Hartos estamos de escuchar a los enemigos de las universidades públicas descalificar el esfuerzo de quienes tenemos alguna injerencia en la preparación de los muchachos estudiantes; no es real que sean malas, aunque tenemos que aceptar que hay malos elementos, como en cualquier institución o dependencia donde interviene el ser humano. Miente totalmente quien asegura que hay escuelas que no tienen “peros” para sus estudiantes.
Hemos conocido a egresados del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey que no encuentran trabajo, y otros cuya honestidad deja muchas dudas en cuanto a su desempeño profesional, o por la voracidad con que disponen de fondos ajenos sin la autorización correspondiente.
En ese sentido, pensamos en quienes tienen a su cargo las leyes y suponemos que pueden hacer algo para mejorar la calidad de la educación. Para que se dé una idea, en Galicia hay 3 universidades públicas en 7 campus: la Universidad de Santiago de Compostela, la de Vigo y la de La Coruña.
Manejan entre ellas 156 títulos de grado, es decir, ese número de oferta en carreras a los gallegos, de las cuales, hay 16 sin límite de plaza, es decir que pueden ingresar los que quieran. La realidad marca que hay 83 carreras sin plazas disponibles para el ciclo que inicia y 73 con vacantes aún.
La Axencia para a Calidade do Sistema Universitario de Galicia informa que entre el 40 y el 75 por ciento se ocupan según la carrera estudiada, siendo las de mayor demanda las típicas: medicina, derecho y otras más. Ofertan 200 masters o estudios de maestría y la autoridad les ha pedido recortar éstos.
Sin embargo, tienen una opción para los que no llegaron a ingresar a bachillerato que le llaman FP –Formación Profesional- y que es algo así como una opción de estudios técnicos; de éstos el 88.8 por ciento de los estudiantes consigue contrato antes de seis meses y optan por la FP un 60 por ciento de jóvenes. En este ciclo matricularon 34 mil alumnos, es decir, un 17 por ciento más que en 2010.
El Programa de Cualificación Profesional Inicial –PCPI- ofrece a partir de los 16 años estudios a los muchachos, para que puedan incorporarse a la vida productiva. 54 por ciento consigue trabajo en forma inmediata y como decíamos antes, el 88.8 por ciento lo hace en los primeros seis meses. 68.3 por ciento trabaja en lo que decidió estudiar.
Los números son buenos, sin lugar a dudas, y nos habla de la opción que se otorga a quienes no tienen el tiempo, el recurso o la capacidad para ingresar a la universidad, sin que suene discriminatorio.
En una comunidad como la nuestra hacen falta doctores, ingenieros, abogados y también plomeros, carpinteros, electricistas y otros profesionales de oficios no universitarios. Negar lo anterior sería como querer que todos tengamos niveles de licenciatura o maestría, lo que es prácticamente imposible e ilógico. Todos necesitamos gente que se dedica a oficios y a profesiones, a especializaciones y más aún: investigadores.
En este sentido, la Universidad podría establecer conjuntamente con la autoridad del estado una opción como puede ser a través del CONALEP o alguna otra instancia, para que nuestros muchachos no vean frustrados sus estudios y sueños y ubiquen sus esfuerzos y capacidades para poder trabajar en forma inmediata.
Necesitamos de todos, sin lugar a dudas.
Hoy peleamos por una licenciatura, por una maestría o un doctorado, cuando la verdad, necesitamos un poco de todo.
Galicia ha puesto una solución a esta problemática, y como este rincón español, hay otros en el mundo que lo hacen. Tamaulipas puede lograrlo con una buena coordinación de autoridades educativas, universitarias, oficiales y con el concurso de la iniciativa privada, que, finalmente, será la beneficiada –o perjudicada- con el resultado que tengan nuestros muchachos en sus estudios posterior incorporación al mercado laboral, ¿no cree usted?
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!