Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Arres, donde se detiene el tiempo

Arrés, Aragón.- Uno de esos muchos sitios donde el tiempo se detiene puede ser una descrpición adecuada de Arrés, un pequeño punto en la geografía aragonesa, justo en un picacho que cruza altura con los Pirineos: enfrente, previa vista imponente del valle y el río Aragón, los famosos montes se levantan orgullosos, mostrando su grandeza. Arrés tiene un especial encanto en sus poco menos de 50 habitantes según el censo, sin embargo, viven del Camino de Santiago en gran parte.
En el albergue de los peregrinos, Carlos y José Luis, dos hombres que fungen como hospitaleros nos hacen más pasadera la sesión; acompañantes de diversos punto: Mallorca, Italia, Holanda y Francia hacen que la convivencia nocturna se convierta en una buena cena pretexto para intercambiar opiniones en esa lengua que alguien describió como “el lenguaje del camino”.
Antes, hubo que ir a la Ermita del lugar, donde estampas antiquísimas recuerdan los orígenes del sitio.
En medio del caserío que conforma la población, se encuentra la Iglesia de la Inmaculada concepción, central de Arrés y que forma muralla con el torreón gótico que aún se yergue junto a ella. Al parecer, la iglesia fue edificada en el siglo XVI, sin embargo sufre importantes reformas: se sustituyeron en el siglo XVII las antiguas cubiertas de crucería estrellada, por la actual de medio cañón con lunetos, en el siglo siguiente se ha colocado el retablo actual, decorándose la capilla de la Virgen del Rosario con pinturas populares.
De la iglesia se consta que es de planta rectangular de una sola nave con cuatro cañillas ente contrafuertes, dos a cada lado. La nave se prolonga hacia la cabecera en un ábside poligonal. El altar mayor está presidido por un retablo rococó de la Inmaculada.
A los pies, se abre una sencilla puerta de entrada, compuesta por un arco de medio punto y cobijada por un pórtico al que se accede a través de otra puerta, en cuyo dintel está labrada una cruz.
Finalmente, y al exterior, el elemento que quizá llama más la atención es la torre-campanario, de marcado aire defensivo, cuya silueta destaca de entre los tejados. La torre es de planta cuadrada, de un solo cuerpo y rematada en el lado sur por dos ojos semicirculares.
Arrés comienza a mostrar el otoño hispano: mucho viento comienza a sentirse y hay augurios de mal tiempo, amenazando algo de lluvia pero baja en las temperaturas.
En la mañana, antes de salir de Jaca, hubo que revisar niveles de glucosa, dosis de insulina y todo lo que el médico nos sugiere llevar a cabo para tener un buen control de la glucosa. La diabetes no nos va a derrotar y este es un buen motivo para seguir adelante.
Caminar por el Puente de la Reina de Jaca y seguir hasta Arrés ha sido una buena experiencia. A medio camino, un chequeo más para garantizar que el desayuno ha hecho su labor en forma adecuada, pero lo más importante quizá ha sido el disfrutar de un nuevo amanecer, entre la historia de los pueblos de Aragón y la bendición de Dios. Una oración, una plegaria, un recuerdo a los seres queridos resulta fundamental en estos momentos, y el recuerdo también para quienes como nosotros, viven con diabetes, para que sea cualquiera que se presente, el pretexto cotidiano para seguir con nuestro autocontrol. No hay que dejarse derrotar, así de claro.
Checar mensajes de los seres amados resulta prioritario, y también recordar que detrás de cada persona con diabetes hay una estructura dentro del organigrama de salud que tiene todas las herramientas para ofrecernos un buen cuidado personal y familiar. Caminar, la actividad física más importante, puede ser la diferencia entre ser lo que somos y querer serlo. La decisión, como siempre, está en cada uno de nosotros.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!