Casi cinco años y… contando. En lo que va del sexenio de Felipe Calderón no hemos escuchado otra cosa que la urgencia de implementar “reformas estructurales” para poder crecer como nación.
Alguna vez lo dice el Secretario de Hacienda, en otras el de Economía, más tarde sale algún diputado o senador panista y después el Gerente del Banco de México. Bueno, hasta mexicanos en el extranjero, como José Ángel Gurría, nos han machacado el tema una y otra vez.
Esta semana es Agustín Carstens el que insiste en la necesidad de aprobar las mentadas “reformas estructurales”, pues según él la estabilidad macroeconómica de que disfruta la nación no es suficiente, ante el entorno económico global.
Claro que el discurso del encargado del banco central mexicano va en el mismo sentido que el del Presidente de la República, pues también el lunes Felipe Calderón insistió en esas reformas que de tanto escucharlas ya ni sabemos qué son.
¿Y qué dicen los diputados federales y los senadores? Más allá de lo que digan en respuesta a las presiones de los genios financieros de nuestro país, los legisladores por ahora están más preocupados en dos cosas; bueno, en una, y de ahí se desprende la segunda.
Por supuesto que las elecciones presidenciales del 2012 son la prioridad para todos los partidos políticos y, en base a ello, habrán de tomar las decisiones que consideren pertinentes.
Sí, partiendo de esta premisa, el PRI, por ejemplo, ha fijado ya sus prioridades pues su principal preocupación es que el dinero del Presupuesto Federal del siguiente año llegue en cantidad y con oportunidad a los estados y municipios.
Sí, el partido comandado por Humberto Moreira y Enrique Peña Nieto sabe bien que si aspira a recuperar la Presidencia de la República necesitará que sus decenas de gobernadores y centenas de alcaldes tengan dinero disponible para no descuidar a los electores en plena campaña.
Por eso, tal vez por eso, el coahuilense Moreira ha dicho ya en otras ocasiones que la reforma laboral no está en la agenda inmediata tricolor.
Y ni qué decir de los perredistas, pues es precisamente en este partido en donde más apuestan a la alianza con los sindicatos, principales opositores a una de las “reformas estructurales” que le urgen a Felipe Calderón y sus genios financieros.
¿A poco los diputados afines a Andrés Manuel López Obrador caerían en el error de madrugarle a los sindicatos y aprobarían una reforma laboral creada y propuesta por Acción Nacional, lo que ya de por sí se percibe por demás sospechoso? Sí, la sospecha de los líderes sindicales apunta a que la dichosa reforma vendría a dar al traste con sus logros alcanzados a base de riñones.
Por eso hemos de decirle al Presidente y sus colaboradores: Casi cinco años ha cumplido ya la cantaleta de las reformas estructurales, que resulta casi imposible pensar que en los siguientes meses se puedan aprobar esas que nos quieren vender como “mágicas soluciones” a nuestros problemas.
Pero eso sí, en lo que va del año se han creado 600 mil empleos, según las cuentas del presidente Calderón, ¿entonces para qué las reformas, si vamos hechos la máquina hacia el primer mundo con tantos empleos?
¡Oh sí!, lo olvidábamos, a pesar de ese montón de empleos generados la pobreza continúa creciendo en nuestra gran nación, bueno, si hemos de creerle a funcionarios como los de Oportunidades, que en Tamaulipas dicen que hay más pobres hoy que hace cinco años.
Total, mientras las amenazas globales se ciernen sobre nuestra frágil economía nacional, Calderón, Cartsens y Meade parecen curarse en salud repartiendo las culpas por… ¡no aprobar las reformas estructurales!
Tal vez por ahí viene el trillado asunto, ¿no cree?
En fin, por ahora no me resta más que desearle un excelente día; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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