Hugo Reyna/EnLíneaDIRECTA
Reynosa, Tamaulipas.- A unas cuadras de la Catedral de Guadalajara se encuentra la vieja casona que durante muchos años ocupara el matrimonio formado por Don Jesús Flores y Ana González de Flores, el caseron se alza orgullo aun en la epoca actual, y no parecer tomar en cuenta los siglos que ha visto transcurrir.
La casona es conocida actualmente como “La Casa de los Perros” aunque hoy en día alberga el Museo del Periodismo y las Artes Graficas, como fue el destino que le dio la ciudad al comprarla en la decada de los 90 y abrir ese espacio cultural a partir de 1994, pues precisamente en sus instalaciones en tiempos pos-coloniales se instaló la primera impresa de la ciudad y en ella se imprimieron los periodicos “El Telegrafo de Guadalajara” y “El Despertador Americano”.
Su nombre relaciona inevitablemente la construcción hecha con toques y detalles neoclasicas e influencia de los castillos europeos, su fachada de cantera y sus dos niveles se alzan con señorio en la ciudad moderna, desde lo mas alto en las murallas de piedra en ambos costados cardinales se encuentran dos estatuas de piedra de dos perros de la raza “pointer” o “beagle” que son responsables de la particular forma como es identificada la vieja mansión.
Con el paso del tiempo se realizaron adecuaciones y cambios, pero se mantuvo el concepto original de la construccion, de acuerdo a la layenda que dio paso a la celebridad de la casa de los perros, se atribuye al presunto pacto que habría de trascender despues de la muerte del matrimonio de Don Jesús y Doña Ana, a su regreso de un viaje por Europa enfrentaron un percance en el barco en el cual viajaban y casi al punto de encallar en el oceano, ante el miedo de morir, la pareja se hizo un mutuo juramento aquel que falleciera primero cada año rezaría un novenario en memoria.
Afortunadamente ninguno de ellos murio en el presunto naufragio y con el tiempo fue Don Jesus el primero en morir, su viuda Doña Ana lo sepultó en el mausoleo del Panteon de Mezquitan ubicado en el municipio de Zapopan.
El misterio ronda en el hecho de que se dice que Don Jesús y Doña Ana- que despues también murió-amasaron una gran fortuna, por lo que al incumplir ambos el pacto hecho de rezarse mutuamente a su muerte, nadie heredó sus bienes ni tampoco fueron reclamados.
Aunque rondó despues la historia de que aquel que fuera capaz de rezar un novenario en el sepulcro de Don Jesús y no atemorizarse ante nada ni nadie, estaría en condiciones de reclamar la cuantiosa herencia del rico fallecido.
Se dice que algunos intentaron emprender la hazaña de vencer el reto hecho por Don Jesús Flores, pero por circunstancias extrañas nadie ha podido cumplir el novenario frente a su tumba, se dice que al poco tiempo de iniciarlo salen huyendo despavoridos y sin razon del panteon de Mezquitan.
La leyenda sigue vigente como parte del foclor de Guadalajara, la vivienda sigue en pie como los perros que vigilan el caseron, como recuerdo de sus antiguos amos y dueños de la misma que han partido fisicamente, pero que según se cuenta siguen ocupando la casa de los perros.


