PALACIO/Mario A. Díaz Vargas *¿Ni así entiende?

EL ACTO terrorista que manos criminales realizaron en el Casino Royale en Monterrey, Nuevo León, representa un reflejo más de la pésima estrategia del gobierno del presidente FELIPE CALDERON HINOJOSA en su lucha contra los cárteles de la droga.
La impunidad con que actúan los sicarios al servicio de los distintos grupos delincuenciales se observó en toda su extensión en la masacre ocurrida en ese centro de diversión y juegos de azar.
La necedad del CALDERON HINOJOSA de pretender aniquilar la actividad del narcotráfico en lugar de emplear mecanismos de control ha llevado al país a un caos total y, lo más grave, a la descomposición de la estructura social.
A casi cinco años de haber iniciado esa guerra unilateral para la cual no tomó en cuenta el parecer de los mexicanos, el Jefe del Ejecutivo Federal se perfila como uno de los peores presidentes de México de la era moderna.
Durante lo que va de su sexenio no tan sólo no ha podido exterminar o siquiera desarticular a los cárteles de la droga sino, por el contrario, tal parece que esos grupos antisociales han cobrado mayor fortaleza merced a la corrupción de las autoridades de los tres niveles de gobierno.
Cuestión de analizar la manera en que el grupo criminal que incendió el Casino Royale, provocando la muerte por asfixia a más de 50 personas, mostró una perfecta coordinación en todos sus movimientos de llegada, ataque y salida.
Extrañamente -o quizá no tanto- ningún cuerpo de seguridad se percató del operativo delincuencial a pesar del populoso y céntrico sector regio en donde se localiza el inmueble de la muerte.
Quiérase o no, poco a poco el terror comienza a hacer mella entre los ciudadanos neoleoneses ante la escalada de violencia que se ha desatado en los principales municipios de la zona conurbada.
Los asesinatos a mansalva, levantones, ejecuciones en puentes peatonales, cadáveres descuartizados y decapitados se han convertido en el pan de cada día en la mayor parte de la geografía de Nuevo León.
El ataque al casino regio y otro más ocurrido un día antes en Saltillo, Coahuila sugiere dos líneas de investigación a las autoridades estatales y federales. La primera, que podría tratarse de una reacción violenta de parte del crimen organizado derivada del cobro de “derecho de piso” y, la segunda, que se trata de acciones entre grupos rivales para impactar sus fuentes de financiamiento.
Sea lo que fuere, el caso es que la población civil está sufriendo las consecuencias de la guerra encarnizada entre cárteles y de éstos en contra de las fuerzas federales.
Ya no es ningún secreto el cómo las bandas rivales están elevando el nivel de sadismo a la hora de las ejecuciones. Cuadros escalofriantes de esa naturaleza son ya muy comunes en gran parte de la República Mexicana.
En el caso que nos ocupa, es más que lamentable la triste actuación del propio Jefe de la Nación y los integrantes de su gabinete de seguridad cuando suceden este tipo de eventos.
La cantaleta siempre es la misma cuando se dirigen a los mexicanos a través de los medios de comunicación.
El pésame a los familiares, señal de luto nacional, como en el caso más reciente, promesa de buscar, aprehender y castigar a los responsables y el apoyo decidido e inmediato del gobierno federal al estatal. Es decir, promesas y más promesas.
Dada la gravedad del asunto y sus repercusiones en el ámbito internacional, la situación debería obligar al mandatario a dar un golpe de timón en el tema de la seguridad pública que amenaza, incluso, a la propia seguridad nacional.
A juzgar por los magros resultados de la lucha calderonista en contra de los cárteles de la droga, al general en jefe de las fuerzas armadas ya no le queda más tiempo constitucional para lograr su aniquilamiento o sometimiento.
La realidad monda y lironda es que los diferentes grupos que operan con impunidad a lo largo y ancho del país no han resentido los embates del Ejército Mexicano, Marina Armada de México y Policía Federal.
Otra más es que, a pesar de la publicidad oficial, la droga sigue llegando a la juventud mexicana y, peor aún, la diversificación del delito es uno de los sellos negativos en el actual sexenio.
Pronto, muy pronto se correrá el velo y se sabrá a carta cabal si el aumento exagerado de la violencia en el país es o no producto de una maquiavélica estrategia electorera.
Y hasta la próxima.
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