Maremágnum/Mario Vargas Suárez *El bachillerato obligatorio

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Al inicio de la presente legislatura federal (LXI), en Tamaulipas hubo una campaña mediática en torno al PRIÍSTA Baltasar Hinojosa Ochoa en torno a la iniciativa que “revivió” el de Matamoros sobre la obligatoriedad del estado de proporcionar educación media superior (bachillerato) a los jóvenes que lo soliciten.
El legislador tamaulipeco varias veces subió a la tribuna de San Lázaro, según vimos en las notas periodísticas, para defender “su” iniciativa de ley, hasta que por fin, se anunció la aprobación por el pleno de los diputados y pasó a la Cámara Alta.
La Cámara de Senadores recibió la iniciativa, la analizó y discutió, aprobándose… solo parcialmente, por lo que tuvo que ser regresada a la Cámara Baja para analizar las modificaciones que hacen los senadores.
Le comento entre paréntesis que los diputados mexicanos tienen salarios y prestaciones catalogadas como los mejores pagados en el mundo, además de los salarios para diez auxiliares, entre asesores, choferes, personal de confianza, etc.
Lo anterior viene a colación porque supongo que los diputados federales cuentan con asesores, incluyendo los de educación, por lo que sorprende la unanimidad de votos cuando la aprobaron, bueno no fue unanimidad, por la curul vacía de Tamaulipas.
Desde el replanteamiento del Balta, sobre el bachillerato obligatorio, las autoridades educativas de Tamaulipas, declararon la imposibilidad para dar cumplimiento a este mandato, si se aprobaba –como sucedió-.
Las razones que argumentaron los funcionarios de José Manuel Assad Montelongo, en su momento, fue la incapacidad de infraestructura y recursos humanos para atender la demanda, aceptando que un buen número de jóvenes anualmente que se queda “expulsado” del ingreso a la educación media superior, precisamente por falta de presupuesto.
Pese a lo anterior, el legislador tamaulipeco siguió promoviendo “su” iniciativa y como en Tamaulipas, seguramente se escucharon las mismas voces en las entidades del resto del país.
Recientemente lo que usted y yo escuchamos y leímos en los medios de comunicación, fue la aprobación del senado de la República en el sentido de que a partir del próximo ciclo escolar, 2012-2013, entra en vigor la obligatoriedad del bachillerato y se espera que en diez años, en el 2022-2023, la cobertura nacional sea completa.
En otras palabras, previa autorización de los diputados, los senadores coinciden con sus homólogos de la Cámara Baja, solo que señalan un plazo de diez años para que la Secretaría de Educación Pública –como ente federal- las entidades y los municipios garanticen el bachillerato a todo estudiante que lo solicite.
Quizá debamos entender entonces que la educación básica a partir de la aprobación en cuestión, será concebida desde preescolar, primaria, secundaria y bachillerato. ¿Error de interpretación?
Es cierto que México y los mexicanos merecemos más y mejor, pero los legisladores mexicanos están olvidando la realidad en la que vivimos, sobre todo porque el mismo Sistema Educativo Nacional no recibe de los mismos legisladores el presupuesto que exigen los objetivos ya planteados, menos entonces se alcanzarán las nuevas pretensiones.
No podemos obviar que también los legisladores –el de la voz cantante fue el entonces diputado Natividad González Parás- que indilgó la Educación Preescolar de tres años obligatoria y hasta la fecha, los jardines de niños no cuenta con esos grados.
Todo esto me hace recordar la caracterización de don Héctor Suárez con su personaje “¿Qué nos pasa?” para aterrizar en el “No hay, no hay” también de su misma invención. ¿Diódoro Guerra estará preparado para hacer frente a esta nueva embestida legislativa?
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