PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Millonario botín?

INDEPENDIENTEMENTE de otros daños directos y efectos colaterales en la región, dos situaciones relacionadas con la inseguridad pública preocupan de sobremanera a empresarios, comerciantes y agricultores.
Industriales y comerciantes temen pérdidas económicas ante la falta de vigilancia de la policía preventiva, mientras que los productores de granos se sienten inseguros en la ya muy próxima temporada de cosecha.
El desarme a los guardianes del orden municipal por parte del Ejército Mexicano y la actividad delincuencial en la zona rural son los motivos que han generado incertidumbre y zozobra en ambas ramas de la economía en el noreste tamaulipeco.
La revisión del armamento que utilizan los genízaros en sus labores de vigilancia continuará por tiempo indefinido, por lo que los agentes uniformados han decidido no salir a patrullar y permanecen acuartelados en las oficinas de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal.
El operativo militar, como ya es del dominio público, obedece a la sospecha de las fuerzas castrenses de que algunos elementos policiales llevan pistolas, rifles y revólveres no especificados en el porte colectivo autorizado por la Secretaría de la Defensa Nacional.
Argumentando temor a salir a las calles a cumplir su misión sin armamento para salvaguardar su integridad, tal decisión mantiene sumamente preocupados a los organismos empresariales de la comunidad ante el temor de ser víctimas de asaltos o atentados.
Asimismo, directores de escuelas y padres de familia no están conformes con la resolución de los guardianes del orden, máxime que en las últimas fechas se ha incrementado el robo en edificios escolares.
Los recorridos de vigilancia de efectivos del Ejército Mexicano, Marina y Policía Federal por las áreas rural y urbana de la población, según parece, no generan suficiente seguridad entre los ciudadanos.
Aunque, a decir verdad, a cinco días del desarme de los policías uniformados y agentes viales y su negativa de patrullaje, realmente en poco o en nada se ha reflejado su ausencia.
Los delitos menores propios de cualquier ciudad se siguen registrando, sin que esto quiera decir que obedece a la falta vigilancia policial. Cuestión de analizar cómo en la vecina población de Valle Hermoso la vida sigue su curso sin presencia policiaca local ni vial.
Sin dejar de reconocer, por supuesto, que las fuerzas del orden son elemento esencial en cualquier sociedad civil.
Respecto a la inseguridad en el campo, desde luego que tienen razón los agricultores de Tamaulipas al solicitar la presencia militar y federal en las regiones agrícolas.
La temporada de cosecha está prácticamente a la vuelta de la esquina y estiman que, aún y el bajo rendimiento estimado como consecuencia de la sequía, la producción de granos convertida a pesos y centavos será del orden de los 4 mil millones de pesos.
La necesidad de trillar en horas de la noche para evitar la humedad matinal será un riesgo latente para los trabajadores del campo.
Los productores agrícolas temen el robo de las cosechas o el secuestro de los tractoristas para exigir rescates, por parte de la delincuencia organizada.
Como el tiempo apremia, ya han lanzado la voz de alerta y exigencia de blindaje carretero y caminos vecinales por parte de la milicia o de la policía federal.
Desafortunadamente, las promesas gubernamentales en ese contexto no necesariamente son cumplidas al pie de a letra y quedan sólo en eso.
Claro ejemplo representa el anuncio oficial de patrullajes militares y puestos de control en las carreteras que cruzan el territorio tamaulipeco, sin que esto sea una realidad, de acuerdo a testimonios de quienes tienen la necesidad de transitar a través de esas vías de comunicación.
El jugoso botín que representa la cosecha de granos en Tamaulipas y la escasa vigilancia federal en carreteras y zonas agrícolas es lo que mantiene más que preocupados a los productores cuerudos.
Lo peor del caso es que el eventual atraco al producto de las actividades en los campos de cultivo se reflejará en el descenso de la economía en las zonas urbanas, colapsando el ciclo financiero.
Para nadie es desconocido que el producto de la cosecha se transforma en el circulante que da vida a la actividad económica en las cabeceras municipales en diversos rubros comerciales y empresariales.
La inestabilidad social en la entidad que ha originado el desarme de las policías municipales en algunas ciudades densamente pobladas, incluyendo la capital cueruda, ha provocado zozobra e incertidumbre entre la población y en organismos camarales.
Del mismo modo, los 4 mil millones de pesos que significa la cosecha de granos en Tamaulipas mantiene intranquilos a los productores del campo ante la marcada presencia delincuencial en las zonas rurales.
Como es evidente, los daños colaterales de la guerra calderonista en contra de los cárteles de la droga no se refieren únicamente a muertes de personas sino que también se traducen en aniquilamiento de la economía.
Lo grave del asunto es que aún no se ve luz al final del túnel.
Ni hablar.
Y hasta la próxima.
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