Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Jaca: preservar la vida

Jaca, Aragón.- Con sus majestuosos edificios históricos, Jaca, como muchas otras ciudades y poblaciones españolas, se niega a morir y procura con el turismo salir adelante, aunque muchos de sus pocos habitantes, sentados, pacientemente, esperan sus últimos días con toda la tranquilidad que puede tener alguien que sabe que no hay futuro para su tierra. Sus herederos han partido a las grandes ciudades, donde el monstruo urbano ha devorado a los jóvenes que antaño eran promesa y hoy… obreros de alguna fábrica o empleados en un negocio de venta de cualquier cosa.
Poseedora de una iglesia Catedral del siglo XII – XVIII, Jaca nos remonta a la historia de los primeros pobladores de aquel reino aragonés. Dentro de las naves asoman frescos muy antiguos y en la oscuridad que permite ver a contraluz las imágenes de piedra, asoma el museo diocesano y otros atractivos más que, si bien es cierto que son pocos, el turista los disfruta cabalmente, aunque los horarios cada vez son más difíciles de empatar porque el verano ha pasado y se preparan para la otra oleada de turismo: la nieve y los esquiadores. Jaca y otras poblaciones aragonesas son paraíso de muchos europeos que practican los deportes de invierno, a punto de hacerse presentes, aunque hoy por hoy sigue haciendo mucho calor, atípico en la temporada y que mantiene la mayoría de embalses en crisis alarmante. El río Aragón apenas lleva un soplo en su cauce y tal situación contrasta con los tonos de los Pirineos, que si bien es cierto que nos ofrecen un casi mágico mosaico de verdes y ocres, no es en nada lo que antaño regalaba a los admirados paseantes a esta zona.
La mañana inicia como otras: chequeo de niveles de glucosa y consumo de alimentos con carbohidratos de lenta absorción, a manera de que se vayan asimilando de acuerdo al enorme esfuerzo que implica esta segunda etapa de 25.7 kilómetros de bajada, pronunciada, de esas que llaman acá “rompepiernas”, es decir, que si no se toma el cuidado necesario puede haber lesiones de consideración.
Ya en el camino a Arrés encontramos los servicios médicos oficiales que garantizan una adecuada atención. Fuimos testigos y beneficiarios al mismo tiempo. Los miembros de la asistencia social tienen muy claro el hecho de saber para qué están en las dependencias, centros de salud y hospitales. En ese sentido no tenemos nada que añorar, porque afortunadamente la tierra nuestra tiene un aparato de salud eficiente que funciona de acuerdo a las necesidades de casi todos los que los empleamos, sea a través de una u otra opción.
Durante el camino de Jaca a Arrés encontramos un puente medieval reconstruido y la iglesia parroquial de Santa Cilia de Jaca, cuya antigüedad data del siglo XVII.
En el poblado de Puente la Reina de Jaca encontramos vestigios de los condes de Atarrés, de los siglos XV y XVI. Arrés nos regala la vista de una arquitectura rural típica de un pueblo semi-abandonado –cuenta con 64 habitantes según estadísticas- pero que muestra la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción del siglo XVI o la ermita de Santa Agueda, en el cementerio que está justo en las afueras de la localidad.
Aquí hemos tenido oportunidad de conversar con quienes manejan la seguridad social de estos lugares y hemos transmitido algunas de las experiencias que tenemos en Tamaulipas en favor de quienes vivimos con diabetes y queremos salir adelante: las políticas oficiales y de instituciones no gubernamentales, así como de la iniciativa privada, unidos, todos, para que entremos en conciencia y podamos aspirar a una mayor calidad de vida.
Hay mucho qué hacer aún, y lo sabemos, pero en tanto sigamos caminando no podemos afirmar que el tiempo no se aprovecha, aunque, claro está, tampoco podemos cantar victoria: mientras la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares sigan siendo las principales causas de muerte, propiciadas por la obesidad y el sobrepeso, no podemos decir hemos ganado, pero sí es propio asegurar que vamos caminando en el camino correcto. Buen Camino!
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!