El tema de la Educación en México es un mundo que solo se explica viviéndolo desde el mismo ángulo de los protagonistas, aunque se corre el gravísimo riesgo de perder la imparcialidad.
La historia del sindicalismo magisterial en regiones como la de Tamaulipas o la del SNTE, han sido abordadas por muy pocos escritores, aún menos académicos, lo que trae confusiones y hasta contradictorias declaraciones periodísticas.
Por principio el SNTE se fundó en 1943 y los principales líderes magisteriales fueron “obligados” por el Presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) porque al iniciar su sexenio había más de 178 agrupaciones y la mayoría se ostentaba como nacional. Esto es comprensible porque ni el propio “Tata” Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940) pudo poner orden entre los maestros.
El chiapaneco Edgar Robledo Santiago (1917-2008) y el hidalguense Manuel Sánchez Vite (1915-1994), fueron dos de los principales “guías morales” del SNTE de 1943 a 1972. Solo que entre los años 50 y 60 el guerrerense Othón Salazar Ramírez (1924-2008), creador del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), puso en entre dicho las gestiones del SNTE con un paro casi del 50% de todos los maestros del país.
Es precisamente el MRM quien al verse dominado con las estrategias del también profesor, éste presidente, Adolfo López Mateos (1958-1964), el SNTE logró seguir como el único sindicato oficialmente reconocido por el gobierno federal.
Es el 22 de setiembre cuando el SNTE vive una sacudida desde sus estructuras más recias con el nacimiento vanguardista que lideró el Profr. y Lic. Carlos Jongitud Barrios (n1924), traicionando a Sánchez Vite a quién el Sindicato magisterial no solo lo hizo su secretario general, sino diputado federal, senador y gobernador del estado de Hidalgo; Director del ISSSTE; Presidente del PRI; y cargos relevantes de la política nacional.
Desde la derrota del MRM los maestros y simpatizantes vencidos, se agruparon en lo que se autodenominaron “Comités Independientes” y es la Escuela Normal Superior de México, en Fresno No. 15, en el DF, la que sirve de refugio de estos comités y cada fin de semana salían brigadas de jóvenes maestros a estados como Michoacán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero principalmente para llevarles propaganda antisindicalista.
Los tamaulipecos que egresaban de las escuelas normales y que les asignaban plazas docentes en estos estados, prácticamente eran obligados a declararse “vanguardistas” o “democráticos” significando gente de Jongitud o contra Jongitud.
En 1989 Jongitud Barrios fue “desplazado” de la dirigencia del SNTE por el mismo método usado por él en contra de Sánchez Vite. El presidente Carlos Salinas de Gortari aprovechando una movilización de maestros disidentes del sindicato lo obligó a renunciar a su “liderazgo moral” que quedó en manos de una antigua partidaria suya, Elba Esther Gordillo Morales y hasta la fecha sigue ostentando la dirigencia del Sindicato de Maestros.
La historia sintetizada hasta este espacio tiene fundamento para señalar que la disidencia magisterial nace con el guerrerense Othón Salazar Ramírez y a pesar de su muerte, los seguidores de su lucha continúan, ahora como Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)
Lamentablemente el liderazgo del normalista de la escuela rural Othón Salazar no ha sido igualado y estoy seguro que muchos miembros de la misma CNTE desconocen no solo la historia de su movimiento, sino la ideología que lo formó y por desgracia, los actuales líderes de la sección 22 de Oaxaca han ensuciado.
La lucha sindical en Oaxaca no es de todos los maestros, son los de la CNTE, antes mal llamados democráticos que ahora ven en los “elbistas” la fuerza de un sindicato muy politizado.
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