Hoy no tenemos datos pero sí el comentario de mucha gente que resulta afectada o beneficiada con el servicio del transporte urbano colectivo, las famosas “peseras” que alguien ha comparado con ataúdes rodantes, dada la calidad de sus operadores y las condiciones en que se encuentran.
Recordamos aquellos tiempos en que el malogrado líder de colonias Alejandro Flores Camargo comenzó los primeros bloqueos de calles en la colonia Estudiantil, cuando el doctor Emilio Martínez Manautou era gobernador del estado; los problemas comenzaban y actos de tipo delictivo hacían su aparición, amenazando con lo que iba a pasar, pero que, en otro aspecto, propició que el transporte público aflorara, no sin escaparse de la enorme corrupción de los dirigentes que se han hecho no ricos, sino millonarios, a costa de los operadores… y los usuarios.
Si el lector hace memoria, no encontrará dirigente alguno que se encuentre limitado de recursos económicos. No cuando eran dirigentes, porque algunos se han empobrecido dado que su poco estilo productivo, su poca inteligencia y su voracidad les llevaron a la ruina, a tirar lo que malamente lograron. Finalmente, dicen algunos que es justicia divina.
El caso es que comenzaron en la zona centro a aflorar las “peseras” que eran camionetas de contrabando, desvencijadas y viejas, achatarradas y con piezas “hechizas” que otorgaban el servicio. Así funcionario durante años hasta que alguna autoridad tuvo el tino –bueno o malo- de propiciar créditos para los concesionarios, creando una camarilla de abusivos acaparadores de unidades que contrataban a choferes sin escolaridad ni educación para que condujeran en forma irresponsable las unidades.
Hemos padecido un servicio malo, de pésima calidad pero necesario, y decimos que es necesario porque ninguna autoridad a través de tres décadas se ha preocupado por exigir calidad y seguridad, certeza y confiabilidad.
El caso es que hoy se supone que habrá capacitación para los choferes, para quienes nos llevan y en quienes ponemos nuestras vidas en sus manos; los individuos que, con la radio a todo volumen y el pie en el acelerador recorren las calles de Victoria en aras de llegar antes de lo que marca la tarjeta, sin importar si dejan en el camino a alguien, si cae una persona por descuido o cualquier otra cosa.
Los peseros, esos personajes singulares y particulares, que son uno de esos males necesarios en una sociedad como la nuestra.
¿Qué transporte merecemos?
Hace unos años, muy pocos, se introdujeron unidades nuevas, pero poco a poco cayeron en el mismo problema: conductores irresponsables, sin educación ni capacitación previa, que hoy en día ya manejan unidades tipo chatarra.
El problema es que se otorgan créditos y no se garantiza el pago de las unidades. Veámoslo de otra forma: se presta dinero para comprar una pesera y la gente anda como loca con su unidad nueva, pero no tienen la mentalidad para pensar en que se puede descomponer y algunas piezas se desgastan y hay que reponerlas. Piensan que todo es ganancia y cuando la unidad ya es chatarra, se quejan, no pagan y quieren que el gobierno –Papá gobierno- les vuelva a dar dinero para su “camionetota”. Es como los juniors que no tienen idea de lo que cuesta un carro: solo piden uno nuevo cuando ya se acabaron el anterior.
El gobierno, entendamos, no es la mamá de todos y no tiene por qué mantenernos. Les pagamos impuestos para exigir bienes y servicios, pero tenemos responsabilidades: no tienen por qué darnos gratis casa y trabajo, carro o pesera: nada de eso.
No entendamos mal. En el caso del transporte colectivo, se requiere de una urgente renovación del parque vehicular, pero alguien tiene que hacer un esfuerzo y costear lo que es negocio para ellos mismos.
Si una persona tiene cinco o diez peseras, que le cueste al menos, tenerlas en buen estado, porque a diario ganan dinero: toda jornada laboral les deja un buen número de devaluados pesos, y no modo que digan que no.
Urge capacitación para choferes, operadores o como les quiera usted llamar, pero también urge una renovación del parque vehicular; lo primero puede ser parte responsabilidad de las autoridades, aunque no estamos de acuerdo, porque pensamos que quien gana dinero por esta concesión debe invertir en mejoras cotidianas, y la capacitación implica una buena mejora que debe costarles un poco para que ganen mucho más. En el segundo caso, el parque vehicular, también es cosa de los dueños o concesionarios.
Si piensan que el gobierno debe entrar con esa inversión, es muy fácil: que repartan utilidades entre autoridades y ellos, para que, entonces, los dos ganadores tengan necesidad y obligación de invertir.
En tanto no se resuelva esto, los dueños y concesionarios de las peseras tienen que ser responsables, garantizarnos a los usuarios buena calidad en el servicio, evitar transportarnos en ataúdes rodantes y trampas mortales, proporcionar conductores capacitados y responsables, pero también, que es justo, invertir en que éstos sean mejores operadores. Así ganamos todos.
No se vale pedir, pedir y pedir: hay que invertir para ganar, principio elemental de todo negocio, y las peseras son un gran negocio.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!