados.
Se escribió sobre su entrega, sobre las peripecias que hicieron para disfrazarse de botargas y pintarse totalmente el cuerpo de verde para exhibirse en pleno solazo en las calles para darle atractivo a una campaña que fue exitosa por su originalidad, por su organización y por la energía y limpieza que caracteriza a nuestra juventud.
Hoy esos muchachos que entregaron todo empiezan a ver la luz, en virtud de que el Gobernador, Egidio Torre Cantú, cito a 20 de ellos en Casa de Gobierno, donde con currículum en la mano se valoro su preparación con el fin de otorgarles un empleo.
Y es que la juventud, que es un divino tesoro, es la fuerza de un estado que requiere de sangre nueva, pura, para que supere este trance difícil.
De sangre nueva, pura, porque los jóvenes que nada pidieron y todo entregaron merecen la oportunidad de asomar la cara y de colaborar y proponer.
El gobernador entendió bien que las palabras juventud y desperdicio no se ligan.
Y, eso, ya es una excelente señal.

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