Recuerdan a sus muertos con música, comida y flores

-Panteones: rencuentro pereene

Benny Cruz Zapata/EnLíneaDIRECTA

Victoria, Tamaulipas.-Hoy como ayer, y ayer como siempre,los camposantos han sido testigos de un rencuentro pereene con sus seres queridos, a quienes lo mismo les vinieron a platicar las penas de los vivos, que a compartirles la comida que les gustaba en vida, así como a cantarles sus canciones favoritas.

Las estampas vivientes que se han visto desde inicio de semana en los también llamados camposantos son una muestra de que el amor nunca muere,y que mientras los que se adelantaron en el camino sin retorno sigan en la memoria de sus seres queridos, seguiran vivos.

Los panteones no solo son sinónimo de tristeza y de dolor sino también testigos silenciosos de un rencuentro con los seres queridos que ya no están físicamente, de ello da cuenta don Gerardo Torres Sánchez, encargado del Panteón de la Cruz:

-Hoy, como siempre, la gente viene a estar con sus difuntitos, a platicarles y hasta a comer con ellos; a uno le toca ver de todo, desde la madre abatida por la pena, hasta la esposa resignada o el padre recordando a los hijos que contra natura se le adelantaron en el camino; hay tristeza y añoranza.

Opina que aun cuando la mayoría de las tumbas reciben la visita de familiares, también hay otras que solo los fueron a dejar y jamás regresaron:

-Así como hay mucha gente que siempre se acuerda y viene a estar con sus muertos, también hay casos en donde las tumbas ya ni la cruz tienen, están llenas de monte, ojala que estos cristianos reciban aunque sea de otras manos una florecita.

La llamada celebración del Día de Muertos, inicia este primero de noviembre, en donde, de acuerdo a la tradición, existe la creencia de que los difuntos niños llegaron a las 12:00 horas del 31 de octubre y se van a la misma hora de este 1 de noviembre, hay quien sugiere que se debe ofrecer una estancia grata, a los pequeños, montándoles sus altares en blanco, así como flores, dulces, golosinas e incluso juguetes que eran de su preferencia.

De ellos sabe muy bien doña Rosa María Pérez Zuñiga, quien con la esperanza puesta en que su pequeño Damián venga a visitarla, por los días que los difuntitos vienen al mundo a estar con sus seres queridos, igual que todos los días primeros de noviembre desde hace 10 años, se ha encargado de comprar flores blancas, las galletas de chocolate que tanto le gustaban a su hijo, así como un frasco con mermelada, sin faltar las veladoras, desde sus tristeza comparte:

“No hay nada peor que perder a un hijo, es un dolor que agarra el alma y jamás la suelta, mi muchachito murió a los ocho años de edad y hoy como siempre me acompaña, este día es especial porque sé que desde donde esta le dan permiso de venir, con decirle que hay años que he sentido su presencia, su olor…no hay consuelo para una madre que pierde un hijo, de esos golpes no se repone una, mi hijo murió de leucemia y aun me sigo preguntando y preguntándole a Dios ¿Por qué a él?

Las lágrimas le detienen las palabras, poniendo en evidencia su pesar:

“Mi niño ya tuviera 18 años, siempre me lo imagino y trato de ver su cara en mis otros tres hijos, pero aunque los amo con el alma, cada uno tiene su lugar, y el de Damián sigue siendo de él”.

Recorrer los pasillos del cementerio es ir al encuentro con la añoranza, de la que da cuenta al ser entrevistada en el panteón de la Cruz, María Pura Ramos, quien junto con sus tres hijas ha venido a visitar a Don Manuel Vicencio, ellas tienen la seguridad que él siempre las acompaña y en espíritu está presente:

-Ya son 11 años de su partida y como si fuera ayer lo recordamos, fue un buen marido y excelente padre, nos sigue haciendo mucha falta, y jamás nos vamos a acostumbrar a que ya no está, para uno de mujer, perder al marido es como quedarse incompleta, para mí la pena no pasa, igual veo a mis hijas.

Sustenta que independientemente de que se sabe que lo único que se tiene seguro desde que se nace es la muerte, a esta nadie nos prepara:

“La muerte de un ser querido siempre nos dejara una ausencia dolorosa, no importa que sea por enfermedad, por accidente, el dolor es el mismo, se tiene que seguir viviendo pero ya nada es igual”.

En este mismo sentido Miguel Angel de León, quien es hijo único de quien en vida llevara su mismo nombre, exhorta a la gente a no olvidar a sus muertos:

-Ellos siguen estando vivos mientras no los olvidemos, yo fui hijo único y mis hijas, mi mujer venimos cada y que podemos a darle una vuelta a mi padre, porque tengo la certeza que desde donde está el nos acompaña y nos da sus bendiciones.