Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Niños al mundo… el reto

Ver las imágenes de países africanos conteniendo madres desesperadas y resignadas, pequeños esperando morir por falta de alimento y atención es, sin duda alguna, una de las cosas más terribles que podemos aprecia en la televisión mexicana, caracterizada por un amarillismo enorme, por una falta de inteligencia en su programación y por el abuso del poder que toman al ser medios de comunicación masiva que influyen en el comportamiento de los demás.
Sin embargo, las imágenes no son de hoy; Biafra hace muchos años nos ofreció este tipo de retratos poco gratos que se repiten en muchas partes del mundo. México tiene zonas donde nuestros compatriotas mueren poco a poco.
Cuando visitamos San Luis Potosí pasamos por una hermosísima y moderna carretera que tiene en sus orillas a un sinnúmero de mexicanos que mueren de hambre y tienen que vender aves en peligro de extinción, plantas con igual estatus. No les queda otra: o venden o no comen.
Y el problema radica también en los embarazos no deseados o que están regidos por aspectos más morales que de salud pública. No peleamos con la ideología de cada quien en materia religiosa, pero no se puede estar sentado esperando que lleguen “tantos hijos como Dios nos dé”, porque por ahí no va la cosa.
Periodistas locales han puesto el dedo en la yaga al recordarnos que en los últimos seis años ha habido 80 mil 50 embarazos en adolescentes entre 12 y 1 años, lo que nos dice que de 2004 a 2009 creció este aspecto de 16.3 a 18.9 por ciento, es decir, 2.6 por ciento más.
Hay que recordar, como lo hace Beny Cruz, que de 75 mil embarazos anuales en promedio, 14 mil 175 son de estas pequeñas a quienes se roba su inocencia, su infancia y muchas cosas más, porque se convertirán, de niñas a madres en un santiamén, lo que definitivamente no es sano ni para ellas ni para la familia, menos para la sociedad.
Además, las enfermedades de transmisión sexual se han incrementado, siendo la candidiasis urogenital la principal, seguida por la tricominiasis y el virus del Papiloma humano. La incidencia mayor se presenta en mujercitas, con porcentajes que van del 96.8 por ciento al 91.9, en el tercer caso. Los problemas son severos y en ese sentido recordamos los estudios de la Universidad Autónoma del Estado de México que habla que mucho de este aspecto se presenta por la falta de previsión, producto de la vergüenza que implica para los jovencitos la compra de condones: así de claro; este fenómeno se explica porque en las farmacias la mayoría de quien despacha es del sexo femenino, lo que cohíbe a los muchachitos a la compra de este método que puede ser la diferencia entre las enfermedades de referencia, los embarazos y el convertir a niñas en mujeres a fuerza de madurarlas con métodos poco prácticos.
Definitivamente, los padres no podemos permanecer ajenos: nuestras hijas son candidatas a tener un embarazo temprano y miente quien diga que a él o ella no le pasará. No podemos asegurarlo pero sí disminuir los riesgos, procurando platicar con ellas, estar al tanto de sus amistades y actividades, y sobre todo, poner atención a su desarrollo.
Porque cuando se dan estos casos, lo primero que hacemos es culpar a los demás, familia y entorno, por este problema. No somos afectos a reconocer la falta de atención.
No dejemos que estos problemas crezca y empañen el desarrollo de nuestras hijas y de la familia propia, tomemos conciencia y hagamos lo que tenemos que hacer.
No se trata de prohibir salir o tener amigos, porque eso empeora las cosas. Hay que actuar de manera madura, porque de otra forma, los problemas se multiplicarán y comenzarán a ser criaturas mal atendidas, producto de embarazos juveniles… poco gratos.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!