– Pensionados, lavacoches y subempleados, se sienten marginados
Gastón Monge/EnLíneaDIRECTA
Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Por su condición de adulto mayor, Rolando Salas Laurel, un ex ferrocarrilero de 66 años de edad, tiene que vivir con una pensión mensual de dos mil pesos, debido a que nadie le da trabajo a pesar de que tener buena salud y deseos de emplearse en algún oficio.
Rolando fue obligado a jubilarse debido a que la extinta Ferronales pasó a manos privadas, pero desde entonces nadie le da trabajo, por lo que se dedica a apoyar a unos 65 jubilados y pensionados del Imss que viven bajo similares condiciones de desigualdad social y marginación laboral.
“A los adultos como yo ya nos ven feo. Incluso nuestros hijos solo nos visitan cuando quieren que les cuidemos a los nietos”, replica Rolando, un hombre corpulento pese a su edad, quien utiliza una vieja bicicleta como medio de transporte que lo traslada en lo que llama ‘unas chambitas’ que le dejan como ingreso extra, entre 200 y 300 pesos ocasionalmente.
Es dirigente de la Unión de Pensionados y Jubilados del Imss, y aunque no recibe pago alguno, le gusta ayudar a sus compañeros, aunque refiere que debido a que el 80% de ellos tiene alguna enfermedad que les impide caminar, casi nunca asisten a las juntas.
Algunos tienen aún dificultades para cobrar sus pensiones, y en el instituto les piden que deben trabajar cuando menos un año para tener ese derecho, “¿pero dónde nos van a dar trabajo si ya somos viejos?”, replica.
Dice que tiene habilidad para trabajar en madera, por lo que de madera vieja que le regalan, construye casas para perros que vende a precios módicos, para subsistir y estirar un poco más su raquítica pensión.
“Con las extras ya puedo pagar la luz, porque con la pensión no podemos hacer nada. Nos dicen que somos unos ‘pampers’, porque nos usan y luego nos desechan”, dice en tono de tristeza al saber que dio gran parte de su vida al trabajo productivo, algo que hoy nadie le reconoce.
De ‘mojado’ a franelero
El caso de Refugio Gómez, un hombre igual de corpulento que Rolando y con la misma edad, no es menos patético, ya que desde hace 7 años trabaja como franelero en una de las avenidas más importantes de la ciudad, acomodando y lavando carros.
“No sé si sea discriminación porque ya no nos sacan producto, pero sabemos que no es cierto porque hay gente que no sabe lo que sabemos hacer, ya que tengo experiencia en soldadura, construcción y otras cosas que hago muy bien”; explica.
Refugio trabajó por varios años como indocumentado en Estados Unidos, en donde le iba muy bien, pero lo deportaron y ahora tiene que trabajar de franelero, oficio que hace como cualquier trabajo, ya que desde las 8 de la mañana inicia y termina a las tres de la tarde.
“Y es que nos ven todo canosos, y ya no nos dan trabajo, por lo que prefiero no batallar al ir a buscar trabajo, y me ocupo de esto”, dice mientras alza orgulloso la franela que le da el sustento diario.
“Yo me cuido y me siento muy fuerte todavía”, sostiene al señalar que sus patrones son la gente que le da dinero por cuidar sus autos o por lavarlos.
Tanto Rolando como Refugio forman parte de los 7 millones de adultos mayores de 60 años que viven casi en la miseria, con pensiones muy bajas o subempleados, y del 6% de personas con 60 años y más, que habitan en Tamaulipas.


