El ciudadano común en México carece de la buena costumbre de prevenir situaciones… lamentablemente la escuela o la familia no ha podido enseñarnos esa regla elemental aplicable en la vida común.
Michel, es el nombre de un familiar político, de origen estadounidense y alguna vez que nos invitó a San Antonio, Tx., lugar de residencia de sus padres, grande fue nuestra sorpresa que al invitarnos al parque recreativo pagamos casi nada por la entrada.
El “secreto” es que Michel es una mujer muy observadora de las “ofertas” y “cupones” que entregan los comercios, al grado de que los guardan en un cajón en un mueble de cocina. A ello se debieron varios descuentos que tuvimos en distintos espacios recreativos e incluso restaurantes.
Lamentablemente en México carecemos de esa educación y por más “cupones” que aparezcan, el grueso de los consumidores somos incapaces de buscar los descuentos y lo peor del caso, muchos de los entrevistados con este tema aseguran darles vergüenza porque temen que los empleados les nieguen la oferta o descuento.
Otros entrevistados, menores de 25 años se limitaron a contestar ‘¡Que oso! ¿no?… andar pidiendo descuentos como si no tuvieras para comprarlo. Total si no tienes, punto. No lo compres. No pasa nada’
Otros, los menos, buscan que aunque sea con ‘puntos’ aprovechan. Ayer una cliente de una tienda ‘del aprecio’, formada en la fila de las pocas cajas abiertas de esas tiendas, al llegar con el joven cajero y pedir éste la tarjeta de puntos –llevaba loza de cristal que iba a pagar con esos puntos- obtuvo como respuesta que esa tarjeta estaba vencida, aunque no aparece fecha de caducidad. Por consecuencia no se podía hacer esa transacción y la mandaron a un módulo interno, donde se hacen movimientos bancarios.
Al preguntar sobre el canje de la tarjeta de puntos, la empleada le dijo que necesitaba la credencial de elector, número telefónico y dos números más como referencias y señaló la nueva tarjeta, que ahora era de débito.
La clienta de esa tienda pareció no entender lo que la empleada le explicaba y tratando de aclarar el tema preguntó que si eso se relacionaba con alguna cuenta bancaria y la respuesta fue un sí.
En otras palabras, las tarjetas de puntos de la tienda comercial, cuyo domicilio fiscal es en la vecina Monterrey, ahora ‘obliga’ a los clientes a que también lo sean de un banco, con el gancho de los puntos.
Esto me obliga a reflexionar que los gringos, también cuando se ven ‘agredidos’ en sus derechos, de inmediato recurren a la autoridad y la mayor de las veces ganan un pleito de esta naturaleza.
Quienes hemos ido a los EU, sabemos que si resbalamos en un piso mojado, los encargados del establecimiento de inmediato nos proporcionan auxilio, inclusive médico y si es necesario el hospitalario, porque las sanciones son muy estrictas.
Y ya que andamos por los comercios le comento que como imagen es buena la de exhibir un número tan abundante de cajas dispuestas para atender al público, pero ¿De qué sirve que el cliente vea hasta 28 cajas y solo hay disponibles 5 cajeras? Con las consabidas filas extra largas. Esto no es característico de una sola tienda, sucede en muchos establecimientos comerciales como bancos, tiendas de autoservicio, módulos de telefonía celular o regular, etc., etc.
No culpo a ninguna autoridad, ni siquiera a LA PROFECO, más bien somos los consumidores quienes debemos tener una cultura diferente, la exigencia. Si somos incapaces de exigir lo que nos corresponde ¿cómo estamos educando a nuestros hijos?
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