Óptica/Gastón Monge *¿Policías universitarios?

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Aunque las intenciones del presidente Felipe Calderón son buenas, creo que su propuesta de que en las policías de los tres niveles de gobierno haya profesionistas universitarios, me parece, dadas las condiciones actuales de inseguridad en el país, y a los elevadísimos niveles de corrupción e impunidad promovidos precisamente por algunas de esas policías, que un universitario, culto, preparado para el trabajo, honesto, educado socialmente y con una buena cimentación familiar, difícilmente pudiera estar interesado en ser policía.
Y no es que no se pueda porque no quiera el universitario ser policía, sino porque las policías de los tres niveles de gobierno, aunque en menor escala las federales, no son una profesión que a la larga los policías actuales lo vean como un empleo que les permita subir en la escala de la estratificación laboral, sino como una chamba más mientras consiguen otra mejor.
Creo que no se puede hablar de profesionales en la policía, mientras no se profesionalice la policía, porque las dos mil 400 corporaciones municipales y las 33 estatales que hay en el país, carecen de un perfil adecuado para ser policía, debido a que se carece de programas orientados a una real capacitación y de academias que promuevan entre los cadetes una real vocación de servicio y de honestidad.
Además, los bajos salarios que perciben los municipales y los estatales, los orillan a corromperse, aunque diré que un policía honesto nunca caerá en ello, pero un policía corrupto, aunque tenga un buen salario, seguirá siendo corrupto.
La naturaleza propia de nuestras leyes, así como la impunidad en la aplicación de las mismas, han creado en la sociedad la peculiar percepción de que todo policía es deshonesto y corrupto, aunque la realidad indique que no es así en su totalidad, por lo que primero se requiere borrar de fondo esa mala imagen ante la sociedad mediante la aplicación estricta de la ley y del ejemplo ante el delito y el delincuente.
De otro modo, el desánimo y el hartazgo de la sociedad, serán el principal freno que el gobierno en sus tres instancias, tenga frente a sí ante cualquier intento de dignificar el cuerpo policial en el país, por la falta de credibilidad y la ausencia de ejemplos que demuestren lo contrario.

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El jueves asistí a la primera conferencia de prensa convocada por el PRI local, y me sorprendí por la forma en que el nuevo dirigente de ese partido, Enrique Resendez Covarrubias, recibió a los periodistas que asistimos a dicha reunión, por el desayuno ofrecido y la gala y formalidad con que fue organizado.
Creo que el desayuno fue lo de menos, ya que asistimos para ver qué mensaje nos daría el nobel dirigente, aunque algunos columnistas adelantamos lo que sabíamos que habría de decir, y que fue la visita del dirigente nacional de ese partido a Tamaulipas, Humberto Moreira, el domingo cinco de junio.
Mi primera impresión, luego de escuchar al nuevo dirigente del PRI, fue desalentador, ya que no le vi el suficiente tamaño como para convertir al PRI en un partido de garra y de lucha, porque desde hace mucho ese partido carece de liderazgo y de programas eficaces que lo lleven por la senda no del triunfo, sino de la credibilidad.
Y es que sus programas de acción política están congelados, sus proyectos de avance en el territorio, se encuentran atorados, y su proyección y penetración al interior de la ciudad y de sus habitantes, es prácticamente nulo, por lo que creo que si Resendez quiere en verdad ser el líder que tanto necesita ese partido, deberá demostrarlo ya, porque el tiempo se le viene encima debido a la proximidad de los ‘destapes’ que surgirán a fin de año para designar a quienes serán candidatos de los diferentes partidos que contenderán para la presidencia de la República, y para las diputaciones federales.
No sé si se deba a la falta de presupuesto, a la falta de ganas o a la falta e iniciativa, pero la realidad indica que al PRI le falta mucho para volver a ser ese partido de arrastre y de masas de lo que siempre había presumido, porque de algo estoy seguro, y es que las elecciones pasadas las ganó ese partido no por ser el mejor, sino porque la debilidad y las divisiones de la oposición, que prácticamente no existe en la ciudad, lo permitieron.
Creo que si la oposición o lo que queda de ella no responde al llamado de sus principios y postulados antes de los destapes, el PRI, aún con toda su debilidad y ausencia de liderazgo, podrá imponerse en una elecciones que se me antoja serán muy ríspidas y secas, por lo que viene en juego, que no es gobernar el país, sino tener el control absoluto del poder.

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Los tres benjamines que hay en la comuna, el alcalde Benjamín Galván Gómez, el primer síndico Benjamín Neftalí Rosales y el tercer regidor, Benjamín García Marín, han ofrecidos en los últimos días declaraciones relacionadas con el desempeño de los funcionarios de primer nivel que laboran en el ayuntamiento, y que en los cinco primeros meses del año han demostrado incapacidad para las funciones que desempeñan y una abulia total para resolver los problemas de la sociedad y los de la propia municipalidad.
En tiempos distintos, los tres funcionarios señalaron que habrá ceses de funcionarios que no funcionen, y si lo dijeron, espero que así sea por el bien y la sanidad de la misma comuna, porque no es posible que un funcionario que percibe un abultado salario superior a los 40 mil pesos mensuales, no rinda porque no quiere o no sabe para qué fue rentado.
Y eso mismo debe pasarle a los regidores, individuos que piensan que por ese hecho son intocables. Que no se les olvide a estos hombres y mujeres que un regidor no tiene fuero y que puede ser juzgado tanto por la justicia como por la sociedad, de acuerdo al comportamiento y desempeño que demuestre en su trabajo.

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Hasta mañana
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