A propósito de educación y los resultados poco favorables que ha dado a conocer la Secretaría del ramo, argumentando que la inseguridad propició reprobación multitudinaria, somos de la idea que hay que hacer otras cosas antes que culpar a quienes no tienen nada que ver.
Los malos resultados, y lo sabemos, son producto de la mala calidad educativa: maestros holgazanes que se la pasan “disfrutando” de canonjías sindicales, otros, que de plano no tienen vocación y son unos auténticos vividores, y otros más que de plano no tienen idea de lo que hacen frente a grupo: faltas de ortografía, mala redacción, dificultad para sumar y restar con algunos de los problemas que tienen y que no han podido conjurar.
Claro, también hay maestros buenos y planes interesantes. En Villena, allá por la provincia de Alicante, en España, se ha obligado a los padres de familia de una institución llamada “Antonio Navarro Santafe” a firmar un convenio que les obliga a hacer los deberes diarios con sus hijos y asistir a las reuniones convocadas por los profesores.
Quien no cumpla, deberá sacar a sus hijos de la escuela o se le dará de baja, que es el mismo resultado.
El llamado “decálogo de buenas prácticas” se instrumentó durante el ciclo escolar que acaba de iniciar en España. Resulta que el decálogo también tiene otra variante que firman profesores, padres y alumnos, y que consiste en que todos se comprometen a mejorar, a revisar y a enseñar bien. Todos hacen su parte, sin pretextos sindicales como los que suelen regalarnos los miembros del sindicato más numeroso de América Latina, que no es el mejor ni el de mayor calidad, que conste.
Los profesores y autoridades buscan pretextos para asumir el mal resultado y tenemos que ser francos: no hay calidad, no se está enseñando bien, e inclusive algunos se quejan porque a los chicos no se les permite utilizar calculadora ¡Hágame usted el favor!
No cabe duda, nos encerramos en un ostracismo que daña, y en ese sentido, no podemos decirle a los muchachos que busquen todo en Internet o que saquen su Blackberry para sumar y restar. ¿Dónde está la enseñanza entonces?
Tenemos mucho qué hacer porque la verdad estamos mal, y si queremos que Tamaulipas mejore y se signifique por su calidad educativa, es menester que la autoridad correspondiente –que no es igual si se le llamara competente, que no lo es- haría cumplir a los profesores con planes y programas educativos; a los alumnos, aplicación en serio en sus clases, y a los padres, la observación y supervisión que muchas veces delegamos en los maestros y ya vimos que sirven para dos cosas: para nada y para…
Entonces, aquella escuela alicantina, con chicos de 12 a 18 años nos ha puesto un buen ejemplo que habríamos de seguir. No se puede dejar en manos de unos cuantos la educación en la entidad, y miente quien diga que la inseguridad es la causante, porque los resultados son en base a los que presentaron, y en ese sentido, dicho sea con objetividad: estamos mal, muy mal.
Cheque usted a sus hijos y vea la manera que emplean para escribir, cheque la forma en que leen o pregunte cualquier tema y verá que los profesores ahora entregan fotocopias, no repasan ni enseñan, solo tratan de que memoricen y de cumplir con el programa, entendiendo esto último como ver, aunque sea superficialmente, los temas, para decir: ya hemos visto todo.
Esa es la realidad y no debemos asustarnos, debemos ocuparnos, desde el doctor Guerra Rodríguez hasta los más pequeños estudiantes, padres, directivos y maestros, porque si no, seguiremos fatales, como nos ha convertido la señora que lucra con la educación, llamada Elba Esther.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!