Muchos de nosotros optamos por conseguir música, videos, fotografías o textos en forma gratuita, sin pensar en que, independientemente que son obras universales, a alguien le costó trabajo hacerlas, plasmarlas y de eso viven muchas personas. La industria del arte es inmensa en el mundo y da de comer a millones de personas en el orbe, por lo que, cualquier agresión a sus ingresos y forma de subsistencia es una agresión a una buena parte de la humanidad.
En ese sentido, la palabra “pirata” toma una connotación distinta a la que concebimos cuando niños: hace algunos calendarios no había más pirata que Morgan o el Capitán Garfio, aquel que afanosa e inútilmente buscaba a Peter Pan para vengar el que se hubiera quedado sin mano y utilizara un garfio. Otros piratas han aparecido en la historia, como los delincuentes de Somalia y otros países que zurcan los mares secuestrando, robando, matando, como otros tantos delincuentes en el mundo.
El término nos ocupa con un significado distinto: decía David en una ocasión: “imagina que tomas un foto única, la subes a una página y alguien la copia y la imprime para exhibirla en casa…¿cómo te caería?” Fue cuando decidí no comprar mas música pirata, es decir, sin el pago correspondiente de los derechos de autor, al igual que películas y obras literarias. Pagar por lo que se tiene es lo más justo. No concebimos no pagar porque seríamos como aquellos delincuentes que toman lo que no es suyo para hacerlo propio, y de los que la impunidad ha hecho que proliferen en nuestros días… y nuestras calles.
2 de cada cien piezas musicales en España son legales, contra las 98 que se bajan por Internet y otras opciones sin el pago correspondiente, lo que implica una pérdida aproximada de 2 mil 746 millones 400 mil euros; en el caso de las películas, un 73.9 por ciento es ilegal, y supone una pérdida de mil 401 millones 600 mil euros. En cuanto a video juegos, 61.7 por ciento hace que se pierdan 288 millones 200 mil euros y, finalmente, en libros digitales, 793 millones 200 mil euros significan el 49.3 de las obras que se roban a través de la red. Esa es la realidad de lo que ocasiona la piratería en el país ibérico; hay que imaginar lo que cuesta en el mundo entero.
La piratería costó en el primer semestre de 2011 a España 5 mil 229 millones 400 mil euros, pérdida que se transfiere a casas impresoras y productoras, autores, agentes y todas esas personas que viven de este tipo de actividades. Nada justo, sin lugar a dudas.
Y todavía nos quejamos de la ilegalidad de los gobiernos o de que se hacen las cosas inadecuadamente, pero seguimos bajando música “gratis” o películas sin coste. Entendamos de una vez por todas que todo tiene un coste, y en ocasiones es demasiado elevado, porque la gente que está involucrada en estas industrias no gana y no lleva pan a su casa. Así de claro y sencillo.
Motivados por la Coalición de Creadores e industrias de contenidos, se presentó el llamado Observatorio de Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales que arrojó los datos espeluznantes que presentamos; hoy, estos significan crisis en una industria o serie de industrias que nos hacen pasar la vida más fácil y olvidar el gran coste que significa para la sociedad.
Nada sale sin coste, lo tenemos más que cierto.
¿Qué se puede hacer? Muchos países tratan de legislar sobre el uso de la Internet pero no es nada fácil porque no hay fronteras ni límites: igualmente se puede estar manejando información de Libia en un servidor de China, o podemos tener datos de España en un servidor mexicano, lo que dificulta la aplicación de una legislación justa: cada nación tiene sus parámetros para medir la justicia y muchas veces chocan unas ideas con otras, lo que convierte lo anterior en un insalvable problema que se complica cada día más.
Autoridades y afectados tratan de hacer algo para evitar la piratería, sin embargo, hoy por hoy es difícil pensar en una solución definitiva. Tendríamos que hacer, primeramente, gala de ética y principios de equidad para respetar el trabajo de los demás y pagar por él.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!