Este martes se cumple un año de la muerte de Rodolfo, hermano del actual gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, y aún no se tienen avances sobre los autores de tan artero crimen. Por ello es que el mandatario Egidio urgió a la PGR a que esclarezca este politicidio (aunque la palabra no exista) que amenazó hace un año con enturbiar unas elecciones que ya tenía ganadas de antemano.
La exigencia de Egidio es justa porque no solo se trata de su hermano, sino de uno de los políticos más carismáticos de los últimos año; fácil en su trato, amable con los demás, inteligente y sobre todo, humano.
Cuando fue secretario de salud con Eugenio Hernández, al llegar a esta ciudad puedo decir que me identificaba fácilmente y aunque no recordaba mi nombre, casi de inmediato me ubicaba, por lo que tuve algunas pláticas con él, cuando venía a la ciudad en gira de trabajo, y después en su corta campaña política.
Rodolfo caía bien, y aunque en estos comentarios mencioné en algunas ocasiones que su perfil y su edad no encajaban en las exigencias del PRI contemporáneo, ya que hoy en día la mayoría de los candidatos de ese partido deben ser menores de 50 años, lampiños del rostro y delgados, Rodolfo se impuso porque conocía el oficio más quizás, que otros más jóvenes que él.
Es por ello que la exigencia de Egidio debe cumplirse en forma, aunque no en tiempo, ya que se trata de una exigencia de la sociedad, porque al existir la impunidad en el crimen contra un político como Rodolfo, existe el riesgo de que se vuelva a repetir, y eso es lo que no quiere la sociedad.
La PGR y el gobierno federal deben apresurar las investigaciones y poner ante la justicia y ante la sociedad, a los autores de este crimen, de otro modo se cumplirá el nefasto axioma que dice; delito que no se castiga se repite. Espero que no sea así.
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Luego de una semana de permanecer acuartelados en sus bases, ayer salieron a la calle sin uniforme y sin armas todos los policías municipales de la ciudad, y aunque su reclamo pudiera parecer justo ante la sociedad, de que el gobierno federal está abusando de su poder contra ellos, la realidad, según lo dijo ayer el alcalde Benjamín Galván Gómez, es otra, ya que al ser indicaciones del gobierno federal, se deben acatar hasta que la sociedad vuelva a confiar en los policías.
¿Pero a qué se debe esto? Creo que de lo que el gobierno federal acusa a las policías municipales de Tamaulipas, es algo que ocurre en la mayoría de las dos mil 560 corporaciones municipales en el país.
Un alto grado de corrupción, exceso en las detenciones, abuso de autoridad, extorsión, golpes, amenazas, privación ilegal de la libertad, infiltración de la delincuencia en sus filas y sobre todo, un marcado sentimiento de frustración hacia la corporación, al percibir ellos que ser policía no es un deber ni una vocación, sino una oportunidad de tener un trabajo más con que mantener a sus hijos.
Todo ello está documentado en los archivos del Centro de Derechos Humanos de los Migrantes, que opera en la casa del Migrante local, y en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Tamaulipas (Codhet).
Es por ello que bajo esa óptica que ellos tienen de la corporación a la que pertenecen, el sentido de proteger y de servir a la sociedad no se pierde sino que sufre una radical transformación al estar convencidos que sus superiores y las autoridades nada harán por ellos en materia de beneficios económicos y sociales, por lo que se protegen y protegen a sus familias, al autoservirse mediante la corrupción y prácticas antisociales.
Y aunque ellos tengan en cierto modo la culpa y la responsabilidad de la enorme inseguridad que priva en nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país, las autoridades de los tres niveles de gobierno son también corresponsables, porque pudieron detener el problema a tiempo, pero lo dejaron crecer a niveles que hoy ya son casi incontrolables.
Sin justificar ni su proceder ni su comportamiento, los policías son en parte, el resultado de un largo, lento y tenebroso proceso de descomposición de nuestras instituciones, las que han dejado casi a la deriva a la sociedad al no castigar el delito, y a los policías al no prepararlos para lo que se rentaron, que es proteger y servir.
Y aunque no todos los policías pueden ser tan malos, su sentido de solidaridad los obliga a sumarse a la protesta, aunque creo que si como ocurrió ayer, la mayoría son buenos elementos, no debe existir temor a que les apliquen todos los exámenes que se les quiera aplicar, ni deben temer porque se les haga un estudio socioeconómico, para saber si lo que ganan corresponde con lo que tienen.
Si esto es así, creo que no solo los policías ganarían, también la sociedad saldría ganando, y esta sería una magnífica oportunidad para buscar su reivindicación, de otro modo, la desconfianza y la duda permanecerán en el ambiente.
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Hasta mañana
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